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ENTREGA DE LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

Günter Grass pide que la literatura sirva para dar la palabra a los perdedores

El astronauta John Glenn destaca que la cooperación marca hoy la carrera espacial

"La literatura vive de las crisis, florece entre los escombros y su función es profanar cadáveres". Gunter Grass volvió a fijar ayer su mirada en las víctimas de la historia, "en todos aquellos que no hacen la historia" pero a los que la historia "les ocurre". Su discurso en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 1999 fue contestado con una larguísima ovación en el teatro Campoamor de Oviedo. El Nobel de Literatura fue portavoz de los premiados; entre ellos, el astronauta John Glenn, la tenista Steffi Graff y el arquitecto Santiago Calatrava. A todos, y uno por uno, el príncipe de Asturias dedicó su discurso, en el que destacó la importancia de los derechos de la mujer.

"Los testimonios presenciales de la literatura dan la palabra a los perdedores: a todos aquellos que no hacen la historia, pero a los que inevitablemente la historia les ocurre, porque su dictado los convierte en culpables o víctimas, simpatizantes o perseguidos". Así resumió ayer Günter Grass las relaciones entre historia y literatura, que fueron el eje de su discurso en Oviedo, pronunciado en nombre de todos los galardonados con los Premios Príncipe de Asturias 1999, dotados con cinco millones de pesetas y una escultura de Miró. El parlamento del escritor alemán se llenó de recuerdos y citas de escritores y artistas españoles o que habían vivido en España. De este modo, desfilaron por sus palabras Cervantes, Max Aub, Goya, Picasso o George Orwell y su Homenaje a Cataluña, que sirvió al intelectual germano para comprender muchos aspectos de la guerra civil española.En una intervención que fue largamente aplaudida por los más de mil invitados que llenaban en la tarde de ayer el decimonónico teatro Campoamor de Oviedo, Grass reflexionó sobre la literatura al decir que "vive de las crisis, florece entre los escombros y su función es profanar cadáveres". "Por un precio o por nada", añadió, "vela a los difuntos y cuenta a los supervivientes, siempre de nuevo, las viejas historias". Tras definir la profesión de escritor como un oficio pasado de moda y describir su forma de trabajar, escribiendo a mano y mecanografiando en una vieja máquina, Günter Grass reclamó el libro como un objeto subversivo. Al mismo tiempo, el escritor alemán mostró su confianza en el futuro del libro en medio de un mundo cada día más tecnificado. "No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee". No dudó el intelectual germano al concluir su discurso con esta sentencia: "Será el libro el que tenga siempre la última palabra, aunque sólo sea en forma de octavilla".

Grass comentó en la mañana de ayer, en una conferencia de prensa, que la señal para la concesión del Nobel de Literatura había partido de Asturias. El autor de El tambor de hojalata volvió a recordar sus compromisos con la defensa de una Europa abierta y tolerante, con los derechos de las minorías y con la necesidad de recordar los horrores de la historia como terapia para no repetirlos. Günter Grass, que hoy presenta en Madrid su última novela, Mi siglo (Alfaguara) -a las doce y media de la mañana, en el Círculo de Bellas Artes, acompañado por su traductor, Miguel Sáenz; el periodista Iñaki Gabilondo y los actores Carlos Hipólito y Josep Maria Flotats-, se negó a definir El tambor de hojalata como su mejor novela y comentó que, a su juicio, otras, como El rodaballo, Es cuento largo o la ya citada, podían situarse a idéntica altura.

Junto con Günter Grass, recién galardonado también con el Nobel de Literatura 1999, tomó la palabra en nombre de los premiados el astronauta estadounidense John Glenn, uno de los primeros hombres que fueron lanzados al espacio. Desde las largas décadas de experiencia en la carrera espacial, Glenn resaltó que "en nuestro tiempo hemos tenido el privilegio de poder aventurarnos en el espacio y de utilizarlo como nuevo laboratorio". "En el espacio", agregó, "afortunadamente, la confrontación ha dado paso a la cooperación".

Aplausos para Glenn

Glenn habló en nombre de los cuatro astronautas que participaron en el experimento del Discovery, lanzado el año pasado desde Cabo Cañaveral. Los otros tres astronautas distinguidos fueron el ruso Valeri Poliakov, la japonesa Chiaki Mukai y el español Pedro Duque, que no sólo ha sido el primer astronauta español, sino que en la citada misión representaba a todos los Estados miembros de la Agencia Espacial Europea. Las palabras de Glenn fueron acogidas con aplausos especialmente cálidos, ya que se refirió a que los días de la guerra fría han pasado a la historia y de esta forma el espacio se ha convertido en un ejemplo de cooperación internacional beneficiosa para todos los países.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de octubre de 1999