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Un equipo español entra en la carrera

Un grupo de científicos españoles reunidos por el Museo de Ciencias Naturales de Álava está elaborando un proyecto, llamado Ámbar 2000, que entre otros objetivos se ha propuesto verificar las tesis de George Poinar y otros expertos sobre la posibilidad de extraer e identificar el ADN de los organismos fósiles. Han entrado de lleno en esta competición científica y para ello emplearán como material de trabajo insectos encontrados dentro del yacimiento de ámbar en Peñacerrada (Álava), perteneciente al Cretácico inferior, con una edad de unos cien millones de años.

El proyecto, aparte de clasificar decenas de animales y plantas cuya existencia se desconocía, tiene dos vertientes. Por un lado, el equipo investigador pretende obtener ADN de un insecto considerado la antecesora de las actuales moscas del vinagre (Drosophila). Por otro lado, se tratará de hallar dentro del ámbar gases del Cretácico que permitan conocer la paleoatmósfera. Los dos trabajos forman parte de un todo, para obtener información de una incógnita actual: cómo opera la evolución de las especies, cuáles son sus ritmos, sus mecanismos...

El trabajo del ADN fósil se basará en diseccionar un ejemplar de antigua Drosophila para tratar de extraer su código genético. Para ello, se repartirán esfuerzos con laboratorios de otros tres países. Es una tarea hasta ahora imposible porque el ADN fósil aparece muy fragmentado, tanto que resulta imposible descifrar. Los científicos españoles proponen tecnologías de reciente aplicación.

Hasta el momento, todos los experimentos han girado sobre el método de PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa). "Ahora hay nuevas técnicas que lo mejoran, como el LCR [Reacción en Cadena de la Ligasa]. Es una enzima más selectiva, utilizada para extraer el ADN actual", explica el físico madrileño Rubén Cerdán, uno de los principales impulsores del proyecto. Ambas técnicas se pueden complementar.

Con todo, el ADN seguirá apareciendo muy fragmentado, según anticipa el equipo investigador, de modo que aplicarán más métodos de biología evolutiva. Por una parte, el llamado paseo por el genoma, es decir, comparar el gen supuestamente prehistórico -y por tanto desconocido- con los de sus parientes actuales. "Este mapeo se realiza con algoritmos matemáticos muy complicados en un ordenador", añade Cerdán. Este lento proceso se completa con otra técnica informática, la estadística de multipunto.

Atmósfera

En cuanto a la búsqueda de paleoatmósfera, existen opiniones divergentes entre la comunidad científica sobre la posibilidad de que perdure aire del Cretácico en el ámbar. Unos mantienen la teoría de que está contaminado por gases actuales. Otros, como el equipo español, intuyen que podrá obtener aire de hace cien millones de años. En este caso, el museo alavés colaborará con laboratorios de Estados Unidos y Noruega.Ante la casi seguridad de que no se haya conservado oxígeno, pero sí los otros gases de la atmósfera: nitrógeno, dióxido de carbono (CO2) y gases nobles (argón, neón y xenón), de ese modo se podría conocer la composición del aire por deducción.

Para su trabajo, Cerdán introducirá novedades metodológicas, aplicando la química para analizar esos otros gases y, por otro lado, tratando de comprobar la permeabilidad del ámbar. "Inyectaremos xenón dentro de la resina. Para ver si se difunde se utiliza la tomografía por emisión de fotón único (SPECT), una técnica novedosa y cara que se usa en algunos hospitales para saber a qué órganos afecta un fármaco. Si de los gases inyectados hay algunos que quedan encerrados en el ámbar significaría un gran indicio de que hay paleoatmósfera", aclaran. Los científicos afirman que existen medios en España para desarrollar el proyecto, pero han invitado a laboratorios extranjeros para ganar tiempo.

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