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Los efectos de la alergia a los ácaros empeoran con el gas de la cocina o la calefacción

Las emisiones de una hornilla reducen la función respiratoria de un alérgico

Arturo Fernández ya no sabía qué más hacer para combatir su alergia. Se había sometido a todos los tratamientos, para aliviar sus vías respiratorias, siempre irritadas. Conocía, por una prueba médica, que el polen, los pelos de gato y los ácaros, minúsculos arácnidos que viven en el polvo hogareño, eran los que desencadenaban sus ataques de estornudos, picor de garganta y goteo nasal. Para protegerse se vacunó contra los ácaros, regaló su gato y se acostumbró a mantener las ventanas cerradas para aislarse del polen que flotaba en el exterior. Cumplió con todos los requisitos elementales de un buen paciente alérgico. A pesar de todo ello, la alergia continuaba, acosándolo sin tregua.Lo que no sabía Arturo era que el foco de su irritación se encontraba en las emisiones del gas de la cocina y el calentador a gas. Aunque ya se sospechaba que el dióxido de nitrógeno (NOx), principal componente de las emisiones, inhalado por un alérgico o asmático exacerbaba su irritación pulmonar, ahora, por vez primera, un equipo de médicos ha medido este efecto nocivo, confirmando que bastan las emisiones de una hornilla a gas para reducir la función respiratoria del alérgico, según ha publicado la revista The Lancet en su último número de 1994.

En el ensayo realizado por científicos del Chest Research Institute de Birmingham (Reino Unido), se determina en qué medida el NOx refuerza la reacción alérgica a factores como los ácaros. Conociendo que las concentraciones de NO en un hogar con quemadores de gas son tres veces superiores a las de otro que utiliza electricidad, los investigadores, dirigidos por el doctor John Ayres, hicieron inhalar ese gas a ocho voluntarios en concentraciones iguales a las que emite una hornilla durante una hora. Luego midieron la sensibilidad a los ácaros y vieron que respiraban mucho peor que los que habían respirado aire limpio.

"La inhalación de este gas puede estimular la irritabilidad de los bronquios, causando fatiga o una crisis asmática", confirma Ángel García Cubero, jefe de la sección de alergia de la clínica Puerta de Hierro, de Madrid. Incluso, añade el alergólogo, "Puede desencadenar fatiga y ruido en el pecho en" personas sanas, pues, para los pulmones, vivir en un espacio viciado por NOx "es como estar en un ambiente saturado de humo.

Este problema tiene difícil solución, según manifiesta García Cubero. Cada alérgeno actúa sobre el sistema inmune, provocando la aparición de anticuerpos, las inmunoglobulinas. Pero el NOx no genera inmunoglobulina específica, lo cual anula todo intento de anular sus efectos con una vacuna.

"Unas posibles alternativas serían llevar un control preciso de las emisiones domésticas o abrir las ventanas para que entre aire de la calle, lo que conllevaría el riesgo de que entren, además del polen, las emisiones de NOx del tráfico", advierte el especialista.

Criaturas del polvo

Los ácaros constituyen uno de los alérgenos a los que más expuestas se hallan las personas adultas, que pasan el 40% de su tiempo en casa. De aquí el interés por las técnicas de biología molecular para identificar y cuantificar las especies presentes en el polvo, cuyas poblaciones varían hasta 1.000 veces de un hogar a otro.Mediante anticuerpos monoclonales específicos para cada especie, se pueden detectar en una muestra de polvo hasta las heces de los ácaros, invisibles al microscopio. De este modo, "se obtienen los niveles de exposición que tiene un paciente en su vivienda", explica Adolfo Galán, de Alergia Abelló, laboratorio que ha diseñado un test capaz de medir si los ácaros en un gramo de polvo superan la centena, umbral suficiente para agravar el asma.

Conociendo este indicador, el alérgico puede tomar medidas, como vacunarse, así como limitar la presencia de ácaros quitando la tapicería donde se concentran o mejorando la calidad del aire con purificadores", indica Galán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de enero de 1995

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