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jueves, 13 de agosto de 1992

La cárcel de cinco estrellas de Pablo Escobar

El presidente colombiano conocía desde enero el lujo de la prisión del famoso 'narco'

cárcel de Envigado 13 AGO 1992

No es una cárcel común y corriente: no tiene rejas, ni celdas, ni áreas restringidas. Tiene, eso sí, jakuzzi, gimnasios con los equipos más modernos, aire acondicionado y casa de muñecas. Así es el penal de alta seguridad de Envigado, cerca de Medellín, donde el narcotraficante más peligroso de los últimos tiempos, Pablo Escobar, pasó un año de reclusión junto a 14 de sus hombres. Irónicamente, un aviso pegado en la ventana de la garita de entrada dice: "Cualquier irregularidad debe ser informada a la Inspección General de Prisiones".

Las puertas del penal se acaban de abrir para los periodistas. En lugar de celdas lo que hay son amplios apartamentos. El más cómodo es el del jefe, con dos espacios muy hermosos: uno, para la sala-cocina, y otro, para el cuarto-oficina.En la biblioteca quedan las carpetas del archivo personal de Pablo Escobar, con temas como éstos: "Periodistas por responder", "Extradición", "Propuesta libro". Aunque los otros apartamentos, incluido el de su hermano Roberto, tienen también dos habitaciones, además de baño y guardarropa, el de Pablo Escobar dispone de algo que lo distingue: dos gigantescos ventanales.

Para poder controlarlo todo, Escobar tenía un telescopio ubicado en una especie de terraza frente a su apartamento. El telescopio es de tanta potencia que a través de él se pueden distinguir hasta las avenidas de Medellín.

"Qué vergüenza, qué vergüenza", repite varias veces, como hablando para sí mismo, el fiscal adjunto José Sintura. Sintura acompaña en su visita a la cárcel al grupo de periodistas que cubren información para medios españoles. "¿No cree que la legalización de las drogas es el único camino para acabar con el narcotráfico y la corrupción que éste genera?", le pregunta EL PAÍS. Sintura responde: "La solución no es hacer el mal; el único camino es el fortalecimiento del Estado de derecho".

Cancha de fútbol

Luego emprende el camino por la empinada loma -pasando por una cancha de fútbol iluminada- para llegar a las cabañas camufladas en medio del bosque de pinos. Antes de entrar a la primera dice en voz baja: "Les invitamos a esta visita para que entiendan que en Colombia no hará carrera ni la corrupción, ni la irresponsabilidad, ni la incompetencia".

Las cabañas, construidas en fina madera, tienen el aspecto de casas de recreo. Allí están los electrodomésticos más grandes: televisores de todas las pulgadas, neveras con surtidor de agua caliente y fría. Están perfectamente camufladas en medio de los árboles. Desde afuera sólo se ve una de ellas, y hay seis. También camuflado hay un bunker. Sus paredes tienen más de 80 centímetros de espesor. Allí hay escondites para armamento y salidas de emergencia. Sin terminar queda también un refugio antiaéreo.

La decoración de la cárcel y las cabañas revela lo que siempre se ha dicho: que Pablo Escobar adora a los animales, y que rinde culto al humor y a la religión. En su cuarto sobresalen fotos de sus animales preferidos, así como fotos de él y de su hermano Roberto vestidos de pistoleros mexicanos y de gángsteres. Al lado del bar de su cuarto está enmarcado el cartel de Se busca que repartió la policía en la época de la narcoguerra. También en el cuarto quedan amontonados los libros, forrados en cuero, que recogen la vida del famoso narcotraficante en caricaturas. Éste pensaba regalarlos a 1.000 de sus amigos para celebrar su primer año en prisión.

La religiosidad del criminal más peligroso de Colombia es evidente: un mosaico de la Virgen de las Mercedes -patrona de los presos- está en la cabecera de su cama. En medio de un salón-comedor donde hay billares, ruleta para jugar al póquer y cinco motocicletas, los reos improvisaron un pequeño altar adornado con cuatro imágenes de la Virgen del Carmen y dos del Divino Niño.

Enmarcada y colgada de una pared está la oración al Justo Juez: "Permitid Señor que mis enemigos tengan ojos y no me vean; tengan manos y no me agarren; tengan pies y no me sigan. Permitid que mi valor me haga un san Juan o un san Pablo, y que por mis hazañas vaya libre adonde quiera que vaya". Esta oración parece ser la que ampara a Pablo Escobar en momentos como el actual, cuando todos lo persiguen y nadie lo encuentra.

Biblia abandonada

"Dios promete que los cautivos volverán", dice el versículo 30 del libro del profeta Jeremías. Curiosamente, en esa página queda abierta la Biblia abandonada sobre el altar desde el 22 de julio pasado, cuando nueve reos, encabezados por Pablo Escobar, se esfumaron entre 500 soldados que tenían por misión vigilar su traslado desde el lujoso penal.

Pero más sorprendente todavía que las comodidades de las que gozaba Escobar en su detención dorada es que el propio presidente colombiano, César Gaviria, estuviera al tanto de ellas desde medio año antes. En un comunicado difundido el lunes pasado por la presidencia, se reconoce que Gaviria recibió en enero pasado de manos del procurador general de la nación más de 120 fotos sobre las comodidades de la cárcel de Escobar. Según el texto, el jefe de Estado pidió entonces que se adoptaran Ios correctivos pertinentes".

Unos correctivos que, por lo visto, no impidieron la fuga del narco. Para ponerlo otra vez entre rejas, el Gobierno colombiano ha ofrecido, en unos anuncios que publicaron ayer los periódicos nacionales, una recompensa de casi 140 millones de pesetas a quienes den información útil para su captura, Escobar, mientras tanto, sigue en paradero desconocido, lejos de los lujos de Envigado.

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