Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un libro acusa a Sartre y Beauvoir de pasividad ante los nazis

Los tiempos presentes están resultando muy duros para el mito intelectual representado por Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. El último ataque contra la leyenda de la pareja que desde la parisiense rive gauche influyó en tantas conciencias del planeta, es un libro publicado por la editorial Albin Michel, obra de Gilbert Joseph. En Una ocupación tan dulce: Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, 1940-1944, Joseph denuncia con acritud la pasividad de los dos escritores en los tiempos en que los nazis reinaban en Francia.El pasado año, a raíz de la aparición en Gallimard de Cartas a Sartre y Diario de guerra, a Beauvoir ya se le reprochó en el diario Liberation un presunto trato "machista" y "mezquino" con algunas de las muchachas que fueron sus amantes.

El hundimiento del comunismo ha dado nuevos argumentos en los últimos meses a los detractores. Las simpatías de la pareja por sucesivos dictatores comunistas, son puestas en la picota a diario en los círculos y medios de comunicación liberales y conservadores de París.

Y ahora Joseph remacha el clavo al recordar que Sartre, durante la ocupación nazi, no tomó el camino de Londres, donde se había instalado el irreductible general De Gaulle, ni tampoco el de la resistencia interior, dirigida por los gaullistas y los comunistas. El escritor se quedó en París, frecuentando sin la menor mala conciencia los cafés, los bailes y los teatros. Aún más, el que años después ensalzaría la actitud rebelde de Mao y Fidel Castro Sartre llegó a escribir un artículo sobre Melville en un periódico "colaboracionista" y negoció con las autoridades de ocupación nazis la puesta en escena de Las moscas y Huis clos.

Simone de Beauvoir, por su parte, hizo una decena de colaboraciones para Radio-Vichy, la emisora del régimen del mariscal Petain, y aceptó firmar el siniestro formulario que aseguraba que ella no era ni judía ni masona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de septiembre de 1991