'El Mexicano' fue enterrado en una fosa común
Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano, jefe militar del cártel de Medellin, muerto por la policía colombiana el pasado viernes, fue enterrado el sábado por la tarde (madrugada del viernes en España) en una fosa común, sin amigos ni familiares que le llevaran flores o lloraran su muerte. Junto a él, su hijo Freddy y cinco de sus guardaespaldas. Era uno de los hombres más ricos del mundo, pero los ataúdes tuvieron que ser pagados con dinero oficial. Tenía un enorme ejército particular, pero en Sincelejo tuvieron que buscarse voluntarios para que ayudaran a cargar los ataúdes.
Fue una ceremonia rápida. En un camión se transportaron los cadáveres hasta el cementerio. Allí, se abrió una fosa y en ella fueron depositados, sin rezos ni llantos, los siete hombres. Al fondo se escuchaba la música que animaba una fiesta en un club. Pero se cumplió el deseo del segundo narcotraficante más poderoso del mundo: "Prefiero una tumba en Colombia que una celda en EE UU".El entierro se ordenó porque durante el día nadie se acercó a reclamar los cadáveres, y por el calor (en Sincelejo la tempera tura promedio es de 35 grados) los cuerpos se estaban descomponiendo. Una funeraria de Medellín, pidió a través de otra de Sincelejo que se realizarán trámites para el envío de los cadáveres a esa ciudad. Las autoridades negaron esta petición pues, según dijeron, sólo a los familiares les serían entregados los cuerpos. Ayer por la mañana, un hermano de El Mexicano y la madre de Freddy se presentaron en la alcaldía de Sincelejo, y pidieron a un juez la exhumación de los cadáveres. Al cierre de esta edición no se sabía si fue aceptada o no esta petición
Se sabe con certeza que Freddy Rodríguez fue la pista clave que llevó hacia su padre de 19 años, había salido de la cárcel hace apenas 15 días. Fue un hecho confuso del cuál ni el mismo director del penal se enteró a tiempo. La carta de libertad llegó al mediodía, hora en que está prohibida la excarcelación; aún así, Freddy salió.
El jueves pasado se produjo el reencuentro de padre e hijo, en la caribeña ciudad de Cartagena. Al notar que los seguían, el narcotraficante y su hijo huyeron en lancha, por el mar hasta las playas de Cobeñas. Allí fue donde el viernes, en unas modestas cabañas turísticas, los encontraron de nuevo las autoridades. Se inició entonces la cinematográfica persecución que terminó con la muerte de uno de los hombres más buscados de Colombia y señalado como enemigo número uno de este país. Al lado de armas y equipos de comunicación, se encontró el libro que leía el jefe de la droga: Método para un campesino millonario.
La muerte del Intocable, como le gustaba que le llamaran, dio un gran respiro al Gobierno en un momento en que afrontaba la peor de sus crisis. El sábado, en una sesión a la que asistieron más empleados administrativos que congresistas, el presidente clausuró las sesiones ordinarias del Parlamento. Fue un acto lleno de desgana, para un período en el cual las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo llegaron al punto cero. En ánimo reconciliador, el presidente Virgilio Barco hizo un balance positivo de la labor parlamentaria e invitó, a los escasos congresistas asistentes, a tomar una copa de vino en palacio.
El problema más grave a enfrentar ahora es cómo salvar el pacto de paz con el M-19. Ayer viajaron a Santo Domingo, la ciudadela donde se encuentra acantonado este grupo guerrillero, varios funcionarios del Gobierno. Prácticamente hay que empezar de cero para llegar a nuevos acuerdos.
El M-19 ha dicho que sacrificará la circunscripción electoral que les permitiría ingresar en el Congreso, y que fue hundida junto a la reforma constitucional en el Senado, a cambio de que el Gobierno de Virgilio Barco adopte medidas drásticas para afrontar la crisis. Pidió que se convoque una asamblea constituyente y que se aplacen las elecciones de marzo y mayo del año próximo.
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