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miércoles, 20 de enero de 1988

Conmoción en Colombia por el secuestro de Andrés Pastrana

Un hecho violento conmocionó una vez más a Colombia. El lunes por la noche, Andrés Pastrana, hijo del ex presidente de la República Misael Pastrana Borrero, y aspirante socialconservador a la alcaldía de Bogotá, fue secuestrado. "Tranquilos. Somos del M-19. Lo devolveremos en dos horas. Sólo queremos entregarle un mensaje para el presidente" dijeron los autores del secuestro, que no han cumplido su promesa.

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Todo empezó a las 19.30. Diez hombres fuertemente armados pidieron en la sede política del joven dirigente y obligaron a las 40 personas que estaban allí a echarse al suelo. Dos de los supuestos guerrilleros corrieron a la oficina del candidato y lo obligaron a salir con ellos, mientras el resto pedía tranquilidad. Fue cuestión de segundos. Cuando los testigos del hecho reaccionaron, Andrés y sus secuestradores ya habían desaparecido en dos coches.La noticia causó revuelo. En unos minutos fue montado el más completo operativo militar para dar con el paradero del secuestrado. Dos horas después, al cumplirse el plazo dado por los guerrilleros para liberarlo, el operativo se desmontó. Uno de los secuestradores, en una llamada a una emisora de radio afirmó que no podían cumplir su promesa en medio de tantas medidas de seguridad. "Es una tregua respetuosa pero no cobarde", dijo el alcalde de Bogotá al anunciar el retiro de los retenes militares. Pero a pesar de esto, Andrés Pastrana no apareció y dos promesas más hechas por los guerrilleros a través de la radio fueron incumplidas.

"Es un atentado alevoso", afirmó el presidente Virgilio Barco. A él se sumaron las voces de políticos de todos los matices que expresaron también su repudio por el hecho. La sede de la candidatura del político secuestrado y la casa de sus padres se convirtieron en centros de mítines de políticos. "Es un atentado más que pretende desestabilizar el país y evitar que se realice por primera vez en Colombia la elección popular de alcaldes" opina la gran mayoría.

Y no es una opinión infundada. A medida que se acerca la fecha de la contienda electoral, fijada para el 13 de marzo, aumenta la violencia en el país. El baño de sangre ha arreciado en los 20 días que tiene este año. El primero de enero cinco militares murieron en un asalto guerrillero. Desde esa fecha, no ha pasado un día sin que se registren en el país asaltos, emboscadas y enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla. Sólo en los últimos diez días el ELN, el más violento de los grupos alzados en armas, ha realizado tantos atentados contra los oleoductos que las pérdidas de las compañías petroleras suman mil millones de dólares.

El único grupo que hasta el momento se ha pronunciado frente a las elecciones, es las FARC. Este grupo, que no ha parado de disparar en este año, el pasado día 5 anunció que decretará un cese el fuego 25 días antes de las elecciones para garantizar el debate electoral.

Pero no sólo estos hechos han turbado el orden público. En los últimos tres días fueron asesinados en la provincia del Caquetá tres dirigentes liberales, dos de ellos candidatos a alcaldías. A raíz de ello, el Partido Liberal de esta región anunció que no participará en la campaña. Esto no es nuevo. La Unión Patriótica (coalición de izquierda) ha declarado su imposibilidad de presentarse en más de 25 poblaciones por falta de garantías para la vida de sus candidatos.

Completan este cuadro de caos e incertidumbre dos grandes paros cívicos. Uno en Urabá, zona bananera de la costa Caribe, y otro en Barranca, primer puerto petrolero del país.

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