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martes, 24 de marzo de 1987

Trágico fin del basurero mexicano que llegó a diputado

Rafael Gutiérrez fue asesinado por orden de su esposa, harta de sufrir 11 años de vejaciones

El ex diputado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) e inmensamente rico rey de la basura del Distrito Federal mexicano, Rafael Gutiérrez Moreno, fue asesinado la pasada semana por orden de su esposa, quien, con el crimen, quiso poner fin a 11 años de vejaciones. Rafael Gutiérrez, Rafa, que durante 20 años fue el líder de los pepenadores (trabajadores de los basureros) y alcanzó incluso un escaño de diputado por el PRI en el sexenio del presidente José López Portillo, nació entre la basura, allí amasó su fortuna y encontró la muerte a los 54 años.

Un reportero del diario El Universal escribe que "el líder pepenador sobornaba funcionarios, corrió (expulsó) a los campesinos para edificar una residencia de cuento de hadas en dos kilómetros cuadrados de terreno, se puso brillantes en los tres dientes del frente, violaba a cuanta mujer encontró a su paso y tenía como ambición, de machista, tener 180 hijos".Fue el 14 de febrero, Día de los Enamorados, cuando Martha García, de 29 años, esposa del asesinado, con quien tenía cuatro hijos y un quinto adoptado, tomó la decisión de asesinarle. Para ello se puso de acuerdo con sus hermanos y el autor material del crimen, Juan Carlos Roque, de 26 años. Tuvo dificultades Martha para abandonar la suntuosa casa, donde vivía prácticamente como una prisionera. Su marido no la dejaba salir, ni siquiera para asistir al velatorio de uno de sus hermanos, y esto, más los abusos sexuales cometidos con una sobrina de 16 años, fue la gota que hizo rebosar el vaso. Con el pretexto de acudir al dentista, Martha salió de casa y se puso de acuerdo con Roque, a quien se le prometieron seis millones de pesos (algo más de 700.000 pesetas) por liquidar al rey de la basura. Como anticipo, Roque recibió 300.000 pesos (unas 35.000 pesetas).

En la madrugada del pasado jueves, Roque saltó la valla que rodea la mansión de Rafa y burló la vigilancia de las tres casetas de guaruras (vigilantes) que la protegían. Martha le había dado todas las indicaciones precisas. Ella dormía al lado de su marido con uno de sus hijos. Cuando se percató de la presencia del asesino en la habitación, acurrucó al niño entre sus brazos y se apartó, para permitir que tres disparos acabaran con la vida del hombre que la había tiranizado y vejado durante once años de matrimonio. Con una celeridad insólita, la policía de México descubrió todos los detalles del crimen y presentó a todos los culpables, que confesaron lo ocurrido, pero no dieron la menor muestra de arrepentimiento.

El jefe de la policía judicial del Distrito Federal, Jesús Miyazawa, no vaciló en caracterizar a la víctima como "un degenerado, mafioso y violador". Sus palabras fueron interrumpidas por un periodista que dijo en voz alta: "Fue diputado".

La viuda explicó que había ofrecido seis millones de pesos por la muerte de su esposo, "pero, si el homicida hubiese pedido mi vida por cumplir con su trabajo, también se la hubiese dado". Martha relató los horrores padecidos en su matrimonio: "Abusó de mi madre, de mi sobrina, de las mujeres de mi familia y, siempre cínico, contaba los hijos que tenía y ya iba en 56. Con él tuve cinco y quería llegar a 180".

Una vida inmunda

Según la viuda, "la vida de Rafael Gutiérrez Moreno era inmunda, y la de nosotros, su familia, se había convertido en un infierno del que sólo la muerte podía salvarnos. Soportamos sus golpes y amenazas durante muchos años, pero la promiscuidad moral nos obligó a tomar la determinación de matarle. Todos planeamos la muerte de Rafael. Las dificultades fueron muchas y constantes con los pepenadores, a quienes, bajo amenazas de muerte, de golpearlos y correrlos de los basureros, les exigía que le regalaran a sus hijas. Era un degenerado. Estaba loco y era un enfermo sexual".El ex diputado priista consiguió su fortuna a base de la venta de basura aprovechable por empresas. Controlaba a unos 5.000 pepenadores, que trabajaban para él por unos salarios de miseria en la separación de la basura que se podía vender. Los basureros de la capital mexicana son zonas prácticamente sin ley, donde impera el control de las mafias e individuos como Gutiérrez Moreno, a quien se le calculaban unos ingresos mensuales de 60 millones de pesos (unos siete millones de pesetas). Se le atribuyen cuentas bancarias y viviendas en el extranjero, residencias en los diferentes lugares turísticos de México y la propiedad de un bloque de pisos. Se le calculaba una fortuna de mil millones de pesos. Parece que consiguió influencias políticas para las concesiones de explotación de los basureros. Su liderazgo sobre los pepenadores le valió el ascenso político hasta llegar a diputado.

Entre los políticos del PRI, Gutiérrez Moreno consiguió amistades, porque era capaz de movilizar a sus pepenadores para asistir a mítines y actos como acarreados con el fin de expresar el apoyo del pueblo.

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