Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El informe de los científicos pide que Cabrera sea declarado parque nacional marítimo-terrestre

Los informes sobre el archipiélago balear de Cabrera remitidos por los expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a los responsables de este organismo piden que la zona sea declarada parque nacional marítimo-terrestre. Tras este dictamen, sobre el que se guarda total reserva hasta que sea entregado a Defensa, el Gobierno podrá ya decidir próximamente la protección de este espacio natural. El pasado mes de junio, el ministro de Defensa, Narcís Serra, declaró que había solicitado del CSIC un informe sobre el impacto de las maniobras militares en el archipiélago de Cabrera, situado a 10 kilómetros de la isla de Mallorca, con el fin de decidir el futuro de esta zona militar.

Cabrera, dicen en sus informes los científicos del CSIC, "debe ser declarado parque nacional marítimo-terrestre". Su enorme valor ecológico exige que nadie viva en este archipiélago y que las visitas al mismo estén controladas por la administración del futuro parque. Finaliza así el compás de espera que se había impuesto el Gobierno paraver qué hace con estos islotes, utilizados por los militares como blanco de tiro. Con esta recomendación los políticos tienen en sus manos la protección de estas islas, que se conservan prácticamente vírgenes.Su estado actual ha sido posible gracias a que a un capitán de un submarino alemán, en plena I Guerra Mundial, se le ocurrió acercarse a la isla de Cabrera. Los militares consideraron que la neutralidad española durante la gran guerra estaba en peligro y, como medida cautelar, decidieron expropiar y ocupar Cabrera en 1916. Debido a aquel incidente, este lugar constituye el conjunto de islas sin urbanizar más grande del Mediterráneo.

El heredero de los antiguos propietarios del archipiélago, un curioso personaje de la nobleza de Palma, sigue en pleitos con el Estado para recuperar sus posesiones, e incluso cuestiona que Cabrera sea territorio español. A su apellido le ha añadido un "de Cabrera" reivindicativo, e incluso tiene nombrado una especie de gabinete ministerial.

En la actualidad, el Ejército de Tierra y la Armada utilizan la isla como base de maniobrás y blanco de tiro con fuego real. Los ejercicios prácticos se suceden cada primavera, con el consiguiente revuelo entre los ecologistas, ya que en esa época están nidificando las importantes poblaciones de aves que habitan en las islas.

El informe del CSIC revela que el impacto del Ejército no se limita a los meses de maniobras. En la isla de Cabrera se encuentran una guarnicion permanente de unos 30 militares, una pareja de guardias civiles y un civil adscrito al Ejército. Los científicos que visitaron recientemente el archipiélago recogieron testimonios orales sobre la afición a la caza por parte de miembros de la Guardia Civil y del civil que trabaja para los militares. Esto concuerda con la frase que se le atribuye a un habitante de la isla, quien, ante las insinuaciones que se le hacían de que en Cabrera no se respetaba la veda ni la ley de especies protegidas, contestó: "Eso de la veda es algo para España".

Cartuchos de caza

Lo cierto es que los zoólogos del CSIC que recorrieron la zona encontraron cartuchos de escopetas de caza en tres de las islas del archipiélago, incluido el mirador que se encuentra en frente del único nido de águila pescadora que subsiste en Ca brera y uno de los últimos de las costas españolas.La presencia de los soldados también se hace notar en las numerosas inscripciones de "vivas"` a las sucesivas promociones y compañías que han desfilado por la isla, grabadas en las paredes de las cuevas en las que hace no muchas décadas se refugiaban las últimas focas monjes españolas, hoy extinguidas en las islas Baleares. Fruto de "un ocio incontrolado y mal entendido de los soldados" como califican en su informe los científicos del CSIC, es difícil encontrar en estas cuevas una estalactita que no esté rota. La apertura de pistas y carreteras, que han dañado el paisaje y han provocado un fuerte aumento de la erosión, junto con basuras y animales domésticos que degradan el entorno, cierra el cuadro descrito por los investigadores del CSIC.

Maniobras con fuego real

Esta situación permanente se desborda cuando se celebran maniobras. Entonces pueden llegar a concentrarse en estos islotes, que juntos apenas superan las 1.800 hectáreas de superficie, hasta 11.500 soldados, con vehículos, cañones, barcos y otros pertrechos. El impacto sobre Cabrera llega a su máxima expresión con los bombardeos con fuego real. Los miembros del CSIC encontraron restos de bombas y metralla en todos los islotes que visitaron. En 1985, el tiro real sobre el islote de Sa Conillera consistió en 58 cañonazos sobre la zona de cría de las gaviotas de Audouín, una especie que figura en el libro rojo de las especies en peligro de extinción.Estas agresiones no empañan, sin embargo, el hecho de que Cabrera se haya conservado relativamente virgen gracias a que en su día fue declarada zona militar. De no haber mediado esta circunstancia sería prácticamente imposible que este lugar, con sus 22 kilómetros de acantilados y playas vírgenes, no hubiera sido urbanizado e invadido por el turismo.

El status militar de Cabrera impide el acceso a tierra, pero no a la línea de costa. Cada vez son más los yates que fondean en las azules calas del archipiélago.

Su presencia provoca alteraciones en las colonias de aves, incremento de.basuras y, lo peor de todo, una incontrolada práctica de la pesca submarina. Por ello los científicos del CSIC reclaman que también se proteja un área de mar circundante que no sea inferior a las 4.000 hectáreas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de noviembre de 1986