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TRIBUNALES

El policía ebrio que hirió gravemente a un abogado, condenado a seis años de cárcel

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al policía nacional Francisco Vivas Castellanos a la pena de seis años de prisión y a indemnizar con 25 millones de pesetas al abogado Carlos Slepoy, que resultó gravemente herido cuando el policía en estado ebrio le disparó por la espalda.La Audiencia ha calificado los hechos como asesinato frustrado con la circunstancia atenuante de padecer el policía trastorno mental transitorio incompleto, y ha condenado al Estado como responsable civil subsidiario, es decir, que tendrá que hacer frente a la indemnización en caso de insolvencia, ya que el policía, según la sentencia, actuaba en el ejercicio de su cargo y estaba de servicio cuando ocurrieron los hechos.

Los hechos, según la sentencia, ocurrieron de la siguiente forma. El día 17 de enero de 1982 Francisco Vivas, policía nacional que prestaba sus servicios en la sede del Partido Comunista, durante todo el día realizó numerosas consumiciones de bebidas alcohólicas. Por la tarde, al pasar por la Plaza de Olavide, sobre las 20.15 horas, creyó que un grupo de muchachos le insultaba y se dirigió hacia ellos pidiéndoles fuego y originando seguidamente un altercado al propinar sin motivo aparente un puñetazo a uno de ellos, al tiempo que les obligaba a que les enseñara las manos, lo que llevaban en los bolsillos.

Esta situación fue presentada por el abogado, que se acercó al grupo al ver que los chicos pedían ayuda y consiguió que la tensión cesara y los jóvenes pudieran marcharse. El policía pidió al abogado que se idientificara y como no tenía documentación le dijo que le acompañara a comisaría, a lo que no opuso resistencia. El abogado iba unos pasos por delante y cuando habían recorrido unos diez metros el policía disparó a quemarropa y por la espalda un tiro que alcanzó a la víctima en la región lumbar. El abogado cayó al suelo y el policía mientras tanto permaneció en actitud violenta y amenazadora, empuñando su arma e impidiendo a la gente que se acercara, al tiempo que gritaba: "Te he perdido y me he perdido" y pedía una ambulancia. Un inspector de policía que oyó el disparo se acercó al policía y consiguió desarmarle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de julio de 1986