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La polémica del síndrome tóxico

Los abogados de las víctimas acusan al aceite desnaturalizado

En el drama del envenenamiento masivo por aceite de colza adulterado la fabulación surgió con la primera víctima. Las teorías más diversas trataban de explicar el origen de la intoxicación. EL PAIS recogió entre estas teorías la del doctor Muro, en febrero de 1983. Otro tipo de intoxicación informativa avanzaba a la sombra de la investigación por la que se procesó a 41 personas. Hace más de un año se facilitó a EL PAIS un informe que atribuía la verdadera causa del envenenamiento a un producto químico organofosforado, fabricado por una multinacional. El informe fue rechazado tras comprobarse que carecía de toda base científica y sólo aspiraba a sembrar la confusión en la opinión pública.

Abogados de la acusación particular entre los que se encuentran José María Mohedano, Ignacio Uriarte, Francisca Sauquillo y Mariano Muñoz Bouzo, que representan a la mayoría de los afectados por el envenenamiento masivo de la primavera de 1981, señalaron ayer a EL PAIS que existen argumentos concretos, reflejados en el sumario, y reiteradamente expuestos, que apoyan la tesis del aceite como vehículo de la intoxicación conocida como síndrome tóxico.Uno de estos argumentos se refiere al caso de Sevilla, provincia donde no se produjeron apenas afectados por el síndrome tóxico y que se encontraba alejada de los circuitos habituales de comerciaflzación del aceite presuntamente tóxico.

En la investigación realizada a petición de la acusación particular hace unos dos años, se estableció que los escasos afectados por el síndrome eran todos ellos trabajadores o familiares de trabajadores de la empresa ITH, donde se supone que se produjo el refino del aceite que causó la intoxicación. Estos trabajadores habían llevado a su casa aceite para su consumo.

Otros argumentos más conocidos se refieren a casos comprobados de utilización de aceite procedente de la empresa Raelca, de Alcorcón (Madrid), en matanzas de cerdo, con el resultado de intoxicación o muerte de las personas que ingirieron productos procedentes de estas matanzas.

Cuando se intenta la atribución de responsabilidad a alimentos tratados con pesticidas se puede observar en el sumario, señalaron estos abogados, que hay una falta absoluta de datos sobre fechas y comercialización que acrediten que estos productos hortícolas llegaron a las áreas donde se produjeron las víctimas.

Recuerdan también los abogados acusadores que el 99% de afectados reconoce haber tomado aceite fraudulento, y lo señalan como causa de su enfermedad y que este dato estadístico tiene mucha importancia desde el punto de vista penal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de diciembre de 1984