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Crítica:'POP'

Mecano, la reválida de un conjunto prodigio

Impresionante. Curioso el gran concierto-presentación que Mecano vino a ofrecer en Madrid el 20 de diciembre de 1982. La verdad, más que un concierto público aquello parecía el acto final de una gran, una inmensa confirmación o, mejor, una fiesta de fin de año en el colegio. Y esto porque el público, que casi llenó el Pabellón de Deportes del Real Madrid, poseía el discreto encanto que Buñuel adjudicaba a una clase concreta y que el pasado martes congregó al más completo espectro generacional que se haya visto en un con cierto pop. Allí podían verse madres con pieles e hijos apenas adolescentes, aspectos profesorales y audaces jóvenes en flor. No aquello no era el ambiente habitual, ni siquiera se veían borrachos y los empleados del local afirmaban que nunca se habían consumido menos canutos en un tinglado de éstos. Así, pues, tranquilidad suavidad, ambiente relajado y, una excelente educación.

El concierto se abrió con el grupo Chokes, pero no hubiera hecho falta. Los entusiastas presentes no habían acudido allí en vano, sino más bien en busca de confirmaciones o desengaños. Mecano lleva más de 350.000 elepés vendidos y nunca habían actuado en Madrid. Así, pues, la apuesta era fuerte. Tanto como el montaje, que en todos sus aspectos supuso más de tres millones de pesetas, hecho éste que convertía en imposible cualquier idea de beneficio monetario. Cierto que éste no fue el con cierto que Mecano ha ofrecido por toda España a lo largo del verano con menos derroche de medios pero también hay que escuchar a José María Cano cuando afirma que si no aquéllo, la próxima temporada piensan llevar a todas partes un espectáculo señor.El diseño del escenario

Pero vamos con aquéllo. Y en primer lugar, con el montaje. El diseño del escenario era bueno, muy bueno. Dos plataformas laterales donde se situaban José María y Nacho y que, bajando por unos peldaños, enmarcaban (abajo) a Ana, mientras Javier de Juan (¡batería!) y Manolo Aguilar (¡bajo!) permanecían al fondo. Sobre ello se dispusieron unas pantallas de neones bastante espectaculares dos láser mejor utilizados que en otras ocasiones, humos, llamas y, sobre todo, un juego de luces que no dudo en calificar como sensacional, superior, como nunca se ha visto exhibir a un grupo español, y pocas veces a uno extranjero.

Así las cosas y con los Mecano disfrazados de chinos, excepto Ana, que iba de patinadora sobre hielo, con un trajecito rosa, capita y orlas de pielecilla, la noche empezó a sonar. Por allí pasó la música segura y aceptable de este grupo, que, sin embargo, ha subvertido buena parte del panorama pop hispano. Las canciones de Mecano suelen contar historias o pensamientos cotidianos, con algún ramalazo de trascendencia primaria, como Sólo soy una persona. Es así que, disponiendo de un caudal todavía corto de canciones, Mecano puso toda su carne en el asador. ¿Cómo? Por la vía más segura: sonar lo más parecido posible al disco, excepto en canciones como Me voy de casa o Quiero vivir en la ciudad, que sí adquieren un aspecto diferente (y mejor) cuando en vivo. Ana canta sin el menor dramatismo, se mueve con una soltura un poco sosa, pero mantiene el tipo. José María tenía problemas con los pedales de su guitarra y Nacho hacía alardes tras las teclas.

Dígase rápidamente que no son grandes instrumentistas, pero sí personas inteligentes que conocen sus propias limitaciones. Así, pues, nada de florituras sino más bien apoyarse en lo archiconocido y tarareable de los temas y en la espectacularidad del tinglado. Paradójicamente, no se respiraba grandilocuencia sino algo que este grupo, antes incluso de grabar, ha mantenido como idea fija: no participar del cutrerío por el que suele reptar la música en nuestro país.

Mecano es un grupo de lujo, que lleva muy poco tiempo haciendo música. Sus formidables ventas resumen una expectación que ellos han logrado satisfacer a base de calidad formal, sensibilidad generacional, buenos modos e inteligencia. Pero no puede ser olvidado; éste fue su primer concierto en Madrid y uno destinado al éxito. Resultaron notables, no sobresalientes. El hecho de que gran parte de su competencia sea más bien propicia al suspenso no implica que ellos sean la bondad absoluta. Aunque tal vez resulta extraño, éste no era su último paso, sino el primero. Lo han dado a satisfacción.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de diciembre de 1982