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domingo, 2 de enero de 1977
CLASICA

Pedro Sanjuán, olvidado y muerto

Ha pasado casi inadvertida la muerte del compositor y director Pedro Sanjuán, que un día levantara en el ambiente madrileño, tendente a lo reaccionario, no poco escándalo y alguna polémica con su Liturgia negra para orquesta. Sin embargo, a Sanjuán podemos calificarle entre los seguidores de las tradiciones tonales y popularistas, y solo en razón de un antillanismo que imponía ritmos y percusiones afracubanas pudó alarmar a los pacíficos melómanos de los años treinta. Cuando todavía era obra de consumo La procesión nocturna, de Rabaud, o se aplaudía con interés la Danza macabra de Saint-Saens, los sones de la danza lucumí, Babalnayé, Chango y Oggun, suponían una cierta agresión. Hoy tales obras gustarían y, por supuesto, no serían motivo de discusión. Lástima, que, como en tantos otros casos, el nombre de Sanjuán desapareció de nuestros programas sinfónicos.Nacido en San Sebastián, Pedro Sanjuán estudió en España con Pérez Casas y Joaquín Turina y, en París, siguió las enseñanzas de la Schola Cantorum de Vincent d'Indy. Con una técnica ya hecha y un dominio de lo instrumental muy notable, cuando regresa a España obtiene pronto el Premio Nacional precisamente por la aludida Liturgia negra. En nuestro ambiente, dominado por las inquietudes castellanistas de la generación de Ortega y Gaset, compone tres cuadros dedicados a Castilla y Sones de Castilla. Música evocativa, de directo poder expresivista y sustancialidad muy lírica, aparecen en ella directas alusiones a lo folklorístico: Baile de pandero, Ronda o Canto de trilla. La Institución Libre de Enseñanza y el Instituto Escuela Martínez Torner o Benedito han instalado en los jóvenes el gusto por lo popular al que se afiliaría García Lorca en su Barraca y del que, trascendido, nace la creación cimera de Manuel de Falla. Afrodita, Boceto sinfónico, Rondófantástico y Campesina son partituras a citar en una provisional selección. En todas ellas reina buen orden estructural, precisión de ideas armónicas, claro sentido plástico y una continua evocación de la geografía, la canción y la danza asumidas como sentimiento evocador que, en definitiva, encuentra su raíz en el último romanticismo.América

Al final de la década de los veinte marcha a La Habana en donde residirá largas temporadas influyendo en su vida musical y dejándose influir por las realidades musicales de una Cuba ensoñada, colonial a veces, negra en ocasiones, fascinante siempre. Funda la Orquesta Filarmónica Habanera con la que realiza una gran labor y estudia todo un repertorio musical autóctono o mixto que determina sus obras antillanistas. El negrismo es todavía antillano, antes de que en música, como en historia había sucedido el 98, el sí se torne en yes como dice el poema de Rafael Alberti.

Estados Unidos, y más concretamente California, será residencia de Sanjuán a partir de 1934. Después de la guerra civil comienza la gran ausencia del compositor, interrumpida antes por algunos viajes que le permitían vivir de algún modo el momento musical español. Hace unos años comenzaron sus frecuentes estancias en Andalucía. Cuando lo musical español. Hace unos que le mantenía en vida y en cierta actividad. Ingresó su obra, prácticamente entera, en la Sociedad de Autores Españoles, la que significó una recuperación burocrática y espiritual del español fuera de España. Faltó y falta la real recuperación de un compositor: el conocimiento de su obra. La prolongada expatriación y, quizá, la mudanza de estéticas y procedimientos dominantes en la música, pueden ser explicación -que no justificación- de este como de otros olvidos. Tan acusado en el caso de Sanjuán que ni siquiera la noticia de la muerte ha sido capaz de mover atenciones y dedicaciones.

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