En todas partes, Garci
En 1977 se estrenaba el primer largometraje de José Luis Garci, Asignatura pendiente, que obtendría un gran éxito de público y se convertiría en algo muy parecido al retrato de una generación que deseaba recuperar el tiempo perdido. Diez años después, a pesar de los conciertos vieneses de Lorin Maazel con los que se inaugura el año, al protagonista de Garci ya no le queda entusiasmo, no cree posible recuperar nada, se siente solo. Y este sentimiento, entre amargo, escéptico y melancólico, no afecta tan sólo al héroe de la ficción, sino también a la manera de hacer cine del propio Garci.En Asignatura aprobada, el impagable hijo del dramaturgo interpretado por Jesús Puente llega ...
a citar a... ¡Neil Simon! Da igual que lleve un pendiente, el pelo recogido en una pequeña cola y pertenezca a un grupo rockero cuyo mayor éxito lleva por título Coca en el coño. Toda su posmodernidad es pura fachada; a él lo que le gustaría es salir en una versión musical de Descalzos por el parque o ver de nuevo -tiene 17 años, pero eso en la película carece de importancia- los dramas sureños de Tennessee Williams, porque él es un Jesús Puente en pequeñito, o, mejor dicho, un Garci en pequeñito.
Director: José Luis Garci. Intérpretes: Jesús Puente, Victoria Vera, Teresa Gimpera, Eduardo Hoyo, Juan Cueto, Pablo Hoyo, Pastor Serrador, Santiago Amén, Manuel Lorenzo. Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel. Música: Jesús Gluck. Operador: Ricardo Navarrete. Española, 1987. Estreno en cine Conde Duque. Madrid.
Pero no sólo el hijo se parece al padre. Las mujeres también hablan como el protagonista-director; comparten con él una desmesurada afición a hacer frases para la posteridad, del tipo de "En la vida sólo sobran dos días: ayer y mañana", afición de la que son conscientes, y bien que se la reprochan al hombre: "Sólo abrías la boca para explicarme cómo era la vida". Y, claro, aunque el cineasta siempre haya proclamado su devoción por el llamado cine americano clásico, la verdad es que prefiere hablar de la vida a hacérnosla sentir. Sus películas saben cada vez más a fórmula, resultan autocomplacientes, cayendo en un impudor sentimental del que no se sabe si es peor que sepa a falso o sea pornográfico.
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