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Bestiario televisivo
Perfil

Joaquín Prat, el chico bueno enseña los dientes

Podría vivir de ser un ‘nepobaby’, pero hace mucho tiempo que se empeñó en labrarse una carrera por sí mismo

Joaquín Prat, fotografiado el pasado septiembre en Madrid.Jaime Villanueva

Joaquín Prat Sandberg (Madird, 50 años) tiene dos frases tatuadas en la espalda que suenan a declaración de intenciones. La primera dice: “Nil volentibus arduum”, que significa “Para quienes quieren no hay nada difícil”. Y como si aún le pareciera poca la presión ejercida en su columna vertebral, añade otra: “Qualis pater, talis filius”. Tal padre, tal hijo.

Cuando se habla de su progenitor en su programa, El tiempo justo, emitido en Telecinco, o en cualquier otra etapa profesional de su vida, al hijo de Joaquín Prat le sonríen los ojos. La penúltima vez le ocurrió hace unos días, cuando acudió al plató Lara Dibildos, hija de José Luis Dibildos y Laura Valenzuela. Pusieron imágenes de los dos, Valenzuela y Prat, presentando juntos, bromeando juntos, y al presentador se le iluminó la cara. Si fuera por él, mandaría a paseo la escaleta diaria y hablaría todo el rato de la vida junto a su padre.

Prat podría vivir de ser un nepobaby, pero hace mucho tiempo, muchísimo, que se empeñó en labrarse una carrera por sí mismo. Parece consciente de que las comparaciones le han pesado, pero sabe también que le han abierto unas puertas a las que no acceden tan fácilmente los chuchos sin apellidos. Licenciado en Periodismo por la Universidad Europea de Madrid, empezó su trayectoria profesional como becario de Iñaki Gabilondo en la Cadena SER, desde donde daría el salto a la televisión en 2008, participando en el espacio El octavo mandamiento junto a Javier Cárdenas y, también, en Visto y oído junto a Raquel Sánchez Silva.

En esa etapa le conocieron Marta Estévez y Leonardo Baltanás. La primera es hoy productora del programa radiofónico La Ventana, presentado por Carles Francino, y habla maravillas de él. “Es de los pocos compañeros que he conocido en el trabajo del que puedo decir que es amigo. Un vividor absoluto con un sentido de la familia muy grande. Fue el primero que apareció en el tanatorio con las muertes de los míos”, afirma. Desde el punto de vista profesional, asegura rotunda que es “la persona más educada con los oyentes” que ha conocido. “Cuando se puso a trabajar en Carrusel deportivo dio un paso muy grande, creo que no solo lo hizo por él mismo, para demostrarse cosas, sino como homenaje a su padre”, añade.

Dice también que es muy valiente, que tiene arrojo y que no le ha dado miedo nada. “¡Si hasta se ha tirado por el puente de Ronda durante uno de los programas que hicimos! Se fue de la radio porque no pudo decir que no a lo que le ofrecieron”, declara. Y eso que le ofrecieron es televisión y es ahí donde entra Leonardo Baltanás, que fue directivo de Cuatro. “Le cité en una cafetería y le conté que estábamos buscando gente. Le gustó la idea y acabó presentando el magacín Visto y oído con Raquel Sánchez Silva. Siempre fue respetuoso; es una persona que no pone problemas a la hora de trabajar. Tiene mucho sentido común y destaco de él su cercanía y su naturalidad. Siempre supe que tenía carrera por delante”, remata.

En la espalda de Prat, que aún tiene espacio para tatuarse algo más, encajaría otra frase en latín. “Qualis mater, talis filius”. Porque si su padre es ejemplo en la vida y en el trabajo, su carrera está vinculada desde hace años a su madre profesional, Ana Rosa Quintana, aunque diga de ella que la ve más bien como una hermana mayor. Desde que se incorporó a su equipo de presentadores, casi no se concibe un nombre sin el otro. Se han hecho reír y se han emocionado, ella es la madrina de uno de los hijos de él y ha sido apuesta personal de Quintana y de la cadena. Siempre encadenando programas, siempre hay un hueco para Prat.

En la última apuesta de Telecinco para las tardes, El tiempo justo, comparte plató con el periodista César Muñoz, que ejerce como copresentador. “Lo conozco desde hace poco, concretamente desde el día en el que hicimos la rueda de prensa del programa, y puedo decirte que es una persona muy comprometida con la información, y proyecta mucha credibilidad. Es muy exigente con el equipo, pero sobre todo consigo mismo”, cuenta.

El programa, que solo a veces alcanza los dos dígitos de audiencia, no parece ser la zona de confort de Prat. Esa cercanía y naturalidad de la que habla Baltanás traspasa la pantalla a veces como un sincericidio, porque esos ojos que sonríen al mencionar a su padre transmiten el hastío y la disconformidad a la primera con el menú del día.

Se le nota cómodo hablando de política y a veces de actualidad, donde aprovecha para mostrar su enfado hacia lo que no le gusta del mundo. Echa una bronca a una persona que está ocupando una casa, se cabrea con la Dirección General de Tráfico por el estado de la carretera, manifiesta su impotencia ante algunas decisiones judiciales o tira de frases de digestión fácil para la hora de la siesta, como cuando dijo en este mismo periódico: “Se ha desprofesionalizado la política, y son muy necios, torpes e incompetentes”. Es la clase más mediocre de la historia de este país. Me encanta decirlo porque así no los entrevisto. Las entrevistas con políticos son un peaje que tenemos, pero hunden la audiencia”. Todos iguales todo el rato y en todas partes.

Y justo es el Prat con la piedra en el zapato el que más gusta a la que escribe. El que habla de contenidos del corazón. “Yo no sé qué más hablar de la Pantojentiena, pero da audiencia. Como espectador me agota, pero como presentador me tiene que entusiasmar”, dijo en la entrevista con este periódico. Pero es ahí cuando sale la vena buena que lleva dentro. Cuando se niega a hablar tras la emisión de un vídeo en el que Amador Mohedano está llamando malnacida a su sobrina Rocío Carrasco, el que pone en su sitio a las hijas de famosas a las que los apellidos han hecho sentarse en el sofá de su programa. “A ver si te ubicas”, les ha dicho a todas ellas en algún que otro momento de sus polémicas. Porque les está pidiendo que cumplan con aquello por lo que les pagan en Mediaset, no que se tiren por el puente de Ronda. Cosas del trabajo.

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