Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

El Roto

Mi principal razón para abandonar la cama es observar la viñeta diaria de El Roto. Es el único editorial que me creo sobre el estado de las cosas

La mayoría de la gente saluda al nuevo día con un café y una ducha. Sirven para ponerse las pilas. Los que sufren la devastación de las enfermedades también se atiborran de pastillas médicas, para calmar el dolor o enviarlo definitivamente al exilio. Igualmente, existen personas seriamente averiadas que necesitan un chupito, una raya o un porro para afrontar su salida a los quehaceres cotidianos, si aún les queda fuerza para enfrentarse a ellos.

Mi principal razón para abandonar la cama es observar la viñeta diaria de El Roto. Es el único editorial que me creo sobre el estado de las cosas. Alguien racional afirmaba que no se puede ser sublime ininterrumpidamente. Pero opinión tan sensata es algo negociable viendo cada día el trabajo de este pensador, humorista, analista de la podredumbre, pintor de la casi siempre intolerable realidad. Es brillante, sombrío, demoledor, lúcido, feroz, compasivo, libre. La poderosa estupidez y la barbarie le provocan alergia.

Esta semana publicaba una viñeta en la que una madre sostenía en brazos a su bebé. Y le decía: “No, hijo, nacer niño no es machismo”. La criatura le preguntaba: “¿De verdad?”. Solo encuentro un término para definir lo que veo. Es genial. También necesario. Con nueve palabras pulverizaba a la idiotez dominante, ilimitada, borracha de poder. E imagino que en esa cosita tan aturdidora, histérica y depredadora de las redes sociales querrán lincharlo, le llamarán fascista y nazi (cómo ha degenerado la naturaleza de esos términos en su utilización), la nueva censura (o sea, la de siempre) estará preparando su hoguera. Yo solo puedo darle las gracias, escuchar una vez más la insuperable canción Cambalache y regresar al eterno refugio de mi cama.

Puedes seguir EL PAÍS TELEVISIÓN en Twitter o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Recibe el boletín de televisión

Todas las novedades de canales y plataformas, con entrevistas, noticias y análisis, además de las recomendaciones y críticas de nuestros periodistas
APÚNTATE
50% de descuento

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS