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De las series españolas de ficción

La incorporación de realizadores experimentados y la exportación internacional han conformado un nivel de las series españolas más que notable

Una imagen de la serie 'La Fortuna', dirigida por Alejandro Amenábar.

El nivel medio de las series españolas de ficción es ya más que notable. La creciente demanda de las televisiones, la incorporación de realizadores experimentados de largometrajes, la consolidación de la diversas plataformas y la exportación internacional han ido conformando una sólida industria audiovisual.

Alejandro Amenábar y su Fortuna es una muestra de lo dicho. Una serie bien estructurada, con una gran producción, un solvente reparto internacional, con un inolvidable Karra Elejalde como ministro de Cultura y un final redondo, hacen de la serie un producto excelente.

El caso de La casa de papel supera todas las expectativas. Un dato: en la primera semana de exhibición de la cuarta temporada en Netflix, la plataforma que la lanzó mundialmente, la vieron en 24 millones de hogares. La quinta y última temporada, que ahora programa la plataforma, ratifica su calidad y la fidelidad de sus espectadores, lo que la ha convertido en un fenómeno audiovisual y sociológico.

Enrique Urbizu con sus Gigantes es una valiosa incorporación desde los largometrajes, como lo fue Alex de la Iglesia y sus 30 monedas, un tránsito que ya había realizado Gutiérrez Aragón en 1992 con su El Quijote de Miguel de Cervantes.

La caza. Monteperdido y La caza. Tramuntana demuestran la capacidad de una industria para desarrollar tramas policíacas en las que la incorporación de los paisajes en los que se desenvuelve la acción añade un espectacular ingrediente al resultado final. Lo mismo ocurre con las dos temporadas de Hierro, con una Candela Peña y un Darío Grandinetti de los que basta decir que están como siempre: impecables y en el que el impactante paisaje de la isla se convierte en un protagonista más. Y Fariña, y Vis a Vis, entre otras.

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