La neutralidad de la Red se juega en Europa

La Unión Europea se ha convertido en el mayor regulador del mundo y su decisión mantiene en vilo a compañías y usuarios

La neutralidad de Internet es una de sus características más defendidas. Consiste en que las compañías que dan acceso a los usuarios a la Red no filtren el tráfico para dar mayor capacidad de acceso a determinadas páginas, es decir, que las peticiones se resuelvan por estricto orden de llegada se pretenda visitar un blog cualquiera o la portada de YouTube.

Esta neutralidad cuenta con un gran número de defensores, sobre todo entre los usuarios y los grupos defensores de los derechos civiles. Su opinión es que el acceso a Internet es un derecho universal y que ningún interés, ya sea comercial o gubernamental, debe prevalecer sobre otro: para que la Red sea libre debe ser neutral.

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Enfrente, muchas de las operadoras de Internet, así como parte de las compañías que trabajan para y por la Red. Defienden que la neutralidad es un concepto muy bonito pero que, a la larga, puede provocar un colapso ya que la inmensa mayoría de las peticiones de los internautas tiene como objetivo las mismas páginas: las más visitadas.

Unos y otros se encuentran de un tiempo a esta parte en las calles, plazas, restaurantes y edificios oficiales de Bruselas, según relata en un reportaje el diario The New York Times. La Unión Europea está en pleno proceso de definir las reglas del juego de Internet y en Estados Unidos están muy atentos a lo que ocurra: Europa se ha convertido en los últimos años en el que gran regulador mundial y lo que pase en el Viejo Continente afectará a todo el mundo antes o después.

Cada compañía ha mandado sus propios lobbies a la capital burocrática de Europa. Así, mientras AT&T o Verizon defienden que hay que regular el tráfico en Internet, los productores de contenidos (Google o Yahoo) buscan justo lo contrario.

La decisión del legislador parece próxima en Europa y será durante la primavera cuando los planes comiencen a ponerse blanco sobre negro: el 22 de abril el Parlamento Europeo podría tener que aceptar, o no, los planes de la Comisión.

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