Por qué la pizza a domicilio se entrega en caja de cartón

Pedir comida para casa o recoger el menú en el restaurante es un hábito cada vez más consolidado. ¿Qué envases son los más frecuentes para estos alimentos y dónde se tira cada uno?

bravo1954 / Getty Images

Domingo noche. Unos amigos piden pizzas para cenar:

―Que no, que si está manchada de tomate la caja va al orgánico.

―¿Qué dices? La caja tiene que estar manchada más de un 50% para ir al orgánico.

―Déjate de porcentajes, por favor. Entonces, ¿al azul, al gris… a cuál?

El cruce de acusaciones domésticas es real. Esta vez, no sucede siempre, el plato típico italiano ha llegado en buenas condiciones gracias al cartón que la contiene, un material que mantiene el calor y absorbe los excesos de grasa. Incluso la parte superior no se ha adherido a la tapa de la caja, evitando el temido síndrome de la pizza desfigurada. Solo cuando finaliza el festín llega el drama: ¿a qué cubo tiramos la caja? Atendiendo al material principal del envase, el cartón, los comensales concluirán que su lugar es el cubo azul, destinado a residuos de papel y cartón. Pero si, como es habitual, el tomate ha empapado las superficies, o queda dentro algún borde por comer, nos invadirá la incertidumbre y el debate estará servido. Te contamos qué envases para comida a domicilio son los más habituales y dónde hay que depositarlos.

Es una realidad: el pincho de tortilla ha saltado de la barra de los bares a las mesas de centro del salón. Cada vez más pedido a domicilio, este manjar se empaqueta en una caja de plástico con una tapa abatible que deja espacio para añadir unas rebanadas de pan y permite, si se quiere, almorzar sin necesidad de sacar la porción del envase. “Además de la funcionalidad del envase, la transparencia es un aspecto añadido para la comodidad del consumidor, que puede ver el contenido sin impedimentos”, explican expertos del centro tecnológico agroalimentario Ainia. Hay que tirar esta caja al cubo amarillo.

Una prosciutto-funghi, por favor. Una pizza siempre vendrá en una caja cuadrangular de cartón corrugado u ondulado, un material de varias capas rígido y resistente que guarda el calor, chupa la grasa de más y evita que la humedad se acumule. De estos embalajes consumimos 3,3 millones de toneladas en 2019, según la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón. Lo idóneo es que las partes de cartón limpias, como puede ser la tapa, vayan al cubo azul, el adecuado para los residuos de papel y cartón. Las partes muy manchadas hay que tirarlas al gris, la fracción resto, lo que consideramos la basura normal. Y los restos de pizza se tiran a la bolsa para orgánico, una fracción que ya se recoge en zonas de Cataluña, País Vasco, Navarra y Madrid.

El vaso grande de cartón que contiene unos noodles, una receta asiática a base de fideos y sopa cuya versión preparada se puede encontrar en cualquier supermercado, cuenta con una capa impermeable interior para que el alimento no se filtre y en ocasiones adjunta una tapa plástica. Es exigente en su reciclaje: el recipiente de cartón limpio irá azul, la tapa al amarillo y los restos de comida, al orgánico.

Prácticamente todos los restaurantes de zonas de oficina sirven su menú del día para llevar. Las lentejas y otros guisos recurrentes suelen empaquetarse en botes de cartón, de unos 500 centímetros cúbicos de capacidad, cuyo interior tiene una película protectora para que no cale el contenido, e incorporan una tapa de plástico. En este caso conviene tirar la tapa al cubo amarillo y el recipiente, al azul.

Su hábitat natural es el espacio de la mesa de trabajo que queda entre la pantalla del ordenador y la alfombrilla del ratón. Para mayor comodidad en la ingesta de esta gasolina laboral, el vaso cuenta con una agarradera central de un cartón más grueso y resistente. Hay que tirar el recipiente al azul y la tapa plástica al amarillo.

Si el café te lo tomas en la cafetería pero decides llevártelo a medio terminar, no merece la misma consideración que otro pedido expresamente para llevar. Lo que te queda del cortado se trasvasará a un modesto vasito de plástico como los que te daba el dentista para enjuagarte. “Estos vasitos han ido evolucionando. Ahora mismo los hacen de polipropileno y, a diferencia de otros plásticos, aguantan el café caliente”, indican desde Ainia. Termina la bebida y tira el recipiente al amarillo.

Los sándwiches vienen en un triángulo de cartón que aguanta la humedad con una lámina plástica transparente para que los indecisos oteen el aspecto del emparedado. Esta lámina se quita fácil y tiene que tirarse al amarillo. El cartón va al cubo azul.

El kebab no se entiende sin el envoltorio que le acompaña, ese papel translúcido que misteriosamente a veces empapa y a veces no. Si no está muy manchado de salsa lo tiraremos al azul. De lo contrario irá al cubo orgánico, cuando dispongamos de él, o como última opción al cubo gris.

Las patatas fritas de la hamburguesa, las alitas y muchas otras bondades de la categoría Comida americana del menú a domicilio admiten un gran abanico de salsas. Cuando termines el contenido de estas pulcras tarrinas de plástico con tapa transparente, tíralas al cubo amarillo.

En un bello ejercicio de ordenamiento del espacio, el sushi y los rolls llegan precisamente alineados en una bandeja de plástico con oquedades para encajar las piezas de comida y cerrada con una tapa transparente. A veces vienen tintadas de negro, algo que puede dificultar la recuperación posterior del envase. “Si el plástico es transparente facilitamos su reciclabilidad”, detallan desde Ainia. Deposita la bandeja en el cubo amarillo junto a los botecitos de salsa de soja. Los palillos de madera no son reciclables e irán a la fracción resto.

En la misma liga que los fideos instantáneos se encuentra la ensalada envasada, otro símbolo entrañable de la vida acelerada de oficina. La caja de plástico con cubiertos incluidos, habitualmente de 750 centímetros cúbicos, hace posible la alimentación en cualquier escenario o postura: se han dado casos de almuerzos de pie. Deposita este recipiente en el contenedor amarillo.

La escasez de salsa es el mayor enemigo de un pollo asado. Por ello, la versión a domicilio de este plato viene en una bandeja honda de aluminio que no empapa por mucho líquido que contenga y que, además, conserva el calor del plato. “Es reciclable y soporta temperaturas elevadas que determinados materiales plásticos no”, amplían desde Ainia. La tapa, generalmente de cartón, irá al cubo azul. El recipiente, al amarillo.

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