Condenado a 11 años de prisión el profesor de un colegio religioso por abusos sexuales a un niño en Valladolid

El docente, que tiene otro juicio pendiente por pederastia en el seminario de Medina del Campo, también pidió fotos íntimas al menor y lo acosó durante meses

Entrada del colegio San Juan de la Cruz de los Padres Carmelitas Descalzos, en Medina del Campo (Valladolid).
Entrada del colegio San Juan de la Cruz de los Padres Carmelitas Descalzos, en Medina del Campo (Valladolid).JAVIER ÁLVAREZ

EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.

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Un profesor laico del colegio religioso San Juan de la Cruz de Medina del Campo (Valladolid, 20.000 habitantes) ha sido condenado a 11 años de cárcel por un delito de abuso sexual y pornografía infantil sobre un alumno de 10 años en 2020. El hombre, que tenía 32 años y no era religioso pero tenía una estrecha relación con la orden de los carmelitas descalzos que dirigía el centro, aprovechó su condición de docente de música para ganarse la confianza del chico y acosarlo durante meses, cometer estos abusos y obtener imágenes eróticas de la víctima. El condenado, Ángel Fernández Herrero, llegó a llamar cientos de veces a su alumno durante el confinamiento gracias a la “dependencia emocional” forjada desde su posición. La denuncia se produjo en julio de 2020, semanas después de que el muchacho contara lo ocurrido a sus padres, que ya sospechaban del maestro.

Contra Fernández existe una segunda denuncia por agresión sexual presentada por otro antiguo alumno del centro. Este fue detenido por haber robado y vendido joyas de Fernández, y durante el interrogatorio declaró que el docente, a su vez, lo estaba chantajeando a él y le amenazaba con difundir fotos suyas en las que aparecía desnudo. También aseguró que entre 2014 y 2017 Fernández lo había violado en varias ocasiones. Esta causa está todavía pendiente de juicio.

El centro educativo al que pertenecían el profesor y sus supuestas víctimas ha rehusado hasta ahora pronunciarse sobre el caso. “Estamos a la espera de ofrecer un comunicado de modo oficial del colegio”, afirma Francisco Sánchez Oreja, director del centro, prior de los carmelitas en Medina y presidente de la Conferencia Española de Religiosos de Valladolid.

La sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid sobre la primera denuncia, a la que ha accedido EL PAÍS y contra la que cabe recurso, recoge la actitud de Fernández y cómo durante meses fue tejiendo una red de afinidad con el niño, a quien convenció para apuntarse al coro infantil que dirigía. Así, aprovechaba las actividades extraescolares para “acercarse físicamente, procurando quedarse a solas con él, abrazándolo, y creando una dependencia emocional que reforzaba constantemente por teléfono y redes sociales”. El acusado se enfadaba con el menor si este no le hacía caso o jugaba con sus amigos en vez de estar con él. Su presión llegó al punto de conseguir que el menor accediera a hacer videollamadas mientras se duchaban, mandarse fotos desnudos o de sus genitales e incluso masturbarse a la vez mientras se grababan. Fernández lo llamaba “hermanito” y lo tranquilizaba diciendo que era “el destino” y que “le quería mucho”.

Los abusos se produjeron primero en la casa del profesor, a la que el menor fue con permiso de sus padres porque habría más alumnos, si bien el condenado lo citó antes para que se quitaran los pantalones, realizarse “mutuos tocamientos en el pene” y que el adulto acercara un vibrador al pene y al ano del menor aunque sin llegarlo a penetrar. Estos abusos le han valido seis años de cárcel que se unen a otros cinco por pornografía infantil. La Fiscalía y la familia de la víctima, personada como acusación particular, reclamaban 17 de privación de libertad.

Poco después, el docente acudió en coche al pueblo del menor, donde pasaba las vacaciones con sus abuelos. Ambos habían quedado en un lugar aparte, allí lo recogió y se dirigió “a un lugar más discreto y procedió a tocarle el pene y consiguió que el niño se lo tocara a él e incluso que juntaran los penes”. El juez ha dado credibilidad a las palabras de la víctima, “indiscutiblemente veraces” en su declaración al equipo psicosocial que asumió el caso cuando el afectado confesó lo ocurrido a la pareja de su padre y comenzara la investigación. Las pesquisas revelaron que entre abril y julio de 2018 el pederasta llamó 895 veces por teléfono a la víctima, muchas “a horas intempestivas y con una duración que a veces excede de una hora”.

El pronunciamiento judicial revela que “es evidente que el acusado aprovechó su vinculación y contacto como profesor para propiciar su relación con el menor, y su condición de tutor del curso en el que estaba el menor, para así cometer el delito por el que se le condena, de ahí que sea procedente la citada inhabilitación especial”, pues se le prohíben empleos con menores durante 18 años desde que salga de prisión. Mismo tiempo deberá permanecer con una orden de alejamiento sobre el muchacho. Enrique Vilella, abogado de los familiares, explica que “se han quitado un peso de encima, temían que la congregación influyese para bajar penas”.

El papel del colegio

El letrado censura la actuación del colegio, que aplicó un “protocolo” que en el juicio se reveló inexistente y que avisaron al sospechoso tras recibir el aviso de los progenitores, en vez de acudir directamente a la Fiscalía, dándole opción de “eliminar pruebas”. “Es muy duro que abusen de su hijo y que no se investigara internamente en el colegio”, censura el portavoz, que cree escasos los 10.000 euros de indemnización que recibirán, pues los psicólogos afirman que el menor se encuentra bien pero dolido por lo que cree una “traición”, pero que quizá en el futuro desarrolle traumas sexuales o de identidad sexual fruto de este suceso. “Los padres también se quejan de que la Fiscalía no ha aceptado unas pruebas importantes, han sufrido prejuicio personal por los daños a su hijo, social en el pueblo, e institucional”, detalla Vilella, que incide en que el condenado era conocido en Medina del Campo por ser demasiado amigable con los niños y otros alumnos.

El profesor de música recurrió a la herramienta docente implantada por el colegio durante el confinamiento para acercarse al niño, algo que también hacía en privado por WhatsApp, diciéndole a menudo “te quiero” o “te amo”. En el registro domiciliario se hallaron los juguetes sexuales que utilizó con el menor, memorias USB y varios móviles.

Sobre la firma

Juan Navarro

Colaborador de EL PAÍS en Castilla y León, Asturias y Cantabria desde 2019. Aprendió en esRadio, La Moncloa, en comunicación corporativa, buscándose la vida y pisando calle. Graduado en Periodismo en la Universidad de Valladolid, máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo EL PAÍS.

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