Los contagios de la viruela del mono en el mundo caen a la mitad en el último mes sin que el brote pueda darse por controlado

Los expertos alertan de la necesidad de que los grupos más afectados mantengan las medidas de prevención ante la falta de vacunas disponibles

Inicio de la campaña de vacunacion contra la Viruela del Mono en la Fira de Barcelona.Foto: GIANLUCA BATTISTA | Vídeo: epv

El mayor brote de viruela del mono que ha vivido nunca el mundo, con más de 68.000 casos en 105 países y 23 muertes, entra en su quinto mes de desarrollo entre la esperanza y la inquietud de la mayoría de expertos, gobiernos y organizaciones sanitarias. El descenso de nuevos diagnósticos registrado en las últimas semanas, desde 1.000 diarios en agosto a cerca de 500 actuales, ha tranquilizado a quienes observaban con desconcierto la propagación de la enfermedad desde el mes de mayo. Pero el virus sigue circulando y el número de vacunas disponibles está muy por debajo de las necesidades, lo que alimenta el temor de un rebote que convierta esta enfermedad en endémica en buena parte del globo.

“La tendencia es alentadora. Pero no es momento para que ningún país o grupo de población dé por seguro que la situación seguirá mejorando. Hay que continuar haciendo lo que se ha demostrado que funciona”. Con estas palabras resumió la semana pasada Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la situación actual del brote. El organismo declaró el pasado 23 de julio la viruela del mono como una emergencia de salud pública internacional, una consideración que hasta entonces solo tenían la polio y el coronavirus.

La viruela del mono es una enfermedad infecciosa causada por un virus cuyo reservorio son pequeños mamíferos de África central y occidental, desde los que salta de forma esporádica a especies de mayor tamaño y al ser humano. La enfermedad causa fiebre, dolores y una característica erupción cutánea que el organismo supera en la mayoría de los casos en dos o tres semanas. Pero casi la mitad de los afectados requieren asistencia médica para mitigar los fuertes dolores que provoca y, en algunos casos, la infección deriva en complicaciones como la encefalitis que llegan a ser mortales incluso en personas previamente sanas.

Hasta el pasado mes de mayo, el virus no había demostrado una gran habilidad para contagiarse entre personas. Provocaba brotes de forma intermitente en las zonas endémicas, pero las cadenas de transmisión no eran muy largas y tendían a autolimitarse. En los últimos meses, sin embargo, el patógeno ha demostrado transmitirse de forma eficiente entre hombres que mantienen relaciones con otros hombres en ambientes donde es frecuente tener múltiples parejas sexuales. La viruela del mono no se considera una enfermedad de transmisión sexual —aunque varias investigaciones en marcha podrían cambiar esta posición—, pero se considera que el contacto estrecho propio de las relaciones sexuales facilita el contagio.

Según los expertos, la disminución de casos registrada en las últimas semanas no se debe tanto a las vacunas —la disponibilidad es todavía muy escasa— como a las medidas de autoprotección adoptadas por las personas más expuestas al virus. “Quienes mantenían prácticas de riesgo han entendido la importancia de cuidarse. Al principio se tardó un poco, pero es que no había precedentes de una transmisión tan elevada de este virus. Hemos visto como nuestros pacientes evitan algunos comportamientos, cumplen los aislamientos y acuden al médico a la mínima sospecha de tener síntomas”, explica Santiago Moreno, jefe de servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Ramón y Cajal (Madrid).

Madrid y Cataluña son las comunidades más afectadas por el actual brote y suman dos tercios de los 7.149 confirmados por el Ministerio de Sanidad. “Se ha hecho un trabajo muy importante con las asociaciones y ONG. Hemos logrado estabilizar la situación, casi controlarla. Estamos registrando unos cinco casos al día frente a los 50 de primeros de julio. La estrategia de ofrecer la vacuna preexposicion a los colectivos de riesgo también ha ayudado en este resultado”, resume un portavoz de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

Según los datos de Sanidad, el 96,1% de los casos diagnosticados en España sobre los que dispone de información han sido en “hombres que habían tenido relaciones sexuales con otros hombres”, el 2,4% en “hombres heterosexuales”, y el 1,4% “mujeres heterosexuales”. Un hecho destacado por todos los expertos es que “aunque se han producido algunos contagios en el ámbito doméstico o social, estos han sido muy escasos, lo que descarta por ahora que el virus circule de forma importante fuera de las prácticas de riesgo”, afirma Antonio Alcamí, investigador especializado en los virus que causan los distintos tipos de viruela del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Junto al Reino Unido, que notificó los primeros casos a principios de mayo, España y Portugal fueron los países que dieron al actual brote su dimensión internacional. Madrid identificó los primeros ocho casos el 17 de mayo y a partir de entonces los diagnósticos no dejaron de crecer, primero a un ritmo de una decena de casos al día y luego a unos 40 diarios en junio, hasta alcanzar el pico en torno al 10 de julio, con 175 casos diarios de media. Según los datos de Sanidad, en esas semanas hubo varios eventos que actuaron como supercontagiadores. Los más importantes fueron el Gay Pride de Maspalomas (83 casos), el de Torremolinos (60), el de Sitges (37), “distintos eventos en Barcelona” (156) y en Madrid (123). En los últimos días, el número de nuevos diagnósticos ronda la veintena. Hasta el momento, dos personas han muerto en España debido a la viruela del mono y una tercera lo ha hecho con la infección pero por otras causas.

Los investigadores coinciden en que, pese al descenso observado, es pronto para dar el brote por controlado. “El riesgo de hacerlo es importante, todavía hay muchos contagios”, sostiene Carlos Maluquer de Motes, profesor de virología molecular de la Universidad de Surrey (Reino Unido) y experto en viruela. Una razón es que el virus hace poco que ha saltado de su reservorio al ser humano y puede estar todavía adaptándose. “La R [el número de personas a las que contagia cada caso positivo] es en torno a 1, mucho menos explosiva que la del coronavirus. Pero esto hace que, si no se controla y sigue circulando, las cadenas de transmisión sean muy largas. Cada contagio le da una oportunidad al virus para adaptarse, desarrollar mutaciones, infectar otros tejidos o hacerlo de forma más eficiente”, afirma.

Motivos sociales

Una segunda razón sería más social. “El número de casos está bajando porque los mensajes a la comunidad de hombres que mantiene relaciones con otros hombres han logrado disminuir las prácticas de riesgo. Un estudio del Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos revela que casi la mitad de ellos ha reducido el número de parejas sexuales tras el estallido del brote. Pero esto a largo plazo no es muy sostenible, las precauciones tienden a relajarse y llega un momento en que la enfermedad deja de ser percibida como un gran riesgo, lo que lleva a una nueva subida de los contagios”, añade Maluquer de Motes.

Los expertos también ponen el foco en las grandes diferencias que hay entre países. Los que primero lo sufrieron —España, Reino Unido, Canadá, Alemania, Francia y Portugal— cuentan con sistemas de salud pública sólidos y han tenido más tiempo para trabajar con los grupos más afectados, además de administrar las escasas vacunas disponibles. En ellos, con algunas diferencias, los contagios subieron con fuerza en mayo y junio, alcanzaron el pico en julio y desde entonces han logrado un descenso del número de nuevos casos.

Los casos tardaron más en despegar en Estados Unidos, en parte porque el virus llegó al país más tarde a través de viajeros procedentes de las zonas con mayor incidencia y en parte por problemas en el despliegue de las pruebas diagnósticas. Allí el pico se alcanzó a mediados de agosto, con más de 500 casos al día, y desde entonces la tendencia ha sido a la baja hasta los 200 actuales.

La OMS se ha mostrado más preocupada en los últimos días por la situación en los países latinoamericanos. En Brasil, que alcanzó su pico a principios de este mes, la tendencia a la baja apenas es perceptible, y en países como México, Colombia, Perú y Chile el número de contagios aún está creciendo o se mantiene estable. África, por último, sufre todas las carencias que espolearon a la OMS a declarar el 23 de julio la emergencia sanitaria internacional: sistemas sanitarios debilitados, pocos datos sobre la incidencia real de la enfermedad y carencia absoluta de vacunas.

En esta situación, recuerdan los expertos, el porcentaje de población protegida frente al virus es muy reducida y, sin una mayor disponibilidad de vacunas —Bavarian Nordic, la única fabricante del suero, no prevé estar en disposición de incrementar la producción de forma significativa hasta el año que viene—, el riesgo de que se originen nuevas cadenas de contagio en todos los países sigue siendo elevado.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta la fecha no han encontrado hasta ahora grandes mutaciones en el virus, que al ser del tipo ADN es de un tamaño mayor y menos proclive a sufrir bruscos cambios genéticos como los ARN (el coronavirus, por ejemplo). “Sí se ha observado una reorganización genética en los extremos de las cadenas, aunque todavía no sabemos el impacto que esto tiene. También hemos descubierto una carga viral elevada en otras partes del cuerpo, además de las heridas cutáneas, como en la garganta, las mucosas, el semen y las heces. Es una infección más sistémica de lo que pensábamos. Todavía hacen falta más estudios para comprender si esto eleva el riesgo de contagio, pero no es una buena noticia que el virus siga circulando. El gran peligro es que le estamos dando la oportunidad al virus para que cambie y se adapte mejor al ser humano”, concluye Antonio Alcamí.

Sobre la firma

Oriol Güell

Redactor de temas sanitarios, área a la que ha dedicado la mitad de los más de 20 años que lleva en EL PAÍS. También ha formado parte del equipo de investigación del diario y escribió con Luís Montes el libro ‘El caso Leganés’. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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