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Mi cáncer, mi tratamiento: por qué cada tumor necesita su propia terapia

La medicina personalizada de precisión y la inmunoterapia están cambiando el abordaje del cáncer. El conocimiento de los mecanismos moleculares de esta enfermedad ha permitido tratamientos personalizados, menos tóxicos y más eficaces.

Fran tenía 39 años cuando le diagnosticaron un cáncer de pulmón. Era el año 2012, y ninguna de las pruebas disponibles en aquel momento consiguió identificar alguna mutación en su tumor. “Era cáncer de pulmón, sin más. Comencé con la quimioterapia y estuve tres años con altibajos: el tumor se reducía, luego avanzaba… Probé otros tratamientos y entré en ensayos clínicos, pero no se pudo evitar que hubiera metástasis”. Y un día, justo antes de someterse a radioterapia en la cabeza para entrar en un nuevo ensayo clínico los investigadores encontraron la mutación y pudieron ponerle nombre al tumor: “mi cáncer era un ‘ROS1’. A partir de ahí, un gran avance: pude acceder a la terapia personalizada, que incluso permitió la desaparición de las metástasis cerebrales”.

María José recibió también el diagnóstico de cáncer. En su caso, de mama, y con el agravante de que en aquel momento estaba embarazada de 34 semanas, por lo que, para iniciar el tratamiento, hubo que provocarle el parto. “Mi tumor era un triple negativo. Cuando leí en Internet que era el único cáncer de mama para el que no había cura, me dije: ‘Dios mío, me muero’. Mi oncóloga del Ramón y Cajal me tranquilizó. Me hicieron nuevas pruebas, se vio que era un carcinoma ductal infiltrante –no encapsulado, como me habían dicho en el primer centro en el que me hicieron la biopsia– y se optó por la quimio”. María José aceptó entrar en un estudio en el que le ponían un marcador tumoral antes de cada quimioterapia para ver la evolución. Y los resultados fueron positivos: “El tratamiento se fue ‘comiendo’ el tumor. Tanto, que ni siquiera tuve que pasar por cirugía: no tengo metástasis, ganglios, nada. Es respuesta completa”.

Los casos de Fran y de María José muestran, en el Día Mundial del Cáncer, cómo los avances en investigación están permitiendo cambiar la forma de entender esta enfermedad. Mejor dicho, de entender las más de 200 enfermedades que conforman aquello que de modo genérico llamamos ‘cáncer’.

Tratamientos personalizados

Buena parte de estos progresos tienen su origen en un conocimiento más profundo de las características moleculares de los tumores, lo que ha permitido el desarrollo de una medicina personalizada de precisión. “Se trata de profundizar en el conocimiento de las alteraciones genéticas de los tumores y, a partir de ahí, ir desarrollando terapias específicas –explica el doctor Luis Paz-Ares, jefe del servicio de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid–. Ya no solo diagnosticamos morfológicamente un tumor: también le ponemos los apellidos”.

Los tratamientos de precisión incrementan la tasa de respuesta. Y si el cáncer progresa o recidiva, somos capaces de identificar el porqué y ofrecer al paciente un segundo o un tercer tratamiento personalizado
Luis Paz-Ares, jefe del servicio de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid

Esos apellidos son, precisamente, las alteraciones moleculares. Así, por ejemplo, identificar que el cáncer de Fran tenía la mutación en el gen ROS1 permitió proporcionarle un tratamiento personalizado, preciso, dirigido a esa mutación. “Los tratamientos de precisión incrementan la tasa de respuesta –continúa el doctor Paz-Ares–. Y, además, no es algo exclusivo del diagnóstico inicial: si el cáncer progresa o recidiva, somos capaces de identificar con nuevos análisis el porqué, y podremos ofrecer al paciente un segundo o incluso tercer tratamiento personalizado ajustado al tipo de mutación que pueda ir apareciendo en cada momento”.

En este cambio de modelo, el concepto clave es ‘medicina personalizada’. Hasta no hace mucho tiempo, los oncólogos no sabían por qué un mismo tratamiento producía tan diferentes respuestas en pacientes que tenían –al menos aparentemente– el mismo tipo de tumor. Mientras unos respondían favorablemente y sin secuelas, otros sufrían importantes efectos adversos y los demás, directamente, no experimentaban mejoría. “El sueño era disponer de distintas alternativas y de saber, en cada caso, qué tratamiento sería más efectivo y con menos efectos secundarios en cada paciente. Ahora, gracias a la identificación de las mutaciones, hemos conseguido tratamientos dirigidos a ese hecho diferencial”.

Aun cuando nos pueda parecer nuevo, el camino empezó hace ya muchos años. Comenzó, nos cuenta la doctora Lucía González-Cortijo, jefa de servicio de Oncología Médica del Hospital Quirónsalud de Pozuelo y experta en cáncer de mama y ginecológico, con el tamoxifeno. “Este fármaco supuso la primera terapia dirigida en cáncer de mama hormonodependiente. Aquello a finales de los años 60 y, desde entonces, hemos evolucionado mucho. Hemos ido identificando diferentes subtipos de cáncer de mama y conseguido tratamientos más sofisticados para cada uno de ellos”. Con respecto a los casos de triple negativo, señala, “se está haciendo un gran esfuerzo en investigación para encontrar mejores tratamientos y reducir la toxicidad. Es fundamental personalizar las terapias, porque no todos los tumores triples negativos son tan agresivos. Podríamos definirlo como ‘no matar moscas a cañonazos’”.

El avance de la inmunoterapia

Con ella coincide el doctor Gilberto Lopes, profesor de Oncología Médica en la Universidad de Miami y director de Oncología en el Sylvester Comprehensive Cancer Center: “Ha cambiado totalmente la forma en la que trabajamos y vemos a los pacientes. Ahora, para la mayoría de los tumores sólidos tenemos pruebas moleculares que nos permiten ver sus características específicas y nos ayudan a definir el tratamiento que mejores probabilidades tiene. Pero, además, hay que destacar un último logro, la inmunoterapia, que nos está permitiendo dar soluciones a tumores para los que antes apenas había opciones”.

Esta técnica está suponiendo un gran avance en la oncología. “Durante décadas, las opciones para la mayoría de los pacientes oncológicos consistían en quimioterapia, radioterapia y cirugía―recuerda Federico Plaza, director de Corporate Affairs de Roche―. Después, la medicina personalizada de precisión, posible gracias al conocimiento de la base molecular de los distintos cánceres, supuso un salto; ahora el siguiente escalón viene de la mano de la inmunoterapia, con el desarrollo de anticuerpos que ayudan al sistema inmune a detectar y defenderse de las células tumorales”.

Entre las ventajas de este nuevo tratamiento, Plaza destaca la versatilidad. “Es muy polivalente, no va orientada a una diana terapéutica específica de un tipo de tumor, sino en el contexto del sistema inmune. La inmunoterapia supone una gran evolución en determinados tumores para los que únicamente teníamos la opción de la quimioterapia”.

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