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“La crueldad es una defensa vulgar del ser humano”

En la actriz Terele Pávez predomina la alegría.

Actúa en 'El cojo de Inishmaan' dirigido por Gerardo Vera

Terele Pavez, actriz. Ampliar foto
Terele Pavez, actriz.

La alegría que muestra es tan grande (la llaman para el teatro y para el cine, la premian) que cuando caen sobre ella los tiempos más sombríos (“¡de eso mejor ni hablar!”) esos ojos que son estrellas negras huyen de los recuerdos y ríe.

La alegría predomina; cuando se enfrenta a la mesa de este hotel trendy, Terele Pávez (“¡74 años ya!”) exclama con su voz marcada por las madrugadas de la vida: “¡Tienen churros!”. Luego casi ni los toca, pero desayunar le fascina. “Me encanta que me lleven el desayuno en los hoteles, y me lo como todo, de modo que cuando acabo me dan ganas de echarme una siesta”.

Después de su éxito con Las brujas de Zugarramurdi, la película de Álex de la Iglesia, la llamó Gerardo Vera para que hiciera (ahora en el Español, desde el 31 de enero en el Infanta Isabel) El cojo de Inishmaan, de Martin McDonagh. Ahí encarna a una hermana de Marisa Paredes; ambas representan (con Irene Escolar, Enric Benavent, Ferran Vilajosana, Marcial Álvarez...) una historia sobre la crueldad y la ternura. El cotilla malvado, la muchacha burlona, el solitario destruido. “La crueldad”, dice Terele, “es una defensa vulgar del ser humano. Pero, ojo, también está la grandeza de la gente que padece”. La crueldad es también consecuencia del miedo, “a que nos fallen las cosas, a que la vida nos dé golpes”.

La obra ha sido su reencuentro con Marisa Paredes; “algún día, hace décadas, discutimos por ni me acuerdo qué, y ahora las dos reímos como tontas... La verdad es que aquí me encuentro en estado de gracia”. Se ha encontrado también con una actriz nueva de estirpe riquísima. “Irene Escolar... Esa niña parece un encargo, como si alguien hubiera dicho: ‘Que nazca una niña así, perfecta para el teatro’, y nace Irene. Una delicia”.

A los 74 años, la actriz encadena proyectos

en el cine y el teatro

Es feliz, claro. “Tenemos un director que es un lujo; convirtió un texto duro en una ocasión para que juntos disfrutemos del teatro”. La llamó Álex de la Iglesia para Las brujas..., la llamó Gerardo “para este regalo”... “Con todo lo que cae, de qué me puedo quejar... Ahora hay como una seda que cubre tiempos peores”. ¿Una imagen de un tiempo mejor? “Después de la lluvia, una reja recién pintada, los niños jugando en los charcos, riendo, bocadillos en la mano, saliendo el sol”. ¿Y una oscuridad? “Hubo, no continuada: como un pespunte y vainica”. ¿De llorar? “No, he perdido el don de llorar... Es muy difícil que llore y es posible que llore a destiempo. Pero sí me erizo, me entra frío, el corazón se acelera, pero no lloro”.

Agradece haber pasado dificultades; “esa sensación de que hay que ahorrar; la experiencia de haber tenido un solo huevo en la nevera cuando éramos chicas, un trozo de pan..., y que ese huevo y ese pan se guardaran ahí hasta que alguien tuviera más hambre... Ese sabor de la acelga, las patatas con pimentón, el ajito, lo que mi madre era capaz de hacer con unas pesetitas...”.

“La vida te hace poner en perspectiva los tiempos duros”, dice. Ahora que la vida le sonríe se pondría a reír frente a los churros. Esta noche, en el Español, le dará un abrazo amoroso a Marisa Paredes, su hermana en El cojo de Inishmaan. A sus ojos le desapareció el cansancio.