Montse Santolino, periodista especializa, ahora en la Federación Catalana de ONGD

"Pides respuestas breves pero uno de los problemas del sistema de ayuda (donde hay ONG y gobiernos, y sindicatos, y universidades y muchos actores más) es que la opinión pública no sabe como funciona, y sobre ese desconocimiento se asientan tanto sus disfunciones, como la "polémica" que genera el libro de Nerín. El trabajo no hecho, o hecho mal, informativamente hablando (por parte, primero, de las propias ONG) se hace casi imposible de revertir ahora. La mayor crítica al libro es que provoca la respuesta indignada del público y los bajos instintos de la mala prensa (maniquea y sensacionalista) y no una aproximación realista al sector, a sus debates y contradicciones, y eso es la antítesis de lo que se necesita para entender África, la cooperación, y el mundo. Intento responderte cada punto.

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La cooperación no es una causa perdida

Eficacia. El simplismo y la generalización de sus argumentos respecto a la eficacia de la cooperación, en general, y en toooooda África, solo son aceptables en debates de barra de bar. La cooperación es tan inútil y tan fracaso para el desarrollo global como el propio capitalismo que la originó, ¿podemos impugnarlo por eso? ¿Lo hace Nerín? ¿Cuál es el marco del debate? Las fuentes y los pozos de las ONG son la anécdota de la cooperación. La cooperación no son solo fuentes y pozos, y no la hacen solo las ONG. Desde Truman que se inventó lo del subdesarrollo en su discurso de investidura, todos los gobiernos han instrumentalizado el sistema de ayuda, y casi nunca han cooperado de manera desinteresada. En ese sistema de ayuda internacional también entraron las ONG, muchas y distintas, que a lo largo de los años han modificado sus roles y sus puntos de vista. Como ocurre en todos los sectores, algunas prefieren hacer de tontas útiles, otras, aún conscientes de los peligros, intentan cambiar las cosas desde dentro, y otras son abiertamente críticas con todo el sistema y trabajan para cuestionarlo.

¿Todo el mundo en África quién es? ¿A quién se considera representativo de una realidad tan diversa y compleja? Las opiniones de las sociedades africanas de los diferentes países africanos respecto a la cooperación y la ayuda internacional serán, como mínimo, tan diversas como aquí. La mayoría de agrónomos africanos que trabajan en la FAO de Dakar seguramente tendrían una opinión bien distinta. La mayoría de pueblos donde están llevando semillas, también. La mayoría de comunidades donde se está trabajando desde hace años para sustituir ceremonias y ritos de ablación por otros que respetando las tradiciones, no la contemplen, también, y desde luego las niñas de esas comunidades lo valorarán de aquí a 20 años. La mayoría de pueblos donde se está facilitando la organización social y política, o donde se está colaborando con los grupos locales para que puedan denunciar injusticias y reclamar sus derechos a los dirigentes locales o nacionales, también. El concepto de cooperación para el desarrollo que manejan las ONG serias y eficaces, y el trabajo que realizan no tiene nada que ver con el que hacían hace 50 años, pero su imagen pública, congelada en el tiempo, es tan icónica y poderosa que oculta la evolución y complejidad del sector.

Nerín forma parte de una corriente de africanistas que desde la antropología abogan desde hace años por el respeto a todos los pueblos y por la mínima intervención occidental sobre ellos. La complejidad de su mirada cultural les suele alejar de manejar argumentos simplistas o paternalistas y por eso mismo las ONG los incluimos en todos los cursos de formación a nuevos cooperantes. Los libros de Nerín sobre Guinea son los que se recomiendan a los cooperantes que quieren conocer el país. Seguramente alguno de ellos le rebatirá en Bata sus propias tesis.

Objetivos. Ningún país africano, ni de ningún continente se desarrollará gracias a las políticas de cooperación pero hoy, al menos en la teoría, las políticas de cooperación obligan a los gobiernos africanos a pensar en planes de desarrollo nacionales y en niveles mínimos de bienestar, con los cuales deberían alinearse el resto de actores internacionales que pretendan intervenir o actuar en esos países. El sistema de cooperación no es más que un reflejo de los pactos, silencios y componendas de las relaciones internacionales. Decir que las ONG, de manera genérica, no se meten en política, es faltar a la verdad o hablar de la cooperación de los misioneros de hace dos siglos. El trabajo de cooperación no se reduce a atender emergencias y acompañar proyectos de desarrollo sino también a la sensibilización social (también llamada educación para el desarrollo) y a la presión política. Si no se explica o se hace así el trabajo de cooperación, no se explica bien o no se aborda de una manera integral.

Muchas ONG prefieren quedarse en el primer paso del proceso de ayuda: en la asistencia pura y dura, en salvar vidas. Pero muchas otras buscan y denuncian las causas de la pobreza y los conflictos. Las ONG han puesto en la agenda pública cientos de temas y problemáticas africanas y han demostrado nuestra implicación y responsabilidad en ellas, desde los niños soldado a los acuerdos de libre comercio con Europa, pasando por el coltán de nuestros móviles o el pescado somalí que nos comemos. Las ONG han planteado protestas y propuestas, desde la reducción de la deuda externa a la necesidad de gravar las transacciones financieras como ahora discute el G-20. Las ONG están en Bruselas haciendo lobby y funcionan en redes y plataformas nacionales o internacionales que les permite incidir y presionar a los gobiernos de todo el mundo en la misma línea. Ignorar todo eso es demagógico y dañino. El propio Nerín al final de su libro habla de esa cooperación de campañas de denuncia y presión política y llena varias páginas con ellas. El problema ha sido comunicativo: conseguir fondos públicos o privados ha resultado siempre más fácil si solo se explicaba la parte asistencial del trabajo, y no la parte política.

Modelos. ¿Y cual es el modelo de cooperación actual? Las ONGD catalanas y españolas más serias y responsables no sólo han cambiado sus prácticas sobre el terreno, sino que han hecho avanzar las ideas y los conceptos sobre cooperación y desarrollo, cuestionándose permanentemente su papel. En los cursos de formación de cooperantes hablamos de esta historia y evolución de las ONGD como la de diversas generaciones de ONGD, pero este proceso de evolución constante ha resultado opaco a la sociedad porque habiendo cambiado mucho la forma de trabajar, no lo ha hecho la manera de explicar lo que se hacía.

De manera resumida la historia sería la siguiente: se empezó dando el pez y después la caña y capacitaciones sobre cómo usarla. Que años después se cayó en la cuenta de que la caña no era una tecnología adecuada y se buscaron alternativas. Que después de todo eso resultó que ni la caña A ni la B servían de nada porque el río estaba completamente contaminado a causa de los vertidos de una transnacional minera, o del carácter depredador de una especie introducida en la zona por una transnacional agroalimentaria. Llegado este punto las ONGD diversificaron sus vías de actuación y en el Sur empezaron a financiar organizaciones capaces de plantar cara a las trasnacionales y a sus gobiernos locales y nacionales, mientras, en el Norte, presionaban directamente a las transnacionales en las puertas de sus sedes, y denunciaban sus actuaciones ante los gobiernos e instancias internacionales.

Obviamente no todas las ONG llegan a plantearse las causas reales de los problemas ni pretenden erradicarlas y prefieren quedarse en paliar las consecuencias. Las ONG más responsables no están en ese grupo, ni las diferentes redes y coordinadoras de ONG que tienen incorporada la incidencia política como uno de los ejes fundamentales de su trabajo.

Personas. Carga contra el cooperante. Es importante destacar que los expatriados son pocos y cada vez menos. Las ONG que trabajan bien lo hacen con trabajadores del propio país, que son los que mejor conocen su propia realidad. Sin negar que pueda haber gente impresentable en todas partes, Nerín es muy injusto al no distinguir claramente entre cooperantes (blancos) de organismos oficiales internacionales y cooperantes (blancos) de ONG. Obviamente todos los cooperantes, y también los de las ONG, viven generalmente en mejores condiciones que la gente del país y tienen acceso a espacios y recursos a los que la población local no tiene acceso. En cualquier caso los cooperantes de Naciones Unidas, FAO etc. pueden cuadriplicar el sueldo de los cooperantes de las ONG, y los cooperantes de las ONGD suelen tener una formación y una sensibilidad diferente hacia las personas y comunidades del país. Las contradicciones están siempre presentes en su trabajo y cualquier blog de cooperante, que cada vez son más habituales, lo corrobora. Afirmar que los cooperantes ganan 10.000 dólares, que "son los que más utilizan África los campos de golf y los clubes de tenis" y que son "muy conocidos por los camareros de los locales nocturnos ya que a menudo piden la factura de los gintónics para colarse como dietas", y no aclarar que no se habla de las ONGD habituales, por lo menos en Cataluña es un insulto para un sector con muy poca gente expatriada, y marcado por la precariedad y la reestructuración laboral. Nerín escribe sobre los cooperantes responsables pero no les dedica mucha atención porque eso no ayuda a vender más libros: "Hay muchos cooperantes que en el día a día se ven obligados a plantearse muchos interrogantes. Son conscientes de los problemas de los proyectos, y quieren solucionarlos, pero no sabemos cómo. No reniegan de la cooperación, pero no tratan de esconder sus limitaciones".

Publicidad y campañas. Las críticas de fondo más serias que plantea este libro remiten a cuestiones de carácter comunicativo, sobre cómo se explica África, cómo se relacionan las ONG con los africanos o qué expectativas irreales levantan sobre los resultados de su acción. Lo que Nerín denuncia con acierto es que se ha trabajado mucho en dos áreas del trabajo de cooperación (emergencias y desarrollo) pero se ha sido poco exigente en el trabajo de sensibilización, porque se ha supeditado a la captación de fondos. El problema es que él cae justamente en lo que denuncia: no contextualiza, des-informa a base de llenar páginas de críticas antiguas, poco justificadas y poco coherentes entre sí. Además, Nerín debería saber que como parte de su trabajo de cooperación/sensibilización, las ONGD también se preocupan de analizar la imagen sobre el continente africano tanto de la prensa, como de las propias ONGD. Debería saberlo porque él mismo como miembro de la ONG CEA y con financiación del Ayuntamiento de Barcelona hizo un estudio llamado Entre la compasión y la denuncia: el África negra vista por las ONG, en el cual vertía todas estas críticas que le han permitido ahora publicar este libro. Ese estudio ha servido como base para el debate en grupos de trabajo internos de la Federación Catalana de ONGD, para analizar y mejorar el trabajo comunicativo porque la autocrítica es permanente. Otros ejemplos de trabajos financiados con el dinero de cooperación en este sentido:

http://www.comunicacionyciudadania.org/imagen_sur/index.php

http://www.crea-africa.org/mediaresources/files/Documentos/Tratamiento%20de%20Medios/Informe1_enero_febrero_2010.pdf

Medios. El matrimonio de conveniencia de los medios y las ONG se fraguó en España en la década de los noventa. Coincidieron las necesidades de financiación de las ONG y la deriva de la espectacularización de la información. Por un lado nos apuntamos al carro de las grandes agencias y medios de comunicación que habían proyectado a nivel mundial las crisis de Etiopía, Somalia o Ruanda en clave estrictamente humanitaria, con grandes audiencias, y del otro se produjeron las acampadas del 0'7. Las catástrofes como el tsunami o el terremoto de Haití con sus macroespectáculos solidarios y sus famosos solidarios se han convertido desde entonces en un género en sí mismo, que mueve a muchas ONG a participar de esas dinámicas mediáticas para poder hablar de su trabajo. Esas coberturas mediáticas y la publicidad de las grandes ONGD se han retroalimentado perpetuando un imaginario sobre la cooperación que, en muchos casos, está años luz de las prácticas reales del trabajo que se realiza en el Sur. Hay una responsabilidad compartida entre medios y ONG en la deficiente e insuficiente información sobre el sistema de cooperación en general, y sobre el trabajo de las ONG en particular, y es un tema diario de discusión y debate que Nerín prefiere ignorar.

Algunos ejemplos de este debate: Las ONG no quieren que mostremos niños o que hablemos del olor a muerte

http://cicomunica.blogspot.com/2010/05/las-ong-no-quieren-que-los-periodistas.html

http://cicomunica.blogspot.com/2010/09/el-peligro-de-las-historias-humanas-ii.html

http://cicomunica.blogspot.com/2010/09/el-peligro-de-las-historias-humanas-i.html

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