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Segunda Respuesta

Gonzalo Fanjul, exOXFAM y autor del blog 3.500 millones en EL PAÍS

A nueve personas de ONGD (no necesariamente mencionadas en el libro de Nerín) se les remitieron seis puntos señalados en el libro Blanco bueno busca negro pobre. Sus reflexiones escapan del espacio disponible en papel. He aquí las respuestas completas.

"Se trata de un mal panfleto en el que el autor encadena prejuicios, generalidades y divagaciones durante más de 200 páginas sin incluir otro número que el de las fechas. Naturalmente, algunas de las cosas que se dicen son ciertas (los escándalos de Intervida, las vinculaciones políticas de Solidaridad Internacional o los chanchullos de los funcionarios africanos), pero los ejemplos están escogidos cuidadosamente para disparar a todo lo que se mueve ignorando una realidad que es mucho más compleja.

Francamente, creo que el autor tiene un desconocimiento notable de las políticas de desarrollo y del funcionamiento de las ONG y otros organismos de la cooperación (tampoco dice nada de África y de su política que no podamos leer en Mundo Negro; el hecho de vivir en Bata no garantiza nada, porque eso es tanto como pontificar sobre las complejidades de la Unión Europea desde un apartamento en Móstoles).

Decir, por ejemplo, que no existen mecanismos de evaluación o rendición de cuentas es sencillamente falso. Como también lo es argumentar que una organización que recibe el 75% de sus recursos de cientos de miles de donantes privados está atada a las presiones de los donantes oficiales. El texto utiliza un lenguaje pobre y sesgado que ignora la transformación profunda que han vivido los actores y los instrumentos de la cooperación en las dos últimas décadas, desde la ayuda presupuestaria de los gobiernos al modelo integrado de campañas-programas que han desarrollado las grandes ONG internacionales en ámbitos como la seguridad alimentaria o el acceso a la salud básica. Los grandes filántropos como la Fundación Gates, a la que despacha en cuatro líneas, han transformado el modo en el que gobiernos, empresas y ONG de Norte y Sur se enfrentan a algunos problemas atávicos del desarrollo.

En ocasiones, el texto deja de ser incorrecto para ser insultante. Sugerir que los técnicos de captación de las ONG se frotan las manos cada vez que se produce una catástrofe (pág. 31) es simplemente miserable. El listado de murmuraciones e inferencias no fundamentadas o citadas es interminable. Las páginas finales, en donde se supone que el Sr. Nerín nos desvela su receta para el progreso de África, son kafkianas. Saltan de un asunto a otro sin ningún detalle o solución lógica de continuidad. El recurso a frases como "la solución de África es estructural" recuerda por su utilidad a aquellas recomendaciones del Banco Mundial de "políticas económicas sólidas".

Sinceramente, no hay nada llamativo en que un señor muy enfadado y con poco gancho haya decidido dedicar sus vacaciones a escribir esto. Lo verdaderamente sorprendente es que alguien se lo haya publicado. Y más aún que la prensa española decida darle cancha. Existen muy buenas razones para criticar el sistema de cooperación internacional y a sus actores, pero no las encontraremos en este libro. En La carga del hombre blanco, por ejemplo, el economista Bill Easterly hace una valoración muy negativa y bien investigada de la ayuda por sus implicaciones en la estabilidad macroeconómica de los países, el modo en el que determinan las prioridades del desarrollo o el fomento de la dependencia. De forma mucho menos matizada, Dambisa Moyo hacía también una crítica de los resultados del sistema en Ayuda muerta. Y otros tantos que han ido profundizando en los matices de un asunto tan complejo.

Pero ninguno de ellos ignora los hechos. Como publicó recientemente OXFAM en este informe, la cooperación internacional ha sido determinante para sostener servicios sociales básicos en buena parte del continente africano (ver los ejemplos de Mozambique, Burundi o Tanzania), por no hablar de reducir el impacto de las crisis humanitarias. La clave es que en cada uno de estos casos la ayuda ha jugado un papel necesario y nunca suficiente (a pesar de lo que dicen algunos fundamentalistas en el extremo contrario de Nerín). No hace falta dar la vuelta al mundo para saber que los recursos públicos (sean propios o donados) son infinitamente más eficaces en un contexto institucional y legal sólido. La corrupción o mal gobierno no son inventos de la ayuda".