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Vientos huracanados en un planeta extrasolar

Unos astrónomos miden directamente la masa y la velocidad de un cuerpo alrededor de una estrella que está a 150 años luz de la Tierra

A 150 años luz de la Tierra, en torno a una estrella como el Sol, gira un planeta que tiene aproximadamente un 64% de la masa de Júpiter. En ese mundo lejano soplan vientos huracanados, a una velocidad de hasta 10.000 kilómetros por hora, producidos por el fuerte contraste de temperatura en la atmósfera entre la cara ardiente del planeta orientada hacia la estrella y la cara oscura y fría. Unos astrónomos han sido capaces de detectar y medir esos vientos. Además, han logrado determinar directamente la masa del planeta y la velocidad a la que orbita en torno al astro, que es de 140 kilómetros por segundo. El planeta se llama HD209458b, su órbita está a 7,5 millones de kilómetros de la estrella y cumple un giro completo cada tres días y medio terrestres, presentando siempre la misma cara al astro, como la Luna a la Tierra.

Desde que hace 15 años los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz dieron la campanada al anunciar el descubrimiento del primer planeta alrededor de una estrella distinta del Sol, los avances en este campo, que se ha convertido en uno de los más competitivos de la astronomía, se producen a buen ritmo, no sólo por el número de exoplanetas localizados (más de 460 hasta la fecha) sino también por las características que los científicos son capaces de identificar en ellos. El trabajo de Ignas A.G.Snellen (Universidad de Leiden, Holanda) y sus colegas sobre los vientos en HD209458b y las medidas directas de su masa y velocidad, que presentan en la revista Nature, es de los que destacan.

En la cara caliente de ese planeta extrasolar, la temperatura superficial alcanza los mil grados centígrados, calentada por la estrella, mientras que en la otra cara el frío debe ser intenso. "En la Tierra, las grandes diferencias de temperatura inevitablemente provocan vientos fortísimos y, como demuestran nuestras nuevas medidas, la situación no es diferente en HD209458b", explica Simon Albrecht, uno de los científicos del equipo. Estas observaciones han sido posibles gracias a un instrumento espectrógrafo de alta precisión denominado Crires, instalado en uno de los observatorios del conjunto de cuatro grandes telescopios VLT, en Chile, del Observatorio Europeo Austral (ESO).

Los primeros planetas extrasolares, y muchos de los que se han ido descubriendo después, se detectan por el bamboleo que su presencia provoca gravitacionalmente en la estrella. Pero otro método para descubrirlos es apreciar en una estrella una levísima caída de su luz debida al paso de un cuerpo, un planeta, que se cruza por delante en la línea de visión de la Tierra. Se denomina tránsito y HD209458b fue el primer planeta extrasolar descubierto así.

Snellen y sus colegas han explotado al máximo esta idea del tránsito y han sido capaces de detectar y analizar, con el Crires, la huella que el monóxido de carbono de la atmósfera de HD209458b deja en la luz de la estrella cuando ésta la atraviesa. Así han medido cuándo carbono contiene -"tanto como en Júpiter o en Saturno", dice Snellen- y, mediante la técnica denominada de desplazamiento Doppler, incluso apreciar el viento.

Los astrónomos hicieron las observaciones de HD209458b con el VLT en agosto de 2009, explican en Nature, durante cinco horas. En ese tiempo cubrieron los 180 minutos de tránsito del planeta cruzándose por delante de su estrella más las fases anterior y posterior.

La especialista Mercedes López-Morales (Carnegie Institution, Washington) destaca en su comentario en Nature el hecho de que estos astrónomos hayan podido hacer con un telescopio en tierra medidas de tan alta precisión, algo que, hasta hace muy poco, se consideraba posible únicamente con observatorios espaciales. Los telescopios VLT tienen espejos de 8,2 metros de diámetro. Por ello, los descubrimientos de Snellen y sus colegas, añade López-Morales, "son solo la punta del iceberg en la comprensión de la física de las atmósferas de los exoplanetas", en la perspectiva de lo cabe aprender con la próxima generación de telescopios gigantes, incluido el de 42 metros de diámetro que planea el ESO o el de 30 metros de los estadounidenses.

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