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Se busca médico para invernar en la Antártida

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La base antártica Concordia es uno de los lugares más aislados y duros del planeta, sobre todo el invierno, con temperaturas que descienden hasta 84 grados bajo cero. Desde Febrero a noviembre, cada año, los habitantes de la base científica sólo pueden comunicarse con el mundo exterior por radio, nada ni nadie más llega hasta allí durante meses y cualquier problema tienen que resolverlo solos. Ahora mismo viven en la base 13 personas. Precisamente por esas condiciones de aislamiento y ambiente hostil, la Concordia es un sitio interesante para la Agencia Europea del Espacio (ESA), que realiza allí experimentos de larga estancia para estudiar y medir las reacciones fisiológicas y psicológicas del ser humano en situaciones extremas. La experiencia que puede ser útil en expediciones espaciales prolongadas. Para el próximo invierno austral, la ESA busca ahora candidatos que estén dispuestos a vivir la experiencia. Tienen que ser médicos de formación y el plazo de presentación de candidaturas acaba el próximo 7 de julio.

La Concordia es una de las poquísimas bases antárticas que se mantienen operativas todo el año, mientras que la inmensa mayoría de ellas (incluidas las dos españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla, ambas en la península Antártica) solo están habitadas en el verano austral, de diciembre a marzo. Se trata de una base franco-italiana, inaugurada en 2005, que está en la Meseta Continental Antártica, a 3.233 metros de altura y 1.670 kilómetros de distancia del polo Sur. Sus coordenadas son 75 grados de latitud Sur y 123 grados Este. La temperatura media en ese paraje es de 50 grados centígrados bajo cero y en verano la máxima no supera los 25 grados. Los científicos y personal de apoyo de la base viven en dos edificios principales, con forma cilíndrica de 18,5 metros de diámetro y 12 de altura. Allí van los científicos a realizar investigaciones muy variadas, desde glaciología hasta astronomía, meteorología, tecnología y biología.

En muchos sentidos, sobre todo por los desafíos que tiene que afrontar el ser humano, una base antártica de estas características es similar a un laboratorio orbital o a una nave interplanetaria. Por ello, la ESA comenzó hace años a colaborar con las dos instituciones que construyeron y operan ahora la Concordia: el instituto polar francés (Institute Paul Emile Victor) y el programa italiano antártico (Programma Nazionale di Riecerche in Antartide).

El objetivo principal de la agencia espacial en estas experiencias de larga permanencia en la base es comprender cómo el organismo y la mente humana se adaptan a entornos extremos. En el programa de investigación, que ya se ha realizado en años anteriores, la persona seleccionada por al ESA toma datos de todos los miembros de la base durante su estancia, por lo que se requiere una formación médica para realizarlo.

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