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Peces sospechosos

La trucha arco iris es americana, pero campa a sus anchas en los ríos españoles. Como ella, otras especies piscícolas foráneas acogotan a las autóctonas y se adueñan de su territorio

La invasión de especies exóticas está considerada una de las causas principales de amenaza para la fauna y la flora en el mundo. El Atlas y libro rojo de los peces continentales de España, publicado por el anterior Ministerio de Medio Ambiente y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), recoge un total de 70 especies, de las que 23 son exóticas. De una de ellas, de la trucha arco iris, dice lo siguiente: "Representa una considerable amenaza para nuestros peces autóctonos al ser una especie depredadora que puede habitar en zonas con poblaciones autóctonas de salmónidos y ciprínidos".

Algunas Comunidades Autónomas y federaciones y sociedades de pescadores no ven esa "considerable amenaza". Por ejemplo, el Boletín Oficial del Estado del 7 de enero publica una resolución de la Comunidad de Madrid por la que "se hace pública convocatoria para la adjudicación del contrato de suministro de repoblación piscícola intensiva de embalses con trucha arco-iris". Cataluña, Aragón y Asturias autorizan sueltas similares.

Las autoridades dicen que así reducen la presión pesquera en las áreas sensibles

La Asociación para el Estudio y la Mejora de los Salmónidos (AEMS-Ríos con Vida) acaba de publicar un informe en el que detalla dónde y cómo afecta la suelta de la americana trucha arco iris y de variedades centroeuropeas de trucha común al resto de la fauna piscícola española, en especial a las especies autóctonas, las más castigadas. Hablan directamente de ilegalidad en las sueltas, ya que "incumplen el Convenio de la Diversidad Biológica, el de Berna relativo a la Conservación de la Vida Silvestre en Europa, las directivas de Hábitats y Marco del Agua y las leyes de Impacto Ambiental y del Patrimonio Natural y Biodiversidad, además de constituir una infracción del Código Penal". El informe recoge lo que establece el Código Penal en su artículo 333, con castigos de penas de presión o multa al que "introdujera o liberara especies de flora o fauna no autóctona, de modo que perjudique el equilibrio biológico, contraviniendo las leyes o disposiciones de carácter general protectoras de las especies de flora o fauna".

Los pescadores y las Comunidades Autónomas reconocen autorizar esta actividad porque no perjudica el equilibrio ecológico. Josep Escorihuela es jefe del Área de Pesca Continental de la Generalitat de Cataluña, y afirma que "las sueltas de trucha arco iris se realizan en zonas de pesca intensiva que no son aguas de salmónidos, sino limítrofes, por lo que no se da una competencia con la especie autóctona, que está recluida en las cabeceras de los ríos". Como ocurre en otras regiones, las autoridades aseguran que así descargan de la presión pesquera las áreas más sensibles. En idénticos términos se expresa Felipe Ruza, subdirector general de Conservación del Medio Natural de la Comunidad de Madrid, quien mantiene que no cometen ninguna ilegalidad porque la trucha arco iris "es una especie introducida, no invasora, que se suelta solo en embalses donde ya estaba antes y no es un hábitat adecuado para la trucha común".

Lo que sí admiten autoridades y sociedades de pescadores es no contar con estudios o informes que confirmen la no interacción negativa, solo "la certeza de que es así tras muchos años de pesca y observación". Ignacio Doadrio, investigador del CSIC, coordinador del libro rojo mencionado y experto en peces continentales, asegura que "no existe un solo científico que firme un estudio que diga que las sueltas de trucha arco iris no influyen en el ecosistema y que la especie no compite y desplaza a otros peces en su alimentación".

En AEMS-Ríos con Vida también hablan de competencia sobre el territorio y los recursos alimentarios, de hibridación en el caso de las variedades alóctonas de trucha común y de transmisión de enfermedades. César Rodríguez, técnico y consultor ambiental y secretario general de la asociación, afirma que "algunas de estas prácticas han destrozado totalmente la población autóctona en el río Jiloca, cauce que está en plena área de influencia del río Pancrudo, reservorio de uno de los ecotipos autóctonos de trucha mas emblemáticos de Aragón, y hay más casos como éste".

Al Pancrudo se refiere también Ramón Rodríguez, presidente de la Federación Aragonesa de Pesca y vicepresidente de la española: "Allí la pesca está vedada y se mantiene como un reservorio porque somos los pescadores los que detectamos los lugares donde quedan truchas autóctonas y se lo decimos a las autoridades para que prohíban las capturas". Además, añade el tema económico para defender las sueltas y cotos: "Yo hablo con la gente del territorio y veo que, en muchos casos, una de las pocas opciones para fijar población y conseguir rentabilidad económica es potenciar este tipo de pesca".

Los olvidados

La proliferación de especies exóticas en los ríos españoles es tal que en muchos tramos superan a las autóctonas. Siluro, black bass, lucio-perca y alburno, entre otros, tienen acogotados al esturión, el fartet, la lamprea marina y el samaruc, por citar a los cuatro incluidos en la categoría de "en peligro de extinción" en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. El propio Atlas y libro rojo de los peces continentales de España propone elevar esa cifra a 14. Casi el 100% de las especies autóctonas aparece con alguna categoría de amenaza. Científicos y conservacionistas confían en que la revisión del catálogo y la elaboración del de especies invasoras acaben por otorgar una protección eficaz a una de las clases de animales más castigadas y olvidadas.

Los pescadores tampoco ven con buenos ojos que se limite la presencia de las especies más agresivas, como los siluros. Ramón Rodríguez es partidario de que "se limiten las zonas de distribución, porque a las especies exóticas hay que encontrarles su espacio para que causen el menor mal posible".

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