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Nayare Soledad Otorongx: «Las latinas estamos en lo exótico. No se nos considera productoras de conocimiento o pensamiento»

En su actual residencia en Matadero Madrid, acaba de organizar Matarile Rile Ball (una competición de ‘ballroom’ de personas racializadas queer con un jurado trans), ha escrito el poemario Bendiciones Travestis y, junto a otras compañeras, ha emprendido Tranny Tranny House, un proyecto que ya existe en Lisboa, Lima o Ciudad de México para lograr una casa para personas transexuales.

Nayare lleva blusa, pantalón y pendientes, todo de GUCCI OUVERTURE. Bolso Dionysus con cadena en GG Supreme y cierre de cabeza de tigre de GUCCI BELOVED.
Nayare lleva blusa, pantalón y pendientes, todo de GUCCI OUVERTURE. Bolso Dionysus con cadena en GG Supreme y cierre de cabeza de tigre de GUCCI BELOVED.Javier Biosca

Nació en Perú hace veinticuatro años, lleva la mayor parte de su vida en España y un taller impartido por el colectivo Migrantes Transgresorxs al que acudió cuando estudiaba Bellas Artes en la Universidad Complutense le cambió la vida. A partir de entonces, recupera la memoria de travestis ancestrales, experimenta con la fotografía, la exploración corporal y la poesía. En su actual residencia en Matadero Madrid, acaba de organizar Matarile Rile Ball (una competición de ‘ballroom’ de personas racializadas queer con un jurado trans), ha escrito el poemario Bendiciones Travestis y, junto a otras compañeras, ha emprendido Tranny Tranny House, un proyecto que ya existe en Lisboa, Lima o Ciudad de México para lograr una casa para personas transexuales.

¿Por qué es importante la reivindicación de tus raíces en tu trabajo?

Por la herida de la migración, la fragilidad que uno vive en este país y todo lo que rodea lo travesti. Y no solo es importante sino inevitable. Es un legado, es lo que te define. En mi trabajo está la huella de mi país aunque me vine en la niñez, pero tengo la intención de seguir buscando dónde estaban las travestis de hace 500 años y rescatarlas.

¿Cuentas con referentes cercanos que te ayudan en estos procesos?

Sí. La artista mexicana Lía García, La novia sirena, es una persona de extrema ternura con la que aprendo cómo trabajar desde el amor incluso teniendo mucha rabia. Me ha ayudado a buscar otros referentes anteriores como Giuseppe Campuzano, una travesti peruana que fue artista y performer y considero una abuela aunque no la haya conocido nunca. Otra amiga Jos, es artista venezolana trans y mi hermana de la vida.

¿Sientes representación en el discurso oficial?

Las latinas estamos en lo exótico. No se nos considera productoras de conocimiento o pensamiento. Estamos dando caña como podemos, bajito desde mi gusto, pero no creo que estemos en lo oficial. Y es importante porque no estar representados no es una opción. Pero me preocupa que esta representación no se quede en fotografías por la calle con personas de todos los colores y una chica trans por ahí perdida. Si la representación se basa solo en lo que vemos con los ojos y no con quién tenemos tacto, con quién tenemos relación, en quién pensamos y a quién amamos, no me interesa. Y si la representación es el ojo, es necesario que se nos vea para conseguir más trabajo.

¿Cuándo despierta tu conciencia?

En la facultad de Bellas Artes. Allí se hacían muchos talleres para que entrara aire nuevo de fuera porque si no nos quedábamos en el siglo XIV. Así apareció el colectivo Migrantes Transgresorxs compuesto por cinco personas trans migrantes. Su taller consistía en sacar del depósito de la biblioteca libros de personas LGTBI de otros países que no fueran de España y que no hubiéramos visto nunca. A mí me salvó la vida ver que existen mariconas y travestis que habían escrito. ¡Había unos veinte libros! Era como verme en un espejo y a partir de ahí quise continuar el trabajo para que las que lleguen después sepan que existimos desde hace mucho. Y que aunque dentro de cincuenta años sigan diciendo que estamos enfermas, sepan ni no estuvimos ni lo estaremos.

¿Cómo comienzas a desarrollar este trabajo?

El origen fue en Matadero, donde se activaron encuentros. Luego empezamos a hacer talleres de voguing en 2018, porque existía una escena en Madrid pero era de españoles triplemente españoles. Ja, ja, ja. Había muchas fiestas pero o tenían un precio que muchas no nos podíamos permitir o se hacían en centros culturales que quién accede a ellos. Entonces no había una alternativa y cuando comenzamos con nuestros talleres, que Galaxia La Perla se ha trabajado mucho, comenzamos a ver que en Madrid había un montón de maricas y travestis de todos los lados del mundo. De todas formas yo vivía en Alcalá de Henares y allí está más feo, es más difícil moverse y más violento.

¿En qué se diferencian los ballroom que organizáis al resto?

La primera ball organizada por personas migrantes la montó Galaxia La Perla en la Puerta del Sol en 2019 junto a SOS Racismo. Y fue muy guay. Vino de jurado gente de Londres y Francia. Ahí nos demostramos que podíamos hacerlo. Y en la última que hicimos hace unos días en Matadero y que llamamos Matarile Rile Ball todo el jurado fue trans. Eso es importante porque hay que rendir culto a quienes empezaron esta cultura: mujeres trans, negras y latinas que no tenían por dónde salir porque las echaban de todas partes. Aunque esto sigue pasando en 2021.

¿Todavía?

Claro. Antes de la pandemia, cada vez que salíamos había que discutir mínimo en dos sitios porque nos decían: “No das el perfil para entrar”. Y dime lo que quieras menos eso. Estamos en 2021. Si lo comparas con hace cuarenta años, depende de qué ojo mire tampoco ha pasado tiempo, así que este look ochentero que me habéis puesto para la fotografía va perfecto porque seguimos en los ochenta. Por eso comenzamos a hacer fiestas hace tres años como Dos gitanas negraspara personas LGTBI migrantes y racializadas junto artistas locales. Estas fiestas son una obra de arte en sí y son necesarias porque son espacios seguros donde no vamos con miedo.

 ¿Por qué es tan importante el Ballroom para vosotras?

Por encontrarnos. Es un espacio de exagerar lo que una tiene, caminar como Beyoncé, ponerte un outfit que nunca más te vas a poner, etc. En ese proceso encuentras cosas que hay en ti y que luego tienes que gestionar en el día a día. También es importante por reconocernos entre nosotras. De ahí salen proyectos en los que colaborar o incluso irnos a vivir juntas. Y para un señor de una oficina que presencia una ball, le guste o no, es interesante porque se va a hacer preguntas sobre su cuerpo. Le va a remover.

También escribes poesía.

Sí. Acabo de terminar un fanzine de poesía y la escritora Gabriela Wiener, que es increíble, el año pasado escribió un artículo con un poema mío. Además, ahora también estoy haciendo unos sketch de vídeo con amigas trans más mayores que yo y con una historia diferente a la mía. Ellas llegaron a España hace años, pasaron una transición larguísima. Son gente increíble con una experiencia muy fuerte de resistencia. Tienen veinte consejos y veinte insultos para que espabile y se lo agradezco un montón. Son mi familia de no sangre.

Otro proyecto en el que estás trabajando es Tranny Tranny House. ¿En qué consiste?

Empezó como un crowdfunding para juntar plata y alquilar una casa para amigas trans que no consiguen un contrato de arrendamiento y las echan a cada rato. Pero ha derivado en un proyecto más artístico, de ‘transhouse’ que ya existen en ciudades como Lisboa, Lima o Ciudad de México. Aquí es necesario no solo por dar una casa, que sería suficiente, sino por tener un espacio de autoempleo, apertura y diálogo con el barrio, etc. Estamos comenzarlo a moverlo.

Tu madre ha sido un apoyo desde el principio. ¿No?

Con esto de salir de alguno de los veinte armarios hemos tenido algún distanciamiento. Pero es una persona muy sabia y desde que cayó en este país limpia casas sin parar, te sonríe todos los días y es la que nos ha dado todo. Se ha partido el lomo. Es la que consiguió la nacionalidad y se la dio a mi padre y a mí. Y no para. Es todo un ejemplo para mí.

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