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«Al trabajo no vengo a hacer amigos»: por qué convertir a los compañeros de trabajo en colegas sí es saludable

Todos los estudios dicen que serás más feliz, te comprometerás más con tu trabajo y todo saldrá mejor. Pero el teletrabajo y las nuevas relaciones sociales están poniendo a prueba los límites entre la vida personal y la profesional.

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Getty Images

Sinceramente, ¿a cuántos amigos del trabajo invitarías a tu boda? Ana (ingeniera, 41 años) llenó dos grandes mesas redondas en la suya: “Llevo 10 años trabajando en la misma empresa y muchas compañeras se han convertido en amigas. Comemos juntas todos los días, ¿cómo no les iba a invitar?”. Unos meses después se casaba Adriana (comunicación, 35 años), que solo contó con una excompañera a la que considera “amiga de verdad”: “Reconozco que me dio un poco de apuro no invitar a nadie de mi equipo actual, no quería que sentara mal, pero al reducirlo a cero creo que se entendió que quería una celebración más íntima. Fue un momento un poco delicado pero es la verdad: me llevo bien con mis compañeras pero nuestra relación es algo circunstancial”. La pregunta de la boda viene al caso porque es un momento en el que hay que escribir una lista, poner nombres que sí y nombres que no, y dejar negro sobre blanco en qué lugar colocamos a cada uno. En ambas respuestas vemos asomar la patita de la culpa -dejar entrar o no a un colega en un espacio tan personal, esa es la cuestión-, en lo que es un ejemplo perfecto del resbaladizo terreno que pueden ser las amistades en el trabajo.

Si tenemos en cuenta que pasamos un tercio de nuestra vida trabajando (según Sodexo) y que compartiremos con nuestros colegas más horas que con nuestra propia familia (unas 2.000 al año, cifra Gallup), más nos valdría tener un amigo al lado porque como dijo Sir Francis Bacon, “la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”. Y todos sabemos que en el trabajo, de vez en cuando, aparecen ciertas angustias.

A principios de los años 90 la consultora independiente Gallup creó el Q12, un formulario con 12 preguntas que identifican el nivel de compromiso de los trabajadores como un sistema de feedback para que los empresarios, directivos y altos cargos pudieran identificar los elementos que ligaban al trabajador con la organización. La pregunta número 10 es esta: “¿Tienes un buen amigo en el trabajo?” Sus conclusiones a lo largo de los años apuntan a que tener un amigo no parece del todo imprescindible pero, si lo tienes, todo es mejor. Compartir los problemas, dudas e inquietudes nos ayuda a relativizarlos. “Tener una red interna de apoyo te ayuda en muchos momentos tanto buenos como no tan buenos. La amistad en el trabajo me ha ayudado en el desarrollo y crecimiento, y también a disfrutar lo que hago desde un plano no solo profesional”, dice Maider (directora en una consultora, 38 años). Entre los muchos beneficios de tener un amigo al lado en el trabajo está el de la confianza: “Facilita una visión más completa, y poder preguntar e indagar sin la presión de tener que aparentar o demostrar un conocimiento que aún no posees”, reconoce Cecilia (financiera, 38 años), que acaba de cambiar de trabajo dentro de una gran empresa y se sentiría “rara” sin un apoyo más allá del simple compañerismo en el lugar donde pasa más horas al día.

Eso sí: algo está cambiando. La pandemia ha sido una prueba de fuego para la deslocalización, tanto del lugar de trabajo como de las relaciones que suceden en él: “Estoy aprendiendo a tener solo compañeros. Es la tendencia que acompaña el teletrabajo, las nuevas sedes con espacios no asignados y el individualismo. Antes nos pedían saber trabajar en equipo, ahora solo que cumplamos nuestros objetivos. A mí siempre me han valorado muy positivamente que coordine tan fácilmente con otros departamentos”, cuenta Cecilia.

A la luz de la epidemia de agotamiento que estamos experimentando actualmente (la Gran Resignación estadounidense, o la Gran Resiliencia española: distinto contexto, mismo desencanto) el impacto positivo de la amistad en el trabajo es algo que muchos análisis están realzando. En esta línea, el estudio de Gallup asegura que los empleados felices están el doble de tiempo centrados en su trabajo, tienen un 65% más de energía, esperan permanecer en su puesto de trabajo cuatro veces más tiempo y están también cuatro veces más satisfechos con su vida que los empleados que no son felices. Y la tesis se reafirma en muchas otras fuentes: según la Encuesta de amistad y felicidad en el lugar de trabajo de 2021 realizada por Wildgoose, empresa británica experta en teambuilding, el 57% de las personas dice que tener un mejor amigo en el lugar de trabajo hace que el trabajo sea más agradable, el 22% se siente más productivo con los amigos y el 21% dice que la amistad los hace más creativos. Más datos: Bizneo HR, compañía experta en software de recursos humanos, concluye que un ambiente positivo hace más fácil el logro de los objetivos, incrementa la productividad hasta un 12% y que la implicación personal es mayor cuando se alcanza un determinado vínculo emocional. Ya en 2019 el World Economic Forum publicaba un post titulado animando a transformar a los colegas en amigos. Por su parte, LinkedIn ya advirtió hace unos años que el 46% de los profesionales de todo el mundo cree que tener amigos en el trabajo mejora su felicidad general. Parece evidente que crear vínculos con los demás puede hacernos sentir más conectados, lo que, a su vez, puede ayudar a aumentar el compromiso con la empresa, ergo, la productividad.

Parece, entonces, que una de las cosas que contribuye a la vida laboral positiva es el sentido de la camaradería, una sensación de unión y de confianza. ¿Pero qué ocurre cuando algo se rompe? Un estudio de la Universidad de Rutgers sugiere que desarrollar amistades en el trabajo puede ser una bendición a medias, porque tanto establecerlas como intentar mantenerlas puede resultar emocionalmente agotador. Una opinión interesante es la de Pam Hamilton, experta en trabajo en equipo y autora de Supercharged Teams: 30 Tools of Great Teamwork: “Algunos de los equipos con peor desempeño que conozco lo forman grandes amigos, pero no son capaces de hacer nada. La investigación de inteligencia colectiva nos dice que los equipos que evitan el conflicto constructivo a favor del consenso toman menos decisiones exitosas porque no se desafían lo suficiente”, decía en una entrevista en la revista Forbes. Hamilton cree que si bien es fácil asumir que la amistad es el primer paso hacia el trabajo en equipo, en realidad es al revés. “Venimos a trabajar para lograr algo, ya sea lanzar un nuevo producto o servir a nuestros clientes. Poner la amistad antes que el trabajo en equipo significa que podríamos lanzar un producto inferior porque no queríamos herir los sentimientos de alguien, u olvidarnos de servir a nuestros clientes porque estamos demasiado ocupados pasándolo bien”, apunta. Algo así le pasó a Maddalena (emprendedora, 36 años): “Colaboré con una amiga muy cercana, que no hizo un buen trabajo y acabé estropeando el proyecto para defenderla”. Sin embargo, sigue creyendo en la amistad como impulso: “Creo que un buen equipo necesita química interpersonal además de motivación profesional. Hay que reír, divertirse trabajando”. De hecho, así es como conoció a su pareja: “Me enamoré de un subordinado, pero decidimos cambiar de trabajo inmediatamente. No es sano para la relación, ni para el trabajo a largo plazo. Con las amistades es más gestionable, pero considero una regla importante nunca contratar a un amigo muy cercano o a un familiar. Siempre se crean situaciones complicadas”, cuenta.

Qué pasa cuando tengo al jefe en Instagram

Precisamente esta es una de las líneas más escurridizas en este tipo de relaciones: ¿Puedes, de verdad, ser amigo de tu jefe? ¿Y puede un jefe, de verdad, ser amigo de un subordinado? Navegar por la dinámica jefe-amigo es muy diferente hoy a lo que era hace 15 años. Antes de la existencia de los smartphones y las redes sociales las personas sabían mucho menos sobre la vida privada de los demás y colaboraban principalmente en el horario de oficina cuando los colegas estaban disponibles en persona. Hoy somos accesibles las 24 horas y la etiqueta social es otra muy distinta: según observó Harvard Business Review el 32% de los trabajadores es amigo de su jefe en Facebook, el 19% se sigue en Instagram y el 7% en Snapchat. Casi siete de cada diez trabajadores tiene el número de móvil personal de su jefe, el 60% ha conocido a su pareja, el 24% ha visitado su casa y el 34% ha solicitado el consejo de su superior sobre asuntos personales. Hoy hay más amistades en el trabajo y todos sabemos quizá demasiado los unos de los otros. Maider, que dirige su propio equipo, lo ve así: “Cuando eres un líder amistoso hay momentos en los que te ves envuelto en conversaciones demasiado personales con el equipo y luego es difícil mantener las distancias para tener una conversación sobre mal desempeño o desvinculación”. En su experiencia, ser jefa y amiga es “difícil pero no imposible. El desafío: las conversaciones de reto/feedback y aislar los planos profesionales de los personales. A veces ser líder es solitario, porque cuesta compartir las inseguridades, las dudas y escepticismo con un equipo al que luego hay que dar ejemplo, apoyar y guiar”.

Roberta (logística, 36 años) dirige un equipo en una compañía internacional y no cree que sea posible ser jefa y amiga a la vez: “Hay personas que entienden lo que te pasa cuando hay retos, problemas e incluso éxitos, te pueden dar buenos consejos y apoyo, pero depende de la definición de amistad. Creo que amigas-amigas hay muy pocas, otra cosa es la gente con la que se sale para una cerveza después del trabajo, algo que yo misma necesito. Pero no es amistad-amistad, sino más bien personas con afinidad. Además, siendo jefa puedes tener mentorship, pero no amistad. Es muy duro para mí ser amiga fuera de la oficina y jefa dentro”.

Sin embargo, cuando tienes un carácter muy sociable es fácil convertir la camaradería en algo más. “Me sentiría perfectamente cómoda en un trabajo con buenos compañeros pero sin amigos, aunque como soy una persona bastante cariñosa me cuesta no aferrarme a la amistad cuando alguien me cae bien”, cuenta Sabina (farmacéutica, 39 años). “Es interesante ese tipo de amistad jefe-empleado en cuanto a aprender a separar lo profesional de lo personal porque puede resultar complicado, la línea puede ser tan fina cuando se involucran sentimientos que es fácil que se haga daño a la hora de aceptar las críticas propias del trabajo y del día a día”.

La clave parece estar en los límites.  “Creo que es perfectamente posible siempre y cuando se dé entre personas formadas y profesionalmente maduras que sepan y entiendan dónde están los límites sin que ninguno de ellos tenga que imponerlos. Creo que es una relación muy sana pero muy escasa porque muy pocas personas tienen esa madurez para que esos límites se den de forma natural”, opina Cecilia. Esta financiera observa, también, que según cumplimos años parece que la necesidad de hacer amigos va modulándose: “Las amistades en el trabajo en los primeros años son muy importantes, se convierten en «un equipo contra el mundo» y crean un muy buen ambiente. Recuerdo salir a horas intempestivas de trabajar todos los días durante tres meses, y aún así, tomarnos una copa de vino juntos y al día siguiente volver con una sonrisa. Esos días nos creíamos invencibles. Conforme pasa el tiempo, las nuevas amistades son más un acompañamiento y en algunos casos de puro interés, lo que lleva a la decepción a los que seguimos socializando con ilusión. Nos convertimos en anécdoticos y divertidos los que interrumpimos una conversación de trabajo diciendo me lo cuentas tomando un café”.

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