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Jeson Button, caballero al volante

Tal vez no sea el más rápido en la pista, pero nadie puede arrebatarle el título del piloto más elegante de la Fórmula 1.

Jeson Button
Cordon Press

Las vistas son vertiginosas desde el At.mosphere Lounge del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, en Dubái. De repente, aparece Jenson Button enfundado en un traje gris de Hugo Boss y se comprende por qué todos los calificativos atribuidos al piloto inglés hacen siempre referencia a su estilo.

El personaje tiene muchas posibilidades para ganar, no solo otro título a Campeón Mundial de Fórmula 1–en 2009 ya obtuvo este triunfo–, sino las simpatías tanto de aficionados a las carreras como de cualquiera capaz de distinguir a un dandi entre una multitud. Triunfador hecho a sí mismo –su padre tenía muchas veces que pedir dinero prestado para comprar gasolina cuando el pequeño Jenson corría en karts–, tiene la humildad de reconocer los errores y saber que la vida se parece más a una vuelta en montaña rusa que a una carrera de Fórmula 1. Pero, además, el piloto derrocha encanto y simpatía. «Esto me impresiona bastante y, aunque estoy familiarizado con la velocidad, me asombra la rapidez con la que el ascensor sube», comenta respecto al edificio elegido para la presentación de Boss Bottled Sport, la última fragancia de Hugo Boss, de la que es imagen.

‘Glamour’ de otra época

En ocasiones, el inglés ha admitido sentir nostalgia por el mundo de la Fórmula 1 de los años 70, cuando los pilotos se dedicaban a correr lo más deprisa posible y apurar el resto de su existencia en fiestas, chicas y yates. El propio Button parece salido de una película de aquella época, en la que las novias despedían a los corredores con un beso de tornillo en la parrilla de salida. «Uno ve las viejas fotos de aquellos años y se da cuenta de que el mundo de la Fórmula 1 estaba rodeado de ‘glamour’. Todavía existe algo de eso, pero los pilotos ya no lo experimentamos tanto», comenta en declaraciones a S Moda. «Ahora, los coches son más complicados de pilotar. Son más seguros que antes, pero también requieren más capacidad mental. Esto cada vez es más competitivo. El Gran Premio de Mónaco es la única cita que conserva ese espíritu de lujo. Todo el mundo va vestido como para asistir a una fiesta».

Un ‘playboy’ con cabeza

En los primeros momentos de su carrera, Button parecía atrapado y fascinado por la cara más glamurosa de su profesión. Se le acusó de estar más centrado en lo que ocurría fuera de la pista que en la propia competición, saliendo más en las revistas del corazón por sus sucesivas novias –Louise Griffiths, Florence Brudenell-Bruce y actualmente Jessica Michibata– que en las noticias deportivas por sus triunfos en las carreras. Compró un yate cuando tenía solo 21 años, momento en el que afloró una fama de playboy que ahora pretende olvidar. «Cuando empecé, hubo un fallo en la orientación de mi carrera. Ahora soy más responsable. Me gusta vivir la vida hasta el fondo. Trabajo muy duro, la Fórmula 1 te exige mucho y cuando estoy fuera de la pista intento disfrutar. Tengo que reconocer que también soy bastante bueno en eso».

Correr un triatlón en Hawái –«como castigo», según él– tras su última y desastrosa carrera del Gran Premio de Malasia, nadar con pingüinos en Melbourne después del premio de Australia o volar a Las Vegas con su padre, novia y amigos para celebrar su victoria en Canadá en el año 2011 son las formas de desconectar made in Button.

La moda, elemento importante para todo bon vivant, es otro de los pasatiempos del piloto, y cuando se le pregunta sobre su icono masculino de estilo contesta: «Yo diría que James Bond», con quien comparte afición por las mujeres, los coches y los yates, elementos en su opinión del mismo género. Una vez le preguntaron si hablaba con su coche y contestó: «A veces, pero no es con él, es con ella. Los coches son femeninos, como los barcos».

Pero volvamos con el agente secreto. «Sí, Bond es la representación de la elegancia. Todo a su alrededor es selecto. A mí me gusta ir cómodo, pero si salgo de noche, me gusta llevar traje. Y me refiero a que todo sea armonioso, a que el conjunto funcione: zapatos, camisa, corbata».

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