DISCOS PERDIDOS | 1

El último esprint de los Beatles

Reconstrucción del misterio alrededor de ‘Hot As Sun’, el disco número 13 del grupo de Liverpool

Versión imaginada del disco de The Beatles 'Hot as sun' por el prestigioso diseñador Javier Aramburu, autor de grandes portadas del pop español.
Versión imaginada del disco de The Beatles 'Hot as sun' por el prestigioso diseñador Javier Aramburu, autor de grandes portadas del pop español.JAVIER ARAMBURU

Son una especie de Santo Grial para los melómanos más voraces. Los llaman discos perdidos pero suelen estar localizables, aunque fuera de nuestro alcance, en archivos muy protegidos. Puede tratarse de trabajos que quedaron incompletos, por fuerza mayor o quebranto del impulso original. También podemos estar ante obras prácticamente terminadas, aparcadas por las dudas de la discográfica o del propio artista. En el caso de colaboraciones entre dos figuras, una bronca tardía sobre créditos o dinero fácilmente desemboca en el entierro de lo que comenzó como un alarde de buen rollo.

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Y luego están los discos contrafácticos. Los que dependen del “¿qué hubiera ocurrido sí…?”. Campo libre para la fantasía: ¿cómo hubiera sonado el encuentro de Miles Davis y Jimi Hendrix en un estudio?; ¿por dónde tiraría Kurt Cobain tras descubrir el pozo sin fondo de Leadbelly? Muchas especulaciones giran alrededor de lo que habría sido el 13º elepé de los Beatles, bautizado comúnmente como Hot As Sun. El título tiene resonancia histórica: es un instrumental compuesto por Paul McCartney en 1959, recreado con una letra improvisada durante la elaboración de Let it be y finalmente grabado en plan Juan Palomo para McCartney (1970).

Responde a una ocurrencia de la revista Rolling Stone. En septiembre de 1970, publicó un pequeño relato titulado El álbum de los Beatles que nadie oirá. Una ficción que podía ser tomada por información confidencial, dado que sus autores pertenecían a la industria musical. Se contaba el robo del máster del LP que supuestamente iba a llamarse Hot As Sun. Se exigía un rescate a cambio de la devolución de la cinta; el canje se efectuaría en Argelia, entonces madriguera de todo tipo de organizaciones con pretensiones revolucionarias. Los Beatles, con la mala conciencia de ser millonarios subidos sobre la ola de la contracultura, aceptaron pagar. Una vez realizado el intercambio, el enviado volvió a Londres. Ante el pavor general, se descubrió que la cinta ya no contenía música. Terminaron deduciendo que los extorsionadores habían cumplido con el trato, pero, en el aeropuerto de Argel, se acababan de instalar rayos X para inspeccionar los equipajes: mal calibrada, la máquina había borrado todo lo grabado en la bobina.

El cuento tenía un fallo obvio: el máster de un álbum puede ser reconstruido a partir de las mezclas finales de cada tema, que quedan almacenadas en el estudio de grabación. Y eso es lo que han hecho muchos fans de los Beatles, solo que trabajando con descartes de Let It Be y Abbey Road o incluso con canciones publicadas en los primeros lanzamientos en solitario de McCartney, George Harrison, Ringo Starr y John Lennon (bajo su nombre o como la Plastic Ono Band). Canciones que ya existían en los meses finales de los Beatles y que, en algún caso, hasta tocaron en el estudio.

Quedaría un gran álbum, sin duda. Imaginen una colección que incluyera Instant Karma, Maybe I’m Amazed, It Don’t Comes Easy, It Isn’t a Pity, Working Class Hero, All Things Must Pass, Jealous Guy, Every Night y, desde luego, Hot As Sun, todas procesadas por la eficaz maquinaria vocal/instrumental de los Beatles, afinada por el productor George Martin.

En esos afanes, late un deseo narcisista de reescribir la historia. Hoy sabemos que el clima interno de los Beatles degeneró velozmente en 1969: estallaron rencores hasta entonces reprimidos. George Harrison se hartó de la infinita condescendencia por parte de la dupla dominante. Ringo Starr se sintió humillado entre tanto gallo y, de hecho, fue el primero en dar un portazo (luego regresaría al redil). Sobre todo, se rompió la pareja que lideraba el proyecto. Con su crudeza habitual, Lennon le planteó a McCartney su deseo: “Quiero el divorcio.”

Ya conocen lo demás. Para que el barco siguiera navegando, Paul tomó el timón… y se ganó la antipatía de los otros tres. El capitán, John Lennon, había entrado en un periodo de apatía y drogas duras. La solución de McCartney pasaba por recuperar energías con conciertos por sorpresa, un entusiasmo no compartido. El choque final llegó por la necesidad de contar con un mánager que reemplazara al fallecido Brian Epstein, algo urgente dado los chorros de dinero que perdían con Apple Corps. Paul propuso a Lee Eastman, veterano del show business y padre de su esposa Linda. Sus compañeros no podían aceptar que el poder negociador también se desplazara a la esquina de McCartney; prefirieron a Allen Klein, un duro tiburón de la vieja escuela. Paul replicaría haciendo público el divorcio.

Buscando, todavía se pueden hallar ediciones físicas de Hot As Sun, obviamente piratas, ilustradas con imágenes extraídas de la última sesión fotográfica, desarrollada en agosto de 1969, con unos Beatles hirsutos posando en la mansión de John Lennon, Tittenhurst Park. Nuestra aportación a la leyenda consiste en una portada imaginada por el gran Javier Aramburu.

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