Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Fago: una viuda, un candidato y cualquier partido

El asesinato del alcalde dejó sin relevo a quien le sustituyó hace 11 años, único aspirante: "Antes se presentaba por el PP y ahora por el PAR, que da más cosas"

Una calle de Fago el pasado 9 de mayo.
Una calle de Fago el pasado 9 de mayo.

En España hay tres pueblos en los que a las elecciones no concurren solo los candidatos vivos sino también los difuntos. En Polop (Alicante), Fago (Huesca) y Llanes (Asturias) fueron brutalmente asesinados alcaldes y concejales. En algunos casos, como en Polop, pese a que los hechos se produjeron hace más de una década, siguen sin ser juzgados y los sospechosos conviven difícilmente con los familiares de las víctimas separados por un silencio colectivo que sigue siendo ensordecedor. En otros casos, como en Fago y en Llanes, el crimen condiciona la vida social del pueblo y también sus elecciones. Son pueblos marcados en los que otras variables afectarán a los resultados de los comicios de este domingo.

Desde que el 12 de enero de 2007 mataron a Miguel Grima, entonces alcalde de Fago (Huesca), este pequeño municipio —de ahora 23 habitantes empadronados y entonces 33— mantiene el mismo regidor, Enrique Barcos Barcos. En aquella época era teniente de alcalde por el PP y, tras el asesinato que “puso al pueblo en el mapa” (en palabras de sus vecinos), Barcos sustituyó a Grima en el cargo. Ahora, “igual de arisco” y convertido en el único candidato elección tras elección, sigue siendo alcalde pero por el PAR (Partido Aragonés), “de derechas”, aclaran los pocos lugareños (una decena) que viven durante todo el año en esta minúscula localidad, mancomunada con el pueblo vecino de Ansó, en el extremo occidental de la comarca pirenaica de la Jacetania, fronteriza ya con tierras navarras. Con los ansotanos comparten término municipal y a Ana, la secretaria del ayuntamiento, “que viene los miércoles”.

“Aquí ni a nosotros ni al alcalde nos importa el partido, como en cualquier pueblo pequeño en el que todo el mundo se conoce se vota a la persona, y en este caso a la “única” persona que se presenta para que sigamos teniendo ayuntamiento, principalmente, y por la formación política que más cosas nos da, ni más ni menos”, resume uno de los vecinos, que elude identificarse. Curiosamente, en las pasadas elecciones generales, los 15 votos registrados en Fago estuvieron muy repartidos y se decantaron hacia la izquierda: seis al PSOE, tres al PP, otros tres a Unidas Podemos, dos a ciudadanos y uno a Vox.

Pero si algo ha quedado en Fago —aparte de que solo hay un candidato— después de aquel crimen que atrapó la atención de toda España (“Matan a un concejal del PP en Huesca”, rezaban los titulares 12 días después de que ETA rompiera la tregua y atentara en la T4 del Aeropuerto de Madrid), es un rechazo visceral a los periodistas. “No tengo ningún interés en atender a ningún periodista”, responde cortante Enrique Barcos a la reportera. "¿Lo oyen? Es el silencio" del alcalde que vino después.

Durante casi un mes que duró la investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil el pueblo se convirtió en un plató de televisión del que no podían huir sus habitantes y en el que se amplificaban los chismorreos y se multiplicaban los sospechosos. La viuda de Grima, de 50 años, hizo una lista de 19 personas entre las que, curiosamente, no se encontraba el asesino, Santiago Mainar, un guarda forestal venido de Zaragoza y amigo del alcalde asesinado, “a quien él mismo trajo hasta el pueblo”, recuerdan los lugareños, que repiten los detalles del asesinato como si hubiese sido ayer: "El sitio y la hora a la que fue a comprar el pan tras salir de la reunión de la junta comarcal, las piedras que le cortaron el paso en la carretera, el médico que se cruzó al pasar por el camino con presunto asesino, que le invitó a seguir adelante con su coche..., la mujer de Miguel Grima que no alertó de que su marido no había llegado a dormir a casa hasta el día siguiente y la escopeta nunca apareció...". La idea de que el asesino no actuó solo sigue sobrevolando ese precioso valle lleno de cuevas.

“No sospeché de él hasta que le detuvo la Guardia Civil”, diría Celia Estalrich, viuda de Grima, en el juicio en el que Mainar fue condenado a 21 años de cárcel por ser el asesino —“solo o acompañado de otros”, decía la sentencia— del alcalde del partido popular.

Celia, que ante el juez aseguró que su marido estaba muy deprimido por la persecución de una serie de vecinos, se ha quedado a vivir en el pueblo. Reside en la única casa que hay encima de la iglesia, donde empieza el camino del cementerio en el que, sin embargo, no está enterrado su esposo.

"La gente de aquí no se mata porque, de acuerdo a reglas no escritas, se tendrían que ir después, rechazados, y la casa en estos montes es como la patria, es casa-patria. Por eso, en este caso, víctima y verdugo eran de fuera, de Zaragoza", comenta otro vecino que también prefiere no identificarse. "Aquí nos conocemos todos", recuerda. "Los dos, Mainar y Grima, llegaron como amigos y acabaron enfrentados, Grima gastaba gran parte del presupuesto muncipal en pleitos contra vecinos que, además, perdía; y Mainar, mucho más seductor, era arbitrario aplicando la ley, ególatra, con ínfulas desmedidas y con cierto aire mesiánico, como en el juicio, que en su declaración daba a entender que él se comía él el marrón de otros", cuenta este lugareño.

La viuda de Grima sale sola a dar largos paseos y “tiene algunos amigos aquí”, aseguran sus vecinos. Es propietaria de la única casa rural que se mantiene activa en el pueblo ("llegó a haber cuatro y un bar con terraza regentado por gente de Madrid"). "La casa rural de Mainar la vendieron para pagarle la indemnización a ella, como las tierras y la explotación de vacas que tenía", recuerdan los vecinos. El "crimen de Fago" dejó moribundo a todo el pueblo, que acude a las urnas con la complicidad del silencio.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información