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ELECCIONES VALENCIANAS

El primer debate de las elecciones valencianas ahonda la fractura entre los bloques de izquierda y derecha

Puig apuesta por el PSOE o "una opción progresista"; Oltra, por reeditar el Botànic; Dalmau, por sumar con los socialistas; Cantó, por un pacto a la andaluza, y Bonig se deja querer por Ciudadanos

Rubén Martínez Dalmau, Toni Cantó, Mónica Oltra, Isabel Bonig y Ximo Puig, junto al moderador, el periodista Bernardo Guzman.
Rubén Martínez Dalmau, Toni Cantó, Mónica Oltra, Isabel Bonig y Ximo Puig, junto al moderador, el periodista Bernardo Guzman.

El primer debate de la campaña electoral para las autonómicas valencianas ha dejado claras las preferencias sobre pactos poselectorales. En la Comunidad Valenciana hay dos bloques, partidos por el eje izquierda y derecha. Y tal vez nadie lo ha dicho con más nitidez que el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, pero solo en la última intervención, cuando se pedía el voto directamente a los ciudadanos: "Creo que a los valencianos nos ha ido bien, pero si no quieren votar PSOE que voten por opciones progresista".

En apenas unas horas de campaña, a los valencianos les ha quedado claro que aunque haya seis partidos con grandes posibilidades de entrar en las Corts, el 28 de abril eligen entre dos bloques, partidos por la más antigua de la división política: izquierda y derecha. 

Ese escenario ya se ha ido dibujando durante este primer debate electoral, organizado por Cadena SER Comunidad Valenciana en la Nau de la Universitat de València, especialmente entre las formaciones que ahora ocupan el Govern. Puig ha tratado todo el tiempo de transmitir una imagen institucional, con pocos ataques frontales, más bien contragolpes defensivos por críticas anteriores, y avivando sobre todo el temor a un tripartito de derechas en el que esté Vox. La candidata de Compromís y vicepresidenta, Mónica Oltra, ha sido más contundente y sí que ha salido al ataque. "Partíamos de una situación desastrosa", ha sido su primera frase. "Para nosotros, las fuerzas del cambio no son una opción son la única opción". En tono más exigente, también el candidato de Unides Podem, Rubén Martínez Dalmau, ha sido claro: "Hay que completar el cambio" y ha incidido en pactar con el PSOE a nivel nacional y autonómico. Si no, no se podrá cambiar el modelo de financiación autonómico que penaliza a la Comunidad Valenciana como la peor financiada, según concluyó el Ministerio de Hacienda en 2014. Esta es la única reivindicación común a todos los partidos.   

Al otro lado del espectro político, el más claro ha sido el candidato de Ciudadanos, Toni Cantó, que ha apostado sin tapujos por un "pacto a la andaluza", o lo que es lo mismo, un Gobierno de PP y Ciudadanos con el apoyo externo de Vox. La fuerza más a la derecha del espectro político ha sido la única ausente del debate por carecer en la actualidad de representación institucional.

Menos clara ha sido la candidata del PP, Isabel Bonig: "No vamos a pactar con quienes no respetan nuestro estatuto, ni con quienes están a favor de convocar referéndum ilegales o quitan a los padres la libertad de elegir la lengua [en los colegios]". Pero se ha dejado querer por Ciudadanos en sus coincidencias programáticas y en sus críticas hacia el Govern del Botànic. Mucho más clara ha estado la popular a la hora de desgranar sus propuestas. De los cinco que han intervenido en el debate, moderado por el periodista Bernardo Guzmán, Bonig ha sido la que más ha bajado al detalle de las propuestas, evitando pronunciar la palabra corrupción que, sin embargo, ha caído sobre ella ya en el bloque inicial. Trataba sobre la situación precedente, de dónde venimos, y los ataques al PP han sido generalizados.  

Como su jefe de filas en Madrid, Pablo Casado, ha hablado de "revolución fiscal" y "bajada masiva de impuestos". Casi no ha habido una intervención en la que la popular no se haya referido a una reducción de tributos (IRPF, patrimonio, sucesiones), al igual que Cantó, si bien la líder popular ha concretado que su reforma llegará a 1,9 millones de valencianos. Le ha respondido Oltra, que ha cuantificado en 22.000 personas, de las clases más ricas, a las que afectaría la supresión del impuesto de sucesiones.

La plaza de Oriente

El presidente Puig ha tratado de no cometer errores en el debate. Ha tratado todo el tiempo de desempeñar un papel institucional hasta en el atuendo (era el único que llevaba corbata). Ha dejado la iniciativa a los demás, ha defendido la política social y económica del Govern Botànic y no ha hecho propuestas: el PSPV-PSOE presentará el programa electoral el próximo lunes. Sí ha protagonizado el momento más jocoso cuando ha denominado a la plaza de Colón, donde se manifestaron conjuntamente PP, Ciudadanos y Vox, "plaza de Oriente", donde solían hacerlo los franquistas. Parecía un lapsus ensayado, aunque posteriormente lo ha negado. 

La postura más dura y crítica la ha defendido el líder autonómico de Ciudadanos, Toni Cantó. Con el aplomo escénico de su dilatada trayectoria actoral y claridad expostiva, ha cargado contra la gestión educativa del Botànic y lo ha personalizado en el consejero de Educación, Vicent Marzà, al que quiere "despedir" por el "más radical" de los nacionalistas. Tratando de introducir el conflicto catalán en el debate, ha calificado al partido socialista valenciano como "el PSC catalán". En este campo, la popular Bonig, con un discurso muy preparado y sin cambios ni improvisaciones en las réplicas, ha intentado conjugar los ataques al Gobierno central y el autonómico con la repetición de expresiones como esta "coalición sanchista de izquierdas del Botànic".

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