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El primer debate entre candidatos evidencia la soledad de Fabra

La SER reúne a Fabra, Puig, Oltra, Blanco, Montiel y Punset en la Universitat de València

Oltra, Punset, Fabra, el periodista Bernardo Guzmán, Puig, Montiel y Blanco.
Oltra, Punset, Fabra, el periodista Bernardo Guzmán, Puig, Montiel y Blanco.

La indecisión que reflejan las encuestas en gran parte del electorado y el temor a abrir heridas que dificulten los necesarios pactos postelectorales condicionaron ayer el primer debate entre candidatos a la presidencia de la Generalitat. Reunidos por la cadena SER en La Nau de la Universitat de València, los candidatos Alberto Fabra (PP), Ximo Puig (PSPV), Mònica Oltra (Compromís), Ignacio Blanco (Esquerra Unida), Antonio Montiel (Podemos) y Carolina Punset (Ciudadanos) se concentraron en evitar los errores e intentar colocar sus respectivos mensajes, evitando la confrontación con quienes pueden ser socios tras el 24 de mayo. Una tónica de la que se salió el candidato de Esquerra Unida, Ignacio Blanco, que buscó el cuerpo a cuerpo con Fabra consciente de que los sondeos lo sitúan peligrosamente junto a la barrera electoral del 5%.

El debate evidenció la soledad del presidente de la Generalitat en funciones y candidato del PP, Alberto Fabra, frente al resto de fuerzas políticas que reclaman un cambio y consideran que este no se producirá si los populares no van a la oposición.

Fabra, sorprendentemente, optó por hablar de la gestión realizada en vez de proyectar sus propuestas de futuro. El candidato popular insistió, una y otra vez en que cuando asumió la presidencia de la Generalitat la Comunidad Valenciana estaba en recesión y ahora la economía está creciendo. Y para convencer a sus interlocutores exhibió las cifras de creación de empleo, crecimiento del PIB y reducción del sector público de la Generalitat.

Poco bagaje para el fuego graneado de los candidatos de la oposición que, a excepción de Carolina Punset que se mostró comprensiva con Fabra, le recordaron al candidato popular la metástasis de corrupción que asuela al Partido Popular y los efectos de la política de recortes sobre amplias capas de la sociedad.

El socialista Ximo Puig insistió en que “la única amenaza para los valencianos es que siga el PP”, comparó a Fabra con Francisco Camps y rebatió con cifras las mejoras esgrimidas por el jefe del Consell en funciones (renta per cápita inferior a la media estatal, 10.000 empleados menos en sanidad y educación y deuda de 40.000 millones).

Mònica Oltra, de Compromís, fue la única que no dudó en recalcar que su aspiración es presidir la Generalitat. Oltra reclamó un plan de choque contra la corrupción y la pobreza y aseguró que una de las primeras prioridades será abrir los comedores escolares en verano.

El candidato de Esquerra Unida, Ignacio Blanco, fue contundente a la hora de pedir explicaciones a Fabra por haber tolerado la corrupción. Con el Dipugate —el escándalo puesto al descubierto por EU sobre una trama de cobro de comisiones del PP en la Diputación de Valencia— como estandarte, Blanco insistió sin éxito, una y otra vez, en que Fabra le respondiese si conocía a Marcos Benavent, el exgerente de Imelsa que supuestamente cobraba comisiones, si apartará de sus cargos a Alfonso Rus y si se fía de Rita Barberá.

Antonio Montiel, de Podemos, se esforzó por recalcar que no viene de la política y que representa la voz de la calle que reclama cambios en el sistema para acabar con un “¡Váyase señor Fabra!”. Por su parte, la candidata de Ciudadanos evitó el vuelo rasante y se ciñó a su discurso de que es necesario abrir “una nueva etapa de diálogo, incluido Fabra” para acabar con la mala gestión y poner la Administración al servicio de los ciudadanos.