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ANÁLISIS i

¿Por qué se ha derechizado el voto?

El sondeo de 40dB. ve al electorado escorado a la derecha, pero no por las razones que serían evidentes: en realidad hay muy pocos votantes saltando de un partido de izquierdas a uno de derechas

El presidente nacional del PP, Pablo Casado, este sábado en Los Milagros de Mérida.
El presidente nacional del PP, Pablo Casado, este sábado en Los Milagros de Mérida. EFE

El voto en España se movería a la derecha si mañana hubiese elecciones. Eso indican los datos de la encuesta de 40dB. para EL PAÍS: si en 2016 la suma de PP, Ciudadanos y Vox superó al PSOE y Podemos en 2,5 puntos, ahora lo haría en 7,8 puntos. La brecha entre bloques se habría ensanchado unos 5,3 puntos.

Pero ese movimiento esconde una incógnita: sus causas. Explicar el giro derechista de los votantes no es tan fácil como parece, porque muy pocas personas han saltado entre partidos de un bloque y otro. Hay electores que votaron a la izquierda en 2016 y que ahora votarían a Ciudadanos o Vox, pero no son muchos. De acuerdo con los datos de 40dB., alrededor del 1,7% del censo son personas que cambiarán su voto de izquierda a derecha, mientras que solo un 1,1% hará el viaje contrario. Esto moverá el equilibrio entre bloques apenas unas décimas.

Entonces, ¿qué otros factores pueden explicar la ventaja de la derecha? Hay al menos tres, que repasaré a continuación: puede ser que la derecha esté trayendo gente de la abstención, que los votantes del PSOE y Podemos estén desmovilizados, o que la izquierda esté sufriendo fugas no hacía la derecha, sino hacía otros partidos. En realidad las tres cosas están pasando al mismo tiempo.

Los abstencionistas de 2016 ahora se decantan por la derecha. El 19% dice que votará por PP, Ciudadanos o Vox, mientras que solo el 14% lo hará por Unidas Podemos o el PSOE. Esta diferencia abre la distancia entre la izquierda y la derecha en unas cinco décimas.

Es más importante el segundo factor: la desmovilización. Aunque el voto del PP está fragmentándose, los datos de 40dB. encuentran más indecisos en la izquierda —sobre todo si consideramos el voto blanco como una señal de duda o desmotivación—. Si todas estas personas acabasen repitiendo su voto de 2016, la izquierda reduciría la brecha con la derecha en uno o dos puntos.

Por último, tenemos que contar con el resto de fugas, que afectan sobre todo a Podemos. El 11% de los votantes de la coalición que lidera Pablo Iglesias aseguran que ahora votarían por otro partido, uno diferente de los cinco principales. En ese grupo hay votantes de PACMA (2%) y de partidos nacionalistas en Galicia o Cataluña (2,5%), pero también contiene a los de En Marea (1,4%) y Compromís (5%). Estas pérdidas de votos de Podemos contribuyen a abrir la brecha entre bloques en dos o tres puntos más.

Estos datos pueden interpretarse de dos maneras. Los optimistas en la derecha los leerán como una señal de que los suyos están movilizados. Y tienen razón. Pero los optimistas de la izquierda, y en especial los socialistas, pueden celebrar que están mejor que hace un año: aunque el voto sigue escorado a la derecha, el motivo ya no son las fugas del PSOE hacía Ciudadanos, sino cierta desactivación progresista. No es un escenario perfecto para ellos, pero es menos malo, porque es más fácil reactivar a tus votantes que convencerlos de que vuelvan.

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