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Lasquetty, el hombre que quiere borrar a Rajoy

El nuevo jefe de gabinete de Casado describió al expresidente como "un mal recuerdo"

Lasquetty, el hombre que quiere borrar a Rajoy

“Es un fichaje magnífico. Un liberal, un intelectual de primera, una persona en total sintonía con los principios y valores del PP”, dice Esperanza Aguirre de Javier Fernández-Lasquetty, el nuevo jefe de gabinete del presidente popular, Pablo Casado. Es la más contenta con el nombramiento, que interpreta como un giro más de tuerca en el viraje a la derecha del partido. “Es el PP de verdad. No tiene ninguna ambición personal, solo el deseo de servir a sus ideas. La desideologización es lo que dividió a la derecha. Mariano Rajoy la recibió unida y Casado, partida en tres”, añade, en alusión a Ciudadanos y Vox.

El pasado julio, cuando el PP se disponía a elegir al nuevo líder en primarias, Lasquetty describió a Rajoy como “un mal recuerdo”. Lo hizo en Libertad digital, el medio de Federico Jiménez Losantos, con un artículo titulado “Por qué voy a votar a Pablo Casado”. “Quiero que PP pase página de 15 años de fracaso ideológicamente borroso”, dijo.

Aznar, Aguirre, Lasquetty y Casado comparten la idea de que la fuga de votos del PP obedece no tanto a los escándalos de corrupción como a la tibieza ideológica del partido. Esa es la teoría que ganó el congreso popular el pasado julio, la que se impuso al proyecto continuista de Soraya Sáenz de Santamaría y puso fin a la era Rajoy.

Lasquetty (Madrid, 1966) se afilió al PP en 1982, ingresó en las Nuevas Generaciones del distrito de Salamanca y comenzó su carrera política con Aguirre. Fue ella quien le dio su primera oportunidad al reclutarle en 1995, cuando era primera teniente de alcalde en Madrid. En 1996 cuando José María Aznar la nombró ministra de Educación y Cultura, se lo llevó como jefe de gabinete. Lasquetty, de 30 años, era el director general más joven de La Moncloa. El político la acompañó después al Senado, cuando Aguirre presidió la Cámara alta. “Luego Aznar me lo quitó”, recuerda, entre risas. El entonces presidente del Gobierno lo nombró subdirector de su gabinete y entre 2004 y 2007 fue secretario general de su fundación, FAES. “Lasquetty es la conjunción perfecta entre Aznar y Aguirre”, afirma un veterano cargo del PP madrileño.

Tras su paso por Moncloa, Aguirre volvió a recuperarle para el Gobierno madrileño. En 2007 le nombró consejero de inmigración y en 2010, de Sanidad. Lideró el plan privatizador que alumbró la llamada marea blanca, la protesta de los médicos, hasta que en 2014 presentó su dimisión tras emitir el Tribunal Superior de Justicia de Madrid una resolución que paralizaba el proceso.

En ese periodo, Lasquetty, de fuertes convicciones religiosas, afianzó los vínculos con organizaciones como los Legionarios de Cristo mediante subvenciones para la atención de inmigrantes. En una ocasión, declaró que “lo que menos” le gustaba de su trabajo era “financiar abortos con fondos públicos”. Lasquetty se opone en todos los supuestos, incluido el de graves malformaciones en el feto.

Tras su dimisión en 2014, anunció que dejaba la política para ir a dar clases en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, fundada por el gurú del pensamiento neoliberal Manuel Ayau Cordón. Lasquetty es licenciado en Derecho y Políticas.

Casado le recupera ahora para desempeñar en la sede de Génova las funciones de “coordinación y asesoramiento estratégico”. Tras dedicar los primeros meses a “detener la caída en picado en la que estaba el PP”, apunta una portavoz de la formación, “ha llegado el momento de fortalecer ideológicamente un partido que necesita recuperar la esencia liberal, avanzada y desacomplejada que le dio sus mejores triunfos electorales”. Esa es la tarea a la que el nuevo líder quiere sumar a Lasquetty. El nuevo jefe de gabinete ya ha empezado a elaborar documentos de cara a la convención nacional del próximo 20 de enero, en la que Casado quiere rearmar ideológicamente al partido y sentar las bases del nuevo programa electoral. Fuentes conocedoras de ese proceso apuntan que el texto no se limitará a introducir pequeños cambios, sino que supondrá una “revolución” respecto a los programas anteriores. El nuevo PP quiere borrar al antiguo, pero para regresar al de hace 15 años. 

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