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La vuelta de Aznar al PP divide al partido

El regreso del expresidente parte a la formación entre los partidarios de un giro a la derecha y quienes temen que movilice a la izquierda

FOTO: Casado abraza a Aznar en la comisión sobre la supuesta financiación ilegal del PP el pasado martes en el Congreso. / VÍDEO: Comparecencia de Aznar en la comisión de investigación del Congreso, el pasado martes.

“Tengo la sensación de que mi partido me quiere mucho”, aseguró José María Aznar en la comisión de investigación sobre la presunta financiación ilegal del PP, inaugurada con un abrazo de Pablo Casado al expresidente delante de las cámaras. La nueva cúpula popular se esfuerza por quitar hierro a la rehabilitación del hombre que renunció a ser presidente de honor del partido para que todos oyeran su portazo. En público, insisten en que están “muy orgullosos” de su pasado, incluyendo en la misma frase los nombres de todos los presidentes de la formación. En privado, admiten la trascendencia del cambio en la relación con su antiguo líder y, según se trate de partidarios o detractores de Aznar, es decir, de leales o contrarios a Mariano Rajoy, aventuran consecuencias diferentes.

EL PAÍS preguntó a varios dirigentes del partido sobre la historia de ese abrazo. Así interpretan las dos familias del PP la relación con su militante más problemático: José María Aznar.

El flechazo. En realidad, nunca lo hubo. “Aznar eligió a Rajoy [como sucesor] por descarte —él mismo confesó que su primera opción fue Rodrigo Rato— y se arrepintió enseguida. Nunca digirió bien su salida, pero él se había comprometido a estar ocho años”, afirma un dirigente popular. “Las relaciones no fueron buenas desde el principio”, coincide un ex alto cargo aznarista. “Y él nunca intentó disimular”, admite. Sí hubo flechazo entre Casado y Aznar, con el que el presidente del PP trabajó como jefe de gabinete en 2009 y 2011.

La ruptura. Las dos familias del PP culpan a la otra del divorcio. Para los aznaristas, el motivo de la ruptura fue un tema de fondo, “ideológico”. Para los marianistas, algo mucho más prosaico, la “química”. “La primera legislatura de Rajoy fue descorazonadora: en lugar de bajar los impuestos, los subimos; no derogó la ley de memoria histórica, no defendió los principios y valores de este partido. Por eso nos dejamos tres millones y medio de votos en las urnas. Y luego la gestión de la crisis catalana, la lamentable actuación con Bolinaga [puesto en libertad condicional por un cáncer terminal]”, afirma un exdirigente popular. “¿Ideológico? Siempre fue algo personal entre ellos. Rajoy fue el presidente que aplicó el 155 en Cataluña. Aznar, el primero en pactar con los nacionalistas, el que hablaba catalán en la intimidad y el que dijo aquello del movimiento de liberación vasco”, opina, no obstante, un exdirigente de la era Rajoy.

Las dos almas del PP citan una amplia colección de agravios. “Aznar presentaba un libro y no iba nadie. Y lo de no invitarle al congreso [para elegir al sucesor de Rajoy] fue impresentable”, dicen de un lado. “Se dedicó a promocionar a Albert Rivera por todas las esquinas. Eso sentó fatal”, advierte el otro bando. El adiós parecía definitivo. Nadie en el partido contaba con la reconciliación, pero tampoco nadie esperaba que serían desalojados de La Moncloa por una moción de censura impulsada por alguien que ni siquiera era ya diputado.

La salida de Rajoy provocó el estreno de primarias en el partido. Las dos familias del PP se enfrentaron en una campaña en la que María Dolores de Cospedal subrayó que Aznar estaba detrás de la candidatura de Casado para tratar de restarle apoyos. La secretaria general quedó eliminada en la primera vuelta, y la batalla final se redujo a un duelo en el que la heredera de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, se enfrentó al heredero de Aznar, Casado, que ganó con el 57% de los votos. Fue él quien decidió que el expresidente díscolo y el PP merecían una segunda oportunidad.

La reconciliación.“Es cierto que fue Rajoy quien le hizo vicesecretario, pero Casado era más de Aznar y de Aguirre y tenía detrás al PP de Madrid”, explica un ex alto cargo marianista. El nuevo líder le recibió nada más ser nombrado para hablar de “los desafíos de España”. Ahora la nueva dirección afirma que contará con él en las campañas electorales y en la convención de diciembre de la que saldrá la base del nuevo programa para los comicios.

“Rajoy no va a intervenir mucho. Y Casado debe medir la participación de Aznar porque es un político que moviliza a la izquierda, que está encantada con esta vuelta. Dudo que muchos alcaldes o Juan Manuel Moreno [candidato a la presidencia andaluza] quieran que haga campaña con ellos. Convocas un mitin con Aznar y tienes a gente en la puerta manifestándose”, afirma un marianista. “Su regreso ya supone, en imagen, un escoramiento a la derecha, pero en la convención se verá hasta dónde se materializa en el programa. Para mí sería un error seguir esa línea; las elecciones se ganan en el centro”, añade. “La llegada de Casado es una bendición. Estábamos en caída libre”, opina otro dirigente. “Casado y Aznar defienden los principios del PP. Ellos no decepcionarán a nadie”.