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Vacaciones en el infierno en Gandia

La Generalitat valenciana prorroga la evacuación de 3.000 personas por el incendio de Llutxent

Carmen Pasqual, evacuada en Gandia, se abraza a su nieta este miércoles.

Salvador Palacios, agricultor jubilado, de 74 años, cuyos ojos parecen haber vivido mucho, dice que nunca había visto algo como lo del martes por la noche, cuando llamaron a la puerta de su casa de Gandia para ordenarles evacuar por la cercanía del incendio declarado un día antes en Llutxent (Valencia). "Con el humo que asfixiaba, las llamas que se veían por encima de la montaña, las sirenas, y la Guardia Civil y la policía gritando con megáfonos que nos fuéramos, aquello parecía una guerra".

Mientas este miércoles recuerda lo sucedido, unas niñas entran en el Espai Baladre, un centro cultural de Gandia recién inaugurado donde el Ayuntamiento ha tenido que desmontar a toda prisa tres exposiciones para alojar a un centenar de los 3.000 evacuados por el fuego. Se abrazan al cuello del hombre y al de su mujer, Carmen Pasqual. Salvador explica que es el reencuentro con sus nietas. El martes, con el miedo en el cuerpo, él y su esposa se subieron al coche en la urbanización de L'Ermita de Marxuquera y salieron pitando sin coger ni el móvil. "Las hijas se han asustado y han estado llamando al Ayuntamiento y a la policía preguntando por nosotros hasta que les han dicho que estábamos aquí".

Salvador y Carmen no habían podido ir este miércoles por la mañana a ver cómo ha quedado su casa. Y no podrán hacerlo, al menos, hasta el jueves. La Generalitat ha prorrogado la orden de evacuación porque el incendio seguía rugiendo en las montañas tras haber arrasado más de 3.000 hectáreas pese al trabajo de 800 bomberos y soldados y 27 helicópteros y avionetas. Y, empujado por el viento de levante, el fuego amenazaba con avanzar descontroladamente en dirección oeste, hacia Quatretonda y Xàtiva, y alcanzar dimensiones monstruosas.

A diferencia de Salvador y Carmen, que son de Gandia, la mayor parte de los alojados en el centro cultural, donde la Cruz Roja ha instalado un comedor, camas plegables y una zona de juego para niños, son turistas. Como los 12 miembros de la familia de Gilbert Flores, cocinero de 65 años, que llegaron el sábado de Lyon para pasar dos semanas en Barx. Cuando empezaron a caer "trozos de madera ardiendo" en el patio y en la piscina, abandonaron el chalé que tienen alquilado. "No eran las vacaciones que habíamos imaginado, pero las cosas son como son", afirma resignado.

Una avioneta en el incendio forestal de Llutxent ampliar foto
Una avioneta en el incendio forestal de Llutxent

Y como José Manuel Fernández, obrero de la fábrica de Mercedes Benz en Vitoria, de 46 años, que el lunes, mientras sus hijos dormían, se quedó despierto con su mujer y una pareja de amigos vigilando el descenso de las llamas por la pared rocosa que había frente a la casa en la que estaban instalados en La Drova. "A las nueve y media de la mañana vino la Guardia Civil y nos dijo que teníamos que irnos porque el viento había cambiado de dirección. Los helicópteros paraban en la piscina de al lado para coger agua, y nosotros quitamos de la nuestra los flotadores y las colchonetas por si necesitaban usarla. Teníamos el incendio a 200 o 300 metros".

El grupo de vascos, que ha pasado una noche en un hotel y va a pasar al menos dos en el centro municipal, dejó en el chalé la comida que habían comprado para una semana y la idea de merecido descanso. "Cogimos un par de mudas y los bañadores para que los niños, que son pequeños, no se traumaticen, estén en la playa, se diviertan y no se den cuenta de la situación".

Dos carreteras y numerosos caminos permanecen cortados en la zona, pero la CV610 entre Gandia y Llutxent está abierta. Al acercarse al pueblo donde un rayo inició el incendio, el aire se va volviendo gris y, a la derecha, el humo se alza como una montaña ominosa. El vecino municipio de Pinet fue evacuado completamente el martes por la noche cuando estaba a punto de quedar rodeado por las llamas. En aquellos momentos había una 150 personas. Un hombre mayor, dice Lola Súñer, de 63 años, se negó a marcharse y fue obligado a salir por la Guardia Civil. "Yo he pasado miedo, sobre todo, de que el fuego se lo lleve todo por delante", cuenta la mujer en Llutxent.

Los evacuados en Pinet fueron realojados aquí. "La mayoría se ha quedado en casas particulares. No hizo falta decirlo, porque antes de hacerlo teníamos centenares de voluntarios ofreciendo sus casas. La solidaridad es lo único bueno que estamos sacando de esto", dice el edil con el aspecto demacrado de quien lleva dos días sin dormir.

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