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Microcréditos, venta de joyas y ahorros

El juez investiga las fuentes de financiación utilizadas por la célula yihadista para adquirir el material necesario para atentar

Younes Abouyaaqoub posa con un chaleco supuestamente cargado con explosivos. En vídeo: Así fue el final de los terroristas.

“Esto, hermanos, no cuesta nada. Lo único que te hace falta es la fe. Creer en Alá y tener... tener un odio a estos kuffar [infieles], odio exagerado. Sin esto, no se puede conseguir esto, y esto de presupuesto no ha superado 15 euros. Entre los 15 y los 20”. Youness Abouyaaqoub, autor material del atentado en La Rambla de Barcelona, presumía el 14 de agosto del año pasado en un vídeo del escaso desembolso que había hecho la célula para hacerse con el material necesario para fabricar el explosivo con el que pretendían atentar en España y Francia.

Diversos informes policiales incorporados al sumario confirman que, efectivamente, el coste que permitió a la célula elaborar cientos de kilos del explosivo conocido como madre de Satán —y que estalló accidentalmente la noche del 16 de agosto en el chalé de Alcanar causando la muerte a dos de los yihadistas— fue bajo: entre el 8 de julio y el 7 de agosto, los terroristas gastaron 1.225 euros en adquirir en establecimientos de Sant Feliu de Guíxols, Tortosa, Gurb, y Vinaròs diversos litros de peróxido de hidrógeno y acetona, los dos ingredientes del explosivo casero que elaboraron. Además, los terroristas gastaron en el alquiler de vehículos 1.161 euros. De ellos, 150 para hacerse con la furgoneta del atentado de La Rambla.

Esta cantidad de dinero fue recaudada por los yihadistas mediante distintos sistemas. Los investigadores han detectado que dos de los terroristas —Youssef Aalla y Mohamed Houli— realizaron tres ventas de joyas en dos establecimientos de Vinaròs (Castellón) entre el 12 y el 16 de agosto, con los que consiguieron 2.530 euros. Intentaron una cuarta venta, con la que pretendían recaudar otros 800 euros, pero la empleada de la tienda sospechó de la procedencia de las piezas de oro y la rechazó.

Antes, el 4 de agosto, otros dos integrantes de la célula, Younes Abouyaaqoub y Mohamed Hichamy, habían acudido juntos a la sucursal de Caixabank en la calle Sant Isidre de la localidad de Sant Carles de la Ràpita y habían extraído de sus cuentas corrientes importantes cantidades de dinero aún por concretar. Hichamy también operaba con otra entidad bancaria, la ya extinguida Catalunya Caixa, a través de la cual hizo durante años transferencias a una cuenta en Alemania de entre 500 y 1.000 euros todos los meses. Una operativa que despertó las sospechas de la entidad, que abrió una investigación por blanqueo de capitales de la que, según detalla un informe de los Mossos d’Esquadra, “no resultó nada relevante”.

La última vía de financiación descubierta es la solicitud por parte de los terroristas de microcréditos. El estudio del tráfico de llamadas del teléfono de Hichamy ha revelado que entre el 4 y el 7 de julio de 2017 realizó varias llamadas a la empresa financiera Cofidis con dicho fin. Un informe de los Mossos considera dichas comunicaciones “especialmente importantes” ya que se produjeron mes y medio antes del 20 de agosto de 2017, fecha inicialmente prevista por los terroristas para perpetrar los atentados y que finalmente se adelantó tras estallar accidentalmente el explosivo que iban a utilizar.

Fechas claves

“Todo parece indicar que la voluntad de Hichamy era conseguir dinero a crédito (evidentemente para no ser retornado) con la finalidad de adquirir las sustancias precursoras para la fabricación de los explosivos”, afirma el informe policial que recalca que fue en esas fechas cuando el grupo adquirió las sustancias. La investigación revela que Abouyaaqoub y tres familiares de miembros de la célula pidieron microcréditos en esas fechas.

Las pesquisas también han revelado que Mohamed Houli también solicitó préstamos pequeños —ninguno de más de 300 euros— a otras dos financieras: Moneyman y Dinerorapid. El teléfono móvil de Houli reveló que en abril, mayo y junio del año pasado solicitó estos microcréditos —los dos últimos de tan solo 200 euros— para lo que utilizó la identidad falsa de Nelu Daniel con la que se había hecho de modo irregular. Para los investigadores, este último detalle “bien pudiera responder a esta táctica de imposibilitar o dificultar un posterior rastreo por parte de los cuerpos policiales, amén de engañar y estafar a la empresa de microcrédito”. Fuentes de Moneyman confirmaron a este diario que recibieron una solicitud de crédito por parte de uno de los presuntos integrantes de la célula, pero recalcan que la denegaron al detectar que se había hecho con documentación robada. 

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