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El juez envía a prisión al acosador de la madre de Gabriel

Diego F.A. está acusado de quebrantar la orden de alejamiento

Las Hortichuelas
Dispositivo de búsqueda de Gabriel Cruz en Níjar (Almería). Foto: EFE | Vídeo: Atlas

Un juez ordenó este sábado el ingreso en prisión de Diego F. A por quebrantar la orden de alejamiento que tenía respecto de Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz, el menor desaparecido en Las Hortichuelas (Níjar) el martes. En la tarde del sábado vencía el plazo legal máximo de 72 horas que podía estar detenido sin pasar a disposición judicial. Los familiares del niño afirmaron que el acosador no tiene nada que ver con la desaparición de su hijo, pero es el único detenido hasta el momento.

No era la primera vez que Diego F. A. quebrantaba la orden de alejamiento. Más de una decena de denuncias ha puesto contra él Patricia Ramírez en los dos años que lleva sufriendo su reiterado acoso. Desde que un juez le obligó, en octubre de 2017, a llevar un sistema de control electrónico de pulsera —tras quebrantar la primera orden de alejamiento que se le había impuesto en noviembre de 2016— por la persecución a la que sometía a la mujer, Diego F. A. supero al menos en dos ocasiones la distancia de los 200 metros (primero) y de 500 metros (después), en abril y en junio de 2017. La esperaba dentro del coche en la puerta de su casa durante días, iba a los bares que ella frecuentaba, preguntaba por ella en el trabajo con cualquier excusa, la llamaba y le mandaba mensajes, también a sus amistades.

El hombre, de 42 años, es natural de Antas, una población del levante almeriense, cercana a Vera. Y es —hasta el momento— el único detenido del entorno de la familia desde que desapareció Gabriel Cruz Ramírez, de ocho años. La Guardia Civil, a cargo de la investigación, trata de averiguar ahora si puede estar relacionado o no con el caso, aunque la madre del pequeño se apresuró ayer a desvincularlo de lo sucedido.

Diego F. A. es una persona “con un déficit afectivo de base que le determina una percepción alterada de la realidad”, según consta en las sentencias judiciales. Ese “trastorno mental”, reflejado y considerado en su proceso judicial, ha sido considerado “un atenuante”. Algo que no ha sucedido en esta última ocasión, en la que el mecanismo que lleva adherido al cuerpo volvió a pitar y a alertar a la policía.

La obsesión de Diego F. A. por Patricia Ramírez comenzó en una carrera popular, según señalan fuentes de su entorno. Él es aficionado a correr y ella hacía las veces de speaker, de animadora de la competición y sus participantes. Una vez, cuando Diego cruzó la línea de meta, ella le ensalzó y aclamó y ahí comenzó el calvario de una mujer separada y con un hijo de ocho años, que lleva dos “en un sinvivir”, “atemorizada”, según señalan sus amigos y compañeros de trabajo, que estos días trabajan como voluntarios en las labores de búsqueda del niño.

La zona de búsqueda se ha ampliado y las personas implicadas —entre cuerpos policiales, de bomberos y voluntarios— son más de 500. Todos peinando el Parque Natural del Cabo de Gata, el paraje en el que encuentra la pequeña barriada de Las Hortichuelas, de no más de cien habitantes y perteneciente al municipio de Níjar.

Ramírez “no iba a ningún sitio sola”, “no dejaba jamás a su hijo solo”, pero sus múltiples denuncias contra Diego F. A. se tradujeron en órdenes de alejamiento de más metros cada vez y con la imposibilidad de que él participara en las carreras en las que ella trabajaba como técnica de deportes de la Diputación de Almería.

Cuando Gabriel Cruz Ramírez desapareció el martes estaba en casa de su abuela paterna en Las Hortichuelas, pasando el puente del Día de Andalucía. Hacia las 15.30 se dirigió a casa de sus primos, a unos cien metros. Nunca llegó. En ese pequeño trayecto se perdió su rastro. La búsqueda y la investigación continúan.

“Que dejen al niño en un sitio público”

Patricia Ramírez, la madre del niño desaparecido, se refirió ayer a la detención de Diego F. A.: “[Está en la cárcel] por un asunto de acoso hacia mi persona, en el que llevaba casi dos años, en los que me he sentido muy acosada y con miedo”, dijo. Agregó que ella presentó “todas las denuncias posibles” e insistió en que el quebrantamiento de la orden de alejamiento “ha sido el motivo de su detención”. “Nada que ver con nuestro hijo”, afirmó. “Esa vía queda totalmente descartada”.

Desesperada, la mujer pidió que, “sin rencores”, si alguien está reteniendo a su hijo lo deje “en un sitio público”, “donde él pueda acercarse a llamar a alguien”. “Nosotros sólo queremos estar con él”, dijo.

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