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OPINIÓN

Franco dispara la escopeta nacional

Los detalles del juicio en que ha sido condenado evocan la tragicomedia berlanguiana

Francis Franco, el pasado enero en los juzgados de Teruel. Ampliar foto
Francis Franco, el pasado enero en los juzgados de Teruel.

El juicio al nieto de Franco se ha resuelto con todos los síntomas de una crónica berlanguiana. Y quien dice Berlanga dice Buñuel, pues el atropello a los guardias civiles que ha precipitado el caso se produjo en los aledaños de Calamocha (Teruel) a semejanza de una regresión del antiguo régimen y con todos los pormenores de un argumento tragicómico.

Se antoja un sarcasmo de la historia. El abuelo ejerció 40 años de tiranía en la impunidad. Y el nieto acaba en la cárcel por haber empotrado a la Benemérita. Una degeneración de la estirpe que parece haber removido los cimientos del Valle de los Caídos. Y que deteriora el historial criminal de la familia con unos delitos prosaicos: conducción temeraria y atentado a la autoridad.

Las leyes del karma han sido indulgentes con la estirpe. Francisco Franco murió en la cama y Francisco de Asís Franco expiará en prisión el abatimiento clandestino de corzos y de liebres. Una escena perdida de La escopeta nacional, un desenlace abracadabrante.

Ha sido condenado a 30 meses de prisión Francis Franco. Y se ha probado en el juicio que la agresión motorizada a los agentes -uno de ellos, herido- sucedió porque el nietísimo había sido desenmascarado en una fechoría de cazador furtivo. Trató de escabullirse con las luces apagadas, aunque para hacerlo se llevó por delante un coche de la Guardia Civil.

Fue el jueves cuando se dio a conocer la sentencia, pero es ahora, Espejo Público mediante, cuando han trascendido las grabaciones que permiten reconstruir la operación de captura. Incluido un pasaje en que uno de los agentes identifica la matrícula del vehículo fantasma.

-“Es de un tal Francis Franco”.

Todavía no son conscientes los guardias civiles de haber localizado a la progenie del caudillo, pero luego se percatan de que, en efecto, puede tratarse “del sobrino o del nieto de Franco o de quien coño sea ”, tal como se conceden en otro pasaje de las conversaciones grabadas.

Objetó el cazador furtivo durante el juicio que él no conducía el coche. Y que lo hacía uno de sus empleados rumanos, pero la teoría del chivo expiatorio -el mejor amigo del hombre, como diría Carlos Rodríguez Braun-no ha convencido al tribunal de Teruel donde se ha sustanciado el caso.

Sostenía la juez que Franco II fue identificado por uno de los agentes que le perseguía. No al 100%, pero sí con otros elementos que ubicaban al furtivo en el lugar y en las condiciones propensas, más allá de haberse valorado las contradicciones de la versión de Francis Franco, “dudas y vacilaciones en la exposición de un guión aprendido”, tal como precisa la sentencia.

Sorprende la condena al nieto del generalísmo a los 63 años. Y lo hace después de haber logrado ejercer la cacería furtiva durante décadas, hasta el extremo de que le gustaba prodigarse -cuentan algunos allegados- en los montes del Pardo. Cerca de donde residía el abuelo, pues ya dice un aforismo mafioso que la serpiente es un animal de territorio.