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Detenidos dos policías por robo de armas y la muerte de un compañero

Se trata de dos hermanos, uno jubilado y el otro actualmente profesor de tiro en la Escuela Nacional de Policía de Ávila

Comisaría de la Policía Nacional en la ciudad de Ourense.
Comisaría de la Policía Nacional en la ciudad de Ourense.

La brigada de la Policía Judicial de Ourense ha detenido este viernes a dos agentes, hermanos gemelos, por su supuesta relación con la Operación Zamburiña, que investiga la desaparición de varias armas del búnker de la comisaría ourensana entre 2014 y 2015. Les acusan también de la muerte de otro agente, en 2016 -valorada inicialmente como un suicidio, aunque el arma utilizada tenía huellas que no eran suyas- en las dependencias policiales de la ciudad.

Uno de los hermanos fue detenido en Ourense, en donde vive ahora jubilado y el otro en Ávila, en donde estaba ejerciendo desde 2017 como profesor de tiro en la Escuela Nacional de Policía. Ambos han sido trasladados a los calabozos de la comisaría de la Policía Nacional de Ourense y está previsto que este domingo pasen a disposición del Juzgado de Instrucción 3 de la ciudad que instruye la causa, hasta el momento bajo secreto de sumario, por lo que se desconocen los cargos que se les imputan.

La Operación Zamburiña puso desde su inicio a la comisaría de Ourense bajo la lupa de varios juzgados. Sobre ella pesaban las sospechas de una presunta trama de narcotráfico (fue desmantelado el grupo de estupefacientes por considerar que habían hecho la vista gorda ante actividades ilícitas de varios traficantes a cambio de informaciones contra otros narcos). También de un robo de armas, mensajes anónimos injuriosos y el supuesto suicidio de un agente. El policía fallecido era el responsable de prensa y participación ciudadana, instructor de tiro y entrenador policial de defensa personal y artes marciales, definido por sus compañeros como un hombre “cordial, alegre y servicial”.

La hipótesis del suicidio fue inmediata: su cuerpo apareció un sábado de 2016 en su despacho. Tenía un disparo y unas horas antes había enviado mensajes desde su ordenador y su móvil a mandos y a amigos despidiéndose, pidiendo perdón por el daño causado a otros compañeros y precisando que algún día lo entenderían.

En los mensajes, el agente se hacía responsable del robo de seis armas reglamentarias (cuatro pistolas y dos revólveres) de policías jubilados que se custodiaban en el búnker. Y también se autoinculpaba de los anónimos enviados a Asuntos Internos, en Madrid, en 2014, y a cuatro medios de comunicación meses más tarde, en los que se señalaba a varios agentes y se destapaba con detalle una supuesta trama de corrupción.

Para el supuesto suicidio había utilizado una de las pistolas robadas, una Heckler & Koch USP Compact, un modelo que forma parte de la dotación reglamentaria del Cuerpo Nacional de Policía. Sobre su mesa de trabajo se encontraba otra de las armas desaparecidas, y una tercera estaba dentro del cajón del escritorio.

La titular del Juzgado de Instrucción 3, Eva Armesto, comenzó a recomponer la historia cuando se descubrió que el arma que le causó la muerte al agente tenía alguna huella que no era la suya. Posteriormente se descubrió, además, que el escrito enviado a Asuntos Internos en el que se señalaba que otro inspector había sacado las armas de comisaría lo mandaron los detenidos, según fuentes de la investigación citadas por Europa Press.

Según informaron en su día varios medios locales, la magistrada recibió aquel mismo año desde otra ciudad gallega un anónimo que describía supuestas presiones sufridas en los días previos a su muerte por el policía que se había autoinculpado.

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