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Fallece María Teresa Castells, un símbolo de la lucha por las libertades

Junto a su marido, José Ramón Recalde, e Ignacio Latierro, regentó durante casi 50 años la librería Lagun

María Teresa Castells, en la librería Lagun en una imagen de 2006.
María Teresa Castells, en la librería Lagun en una imagen de 2006.

María Teresa Castells, propietaria de la librería Lagun de San Sebastián junto a su marido, el intelectual y político socialista Ramón Recalde que murió en 2016, ha fallecido este pasado domingo a los 82 años de edad. Castells, considerada un símbolo de lucha por las libertades y contra el franquismo y la barbarie de ETA, fue condecorada en 2007 con la medalla de oro al mérito en el trabajo. Su repentino fallecimiento se produjo ayer, según fuentes del PSE-EE, a causa de un atragantamiento mientras comía en un centro comercial.

María Teresa Castells no podrá celebrar en vida el 50 aniversario de la librería Lagun que fundó en 1968 junto a Recalde e Ignacio Latierro y se erigió en uno de los emblemas de la resistencia antifranquista y contra ETA. En este lugar los Castells-Recalde y Latierro forjaron su compromiso irrenunciable contra la violencia, lo que les costó la persecución por parte de grupos de la extrema derecha en los primeros años y después numerosos ataques de la banda terrorista y su entorno radical.

El acoso de los violentos, que se ensañaban con el establecimiento ubicado en la Parte Vieja donostiarra, obligó a sus propietarios a abandonar este emplazamiento por otro más seguro en 1996. La librería se trasladó al centro de la capital guipuzcoana, donde sigue dirigida por Latierro, después de que la sede original fuese golpeada por grupos de la izquierda abertzale. Cuando no pintaban sus paredes, apedreaban el escaparate o lanzaban cocteles mólotov.

ETA había situado en su diana a la librería y a sus dueños. En septiembre de 2000, Castells acompañaba a su marido cuando los terroristas le tirotearon en la cabeza cuando regresaba a su domicilio del barrio donostiarra de Igeldo. Recalde logró sobrevivir a esta acción terrorista pero el disparo, que le alcanzó en la boca, le condicionó el resto de su vida por completo.

Ante el acoso de ETA, en 2001 la librería Lagun se trasladó a una calle del centro de la capital guipuzcoana, aunque también en la nueva ubicación siguieron algunas pintadas.

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