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Alí, el yihadista de Padilla de Arriba

El extraño viaje de un marroquí desde un pueblo de Burgos de 78 habitantes a la antesala del ISIS

Imagen de archivo de un guardia civil durante una operación antiterrorista.
Imagen de archivo de un guardia civil durante una operación antiterrorista. EFE

Alí Afarkhane, de 27 años, el último procesado por yihadismo por la Audiencia Nacional, protagonizó el año pasado un extraño viaje de ida y vuelta a las filas del Estado Islámico. El joven, natural de Ait Majden (Marruecos), llevaba tres años viviendo en Padilla de Arriba, un minúsculo pueblo a 55 kilómetros al oeste de Burgos, en el límite con Palencia. A los habitantes de esta villa burgalesa —apenas 78 censados— les llamó pronto la atención el espíritu religioso y el aislamiento del joven. Este vivía pegado a su teléfono y a su ordenador portátil, que conectaba a Internet gracias al WiFi de la asociación cultural del pueblo. Afarkhane trabajaba en una explotación cerealista de Amayuelas de Abajo (Palencia), otra aldea —en la comarca de Tierra de Campos— que lucha para evitar la desaparición. El 12 de abril pasado, el joven no acudió a su puesto de trabajo. Sin previo aviso, se había esfumado de la faz de la tierra.

Los agricultores que lo habían contratado, extrañados por tan súbita ausencia, preguntaron por Alí al mejor amigo de este, su compatriota Kamal Thizelte, empleado en la misma explotación agraria. El amigo, visiblemente nervioso, trató de evitar el tema. Sin embargo, la insistencia de los agricultores palentinos le llevó a confesar que Afarkhane se había marchado a Santander.

Kamal había dicho la verdad. Su amigo de la infancia se había ido a la capital cántabra. Pero había ocultado todo lo demás. Afarkhane, cuyo jornal como empleado agrícola apenas le daba para subsistir, había tomado un autobús en Santander para, en un viaje de ocho días y 4.500 kilómetros a través de Rumanía y Bulgaria, llegar a Gaziantep. Esta localidad turca, a 60 kilómetros de la frontera con Siria, es uno de los puntos de paso para las personas procedentes de todo el mundo que tratan de incorporarse como combatientes en las filas del Estado Islámico.

El periplo de Afarkhane en suelo turco fue corto. Su pasaporte dice que entró en aquel país el 20 de abril. Una vez en Gaziantep, el joven sacó de un cajero del banco Sahimbey todo el dinero que le quedaba en la cuenta, indicio, según el juez Eloy Velasco, de su intención de dejarlo todo y entrar en contacto con miembros del ISIS para ejecutar las acciones que le fueran asignadas. Sin embargo, el 1 de mayo terminó su andadura.

Ese día, un atentado con bomba causó dos muertos y 20 heridos en la comisaría de policía de Gaziantep. Afarkhane fue detenido pocas horas después de producirse esta acción terrorista en una redada masiva. Tras comprobarse que no estuvo implicado en ese ataque, el joven fue internado en un centro de extranjeros durante tres días antes de ser devuelto a España.

En la inspección a la que fue sometido en la frontera, aseguró que había estado de turismo en Estambul, a mil kilómetros de Gaziantep. Sin embargo, no pudo seguir ocultando que se había desplazado a la frontera turco-siria, ya que los agentes le encontraron una bolsa de una tienda de alimentación de aquella localidad en la que envolvía un Corán. Los investigadores también le hallaron un pequeño trozo de papel con el número de teléfono de un supuesto “pasador” del ISIS que le ayudaría, una vez en Gaziantep, a entrar en territorio sirio.

En España, el islamista retornado quedó en libertad, pero la policía vigilaba ya sus pasos, así como los de su amigo Kamal Tizhelte, que dejó “la infraestructura vital que tenía establecida desde hace años en Burgos” y que se marchó a vivir con él a Valladolid. En aquella ciudad esperaba renovar el permiso de residencia y trabajo en España, como paso previo a intentar volver a Siria, una idea que no se le iba de la cabeza, según las escuchas policiales. La investigación detectó que Afarkhane se había radicalizado en su actividad en las redes sociales. El joven había instalado en su teléfono y en su ordenador un programa informático que sirve para piratear redes WiFi y que facilita una identidad falsa al dispositivo que se conecta a ellas ilegalmente.

El 26 de septiembre ambos amigos fueron detenidos. Afarkhane espera en prisión la hora de ser juzgado por intento de integración en organización terrorista y delito de autoadoctrinamiento terrorista. Kamal, arrestado en Murcia, fue expulsado de España el pasado 1 de diciembre y no será juzgado por encubrimiento mientras no pise este país en los próximos diez años.

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