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Iglesias y Rivera apuestan por direcciones fuertes

Los líderes de Podemos y Ciudadanos emplearán los congresos para decidir el futuro de las formaciones

Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el Congreso, en una foto de archivo.
Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el Congreso, en una foto de archivo.

Pablo Iglesias y Albert Rivera emplearán los congresos que Podemos y Ciudadanos celebrarán en 2017 para apostar por direcciones fuertes que centralicen las decisiones. Un año después de las elecciones del 20-D —a las que llegaron como abanderados del cambio— Iglesias advierte contra “los partidos dentro del partido” y Rivera propone crear un comité permanente y expulsar a las “corrientes de opinión contrarias a los intereses del partido”. Íñigo Errejón y Carolina Punset, que lideran los principales sectores críticos de las dos formaciones, con peso y proyección distintos, apuntan a EL PAÍS su discrepancia.

Tras un 2015 con cinco elecciones que marcó su expansión nacional y un 2016 encadenado a las negociaciones para formar Gobierno, los estrategas de los dos partidos quieren emplear 2017 para reestructurar sus respectivas formaciones y adaptarlas a su nueva dimensión. Sin embargo, las decisiones de Iglesias y Rivera han abierto dos debates muy distintos en Podemos y Ciudadanos, que hace un año irrumpieron en la política nacional abanderando el cambio, las primarias y una jerarquización más horizontal que la de las formaciones tradicionales del bipartidismo.

En el partido de izquierdas el pulso es por la estrategia del proyecto y el poder, Iglesias contra Errejón, lo que se traduce en discrepancias que afectan a todos los detalles de la estructura interna, incluido el modelo de votación que decidirá los resultados del congreso de 2017. “Mi mayor lealtad hacia el proyecto es poner mis ideas encima de la mesa”, afirma Errejón, que considera que sería un error “construir unidad a partir de la uniformidad”.

Iglesias, por su parte, asegura que quiere una dirección plural, con un reparto equitativo del poder, pero tiene previsto tejer una alianza con el sector anticapitalista, históricamente crítico, para así aislar a su número dos.

El secretario general no prescindirá de Errejón, pero es muy probable que si el pulso entre ambos llega hasta el congreso de febrero le destituya de su cargo de secretario político, lo que tendría consecuencias directas para su grupo de cargos de confianza. Iglesias advirtió a la dirección de que después de ese cónclave exigirá que no haya “corrientes, bloques o partidos dentro del partido”. Un mensaje nítido sobre su deseo de unificar criterios y concentrar la capacidad de decisión en Podemos.

Menos primarias

En Ciudadanos lo que se debate es la respuesta a tres preguntas. ¿Cuál es la mejor forma de adaptar la estructura de un partido catalán a su nueva dimensión nacional? ¿Cómo evitar las disfunciones, roces y tensiones que ha creado su vertiginosa expansión, basada en absorber candidatos recién llegados a la política y cuadros procedentes de otros partidos, cada uno con sus opiniones e intereses? ¿Y cómo lograr gobernar tras el ciclo electoral de 2019?

La ponencia que aprobó el sábado el consejo general del partido propone crear un comité permanente para decisiones urgentes —capitaneado por Rivera—; restringir las primarias —los afiliados pasarían de votar a los cinco primeros de cada lista a hacerlo solo con el número uno, salvo que un futuro reglamento corrija esa decisión—; formar una comisión de régimen disciplinario; y castigar con la expulsión “la creación o participación en corrientes de opinión que sean contrarias a los intereses del partido”.

“Es un dato objetivo que se reducen las primarias; y que no habrá primarias para ningún cargo orgánico, con lo cual la dedocracia y el dominio del aparato será absoluto”, lamenta la eurodiputada Punset. “La voz del discrepante y del afiliado, aplastada”, sigue. “Lo que más grave me parece es el trasfondo ideológico que se ha materializado en el cambio de estatutos, que culmina el asesinato del proyecto de los fundadores”, remata sobre el nuevo ideario de Ciudadanos, que borra la referencia al socialismo democrático y añade la etiqueta de liberal.

Frente a las quejas de Punset, que comparte el grupo de afiliados críticos de TranC’sparencia —“Es un auténtico golpe de Estado”—, la dirección del partido argumenta que se ha inspirado en el PP o el PSOE para su comité permanente y que los afiliados tendrán la última palabra.

“Lo vamos a votar tres veces, en el consejo, las agrupaciones y la asamblea”, recordó ayer Rivera tras reunir a su dirección. “No hablamos de opinar distinto de la ejecutiva, estamos hablando de ir en contra de los intereses del partido”, añadió, argumentando que Ciudadanos lucha contra grupos de afiliados que provienen de otras formaciones e intentan influir en sus primarias. “La prueba es que estamos hablando de críticas y no pasa nada”. Y subrayó: “Aquí no es que existan una o dos corrientes de opinión, es que existen 30.000 porque somos 30.000 militantes con primarias”.  

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