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Al ‘techo de África’ en silla de ruedas

Gema Hassen-Bey, medallista paralímpica en esgrima, quiere ser la primera mujer parapléjica a subir el Kilimanjaro

Gema Hassen-Bey durante su preparación para uno de sus retos, en 2014. Ampliar foto
Gema Hassen-Bey durante su preparación para uno de sus retos, en 2014.

Hace dos años la medallista paralímpica en esgrima Gema Hassen-Bey cambió su rutina. Dejó la espada por una handbike —una bici adaptada a su paraplejia— y entrena para realizar una hazaña que ella define como el mayor desafío de su vida: convertirse en la primera mujer a subir el Kilimanjaro (a 5.895 metros de altura), en Tanzania, en una silla de ruedas. Lo quiere hacer no como un reto personal, sino para reivindicar que la naturaleza sea accesible para todos. Su propósito es conseguir que se desarrolle la tecnología necesaria para mejorar las bicicletas y acercar la montaña a personas con problemas de movilidad. Este sábado ha montado su primer campamento base en el Parque Natural de Monfragüe, en Cáceres, como parte de su preparación para el desafío, que cuenta con el apoyo de la Obra Social la Caixa.

Antes de enfrentarse a la subida al “techo de África”, como es conocido el monte Kilimanjaro, Hassen-Bey se prepara superando algunas de las cimas españolas: en junio de 2015, subió al Monte Abantos (1.753 metros), en la sierra de Guadarrama, y en octubre del mismo año, coronó la Bola del Mundo de Madrid (2.275 metros). La próxima etapa antes del gran reto será la subida al Teide (islas Canarias), la montaña más alta de España, con 3.718 metros. Este sábado, Hassen-Bey da un paso más en dirección a su meta: ha montado por primera vez un campamento base con su equipo y 200 voluntarios, en el Parque Nacional del Monfragüe, y pasará la noche en el monte.

La atleta ha aprovechado para probar la ropa térmica que ha desarrollado con una start-up para personas con dificultades de movilidad. “Está hecha con una tela inteligente, que regula la temperatura del cuerpo. Como no movemos las piernas, es importante guardar bien el calor para evitar la hipotermia”, explica Hassen-Bey. Ella también ha desarrollado el prototipo de una handbike de montaña, con la que pretende subir al Kilimanjaro. La Hassenbike, (bautizada así por Emilio de Villota, expiloto de Fórmula 1) fue presentada en los Juegos Olímpicos de Río. “Es una bici que nos permite ir con nuestro propio impulso”, cuenta la deportista.

Hassen-Bey utiliza actualmente una handbike que exige mucha fuerza y que no tiene freno. “Cuando pillas una pendiente de hasta 20% de desnivel, solo tiras de tu propio peso y es difícil. Cualquier piedrecita que sea se convierte en un obstáculo del tamaño de un mundo”, afirma la deportista. Otro problema es que esa bici está diseñada para un hombre. “Es complicada la postura y la bici tiene una pieza a la altura del pecho que nos hace daño a las mujeres”, dice.

De la esgrima a la montaña

La atleta, que participó en cinco Juegos Paralímpicos consecutivos —Atlanta, Barcelona, Sidney, Atenas y Pekín—, en los que obtuvo cuatro medallas y 12 títulos olímpicos, ha tenido que acostumbrarse a una nueva rutina de entrenamiento: cada semana practica musculación, bicicleta y natación y se prepara para la falta de oxígeno en una cámara de simulación de altitud. La experiencia en el deporte le ayuda a gestionar el esfuerzo físico y emocional. “El deporte es una actitud ante la vida. He aprendido que lo más importante es la resiliencia”, cuenta.

La esgrima también le ha enseñado que las medallas no son lo más importante. “Algunas veces que perdí, gané más”, afirma Hassen-Bey. Por eso, aunque está empeñada en conquistar la cumbre más alta de África, ella sabe que lo más importante es el camino hacia el reto. “Para llegar a la cima, sales de un valle. Y luego, para bajar, vuelves al valle otra vez. Es como la vida misma”, concluye.

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