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Las mujeres se entrenan contra la violencia machista

Los cursos de defensa personal para mujeres viven un auge protagonizado por madres e hijas

Clases de defensa personal en el Palacio de Hielo de Madrid.Vídeo: Santi Burgos
Antonia Laborde

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Juan Romero tiene agarrada por el cogote a Belva, de 11 años. Ella, con tres simples técnicas, lo arroja al suelo. Movimiento de cabeza, brazo y golpe en los genitales. Él es su profesor de defensa personal de Combat Hapkido en Madrid y ella, una de las tantas alumnas que se ha apuntado con su madre a esta disciplina en los últimos años. Las clases no tienen que ver con la fuerza, sino con repetir tantas veces una técnica fácil, con la que si alguna vez necesitan defenderse, las alumnas respondan con la agilidad con que una mano se aparta del fuego.

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La violencia machista golpea la dignidad de las mujeres y estas responden. Las 32 víctimas mortales en lo que va del año y las agresiones difundidas por los medios, han movilizado a las mujeres hacia las academias de defensa personal. Porque no es lo mismo ser agredida en un coche, en una montaña o en la intimidad de la casa, las aludidas se están instruyendo sobre cómo protegerse.

Responsables de varios centros afirman que el aumento de la demanda (en algunos casos hasta en un 85% en los últimos cinco años) está liderado por madres que llevan a sus hijas o hermanas mayores que invitan a las menores. Rosa de las Nieves, de 52 años, es la madre de Belba. La llevó a regañadientes la primera clase a comienzos de año y a la media hora la pequeña le dijo ‘me apunto’. Ahora, cuando sus compañeros se meten con ella sabe cómo responder: “Primero mantengo la calma y paso, si me quieren pegar, me defiendo”. Las amigas de Belba le han pedido que les enseñe lo aprendido en clase.

De las Nieves, como muchas madres, considera que en el panorama actual, es importantísimo que una niña aprenda a defenderse sola. Desde que ingresaron al curso en el gimnasio del Palacio del Hielo, percibe a Belba más segura de sí misma: “La veo como de ‘si me vienen a dar puedo saber cómo quitármelo de encima o lo más importante, cómo impedir que me den’”. Romero, que además de profesor es director nacional de la International Combat Hapkido Federation en España,da clases desde hace 18 años. Hace cinco, tenía cursos con tres o cuatro mujeres; hoy, superan la treintena y en muchas clases de las academias que tiene por toda España, le ganan en número a los hombres. Defiende que las clases seas mixtas, porque “si atacan a una mujer, seguramente sea un hombre el que lo haga”.En las 15 academias que tiene la empresa Cdo Covaresa por España también ha aumentado el número de alumnas: “Con todos los problemas de violencia, cada vez vienen más mujeres y de distintas edades”, afirma Esaú Sánchez, instructor de defensa personal femenina desde hace ocho años. En Valladolid inauguraron una clase de defensa personal junior para niñas de entre 10 y 16 años. Las 40 plazas están cubiertas todos los sábados por la mañana. En Cdo Covaresa trabajan con los objetos que suelen llevar las mujeres. Les enseñan a utilizar el bolso como un arma, que en vez de que se aferren a él para que no se lo roben. Lo mismo con el pañuelo o un lápiz. Sánchez remarca la delicadeza con que hay que trabajar. “Vienen chicas que han sufrido violencia machista y hay que tener mucho cuidado con no hacer gestos bruscos, porque se asustan”.Aida García, de 25 años, ha sufrido agresiones y por eso asiste a las clases de Combat Hapkido. Animó a su hermana menor, Nerea, de 14, a que la acompañara. “A mí me tranquiliza saber que está aprendiendo lo mismo que yo y que, cuando no estoy, se va a saber defender. Es como protegerla en la distancia”. Esmeralda Romero también asiste con su gemela Fanny a clases. Ahora está de baja, pero desde los 19 años entrenan juntas. Tienen 24 y agradecen a su padre el haberles inculcado la importancia de saber defenderse. Esmeralda se indigna cuando ve las noticias sobre violencia machista. Muchas veces piensa que ella, en su caso, se habría salvado. “Ojalá todas las mujeres aprendan a protegerse. No podemos controlar la violencia, pero podemos saber qué hacer en esa situación”.

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Sobre la firma

Antonia Laborde
Periodista en Chile desde 2022, antes estuvo cuatro años como corresponsal en la oficina de Washington. Ha trabajado en Telemundo (España), en el periódico económico Pulso (Chile) y en el medio online El Definido (Chile). Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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