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El SOC muere a los 40 años

Los fundadores del sindicato de Cañamero advierten de que su escaño con Podemos y sus contradicciones certifican el final de la organización jornalera, independiente y no violenta

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Pablo Iglesias observa cómo Diego Cañamero acude a votar. EFE

El 1 de agosto de 1976 nació el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) en Andalucía. Cuarenta años después, un representante de esta organización, hoy denominada Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), se sienta en el Congreso. Los fundadores de este movimiento jornalero, lejos de considerarlo un logro, creen que el escaño de Diego Cañamero por Podemos certifica la defunción de un proyecto que fue clave en la transición y en la autonomía de Andalucía.

¿Puede un insumiso judicial ser miembro de la Cámara que elabora las leyes? ¿Es posible que un representante de una organización que fijó la no violencia en sus estatutos fundacionales defienda la libertad de un condenado por agresión o asaltar supermercados como reinvindicación? ¿Debe sentarse un sindicalista en un escaño? Estas son algunas de las preguntas que se hacen los fundadores de la organización de la que surgió el diputado de Podemos Diego Cañamero.

Francisco Casero, el sacerdote Diamantino García, fallecido en 1995, y Gonzalo Sánchez, crearon el SOC con líneas muy claras: independencia de cualquier organización política, nacionalismo andaluz y no violencia. El objetivo sustancial era la defensa de los jornaleros, aquellos que sobrevivían en una depauperada sociedad rural del trabajo de sus manos en las tierras de otros.

“Nacimos con el apoyo del Partido del Trabajo, pero siempre independientes y plurales. Eso nos lo creímos”, recuerda Casero. “Si una organización sindical se une a un partido, ¿dónde está la independencia?”, se pregunta. La defensa a ultranza de esta autonomía le costó al histórico dirigente el alejamiento del partido que los ayudó a nacer y de todas las demás formaciones políticas que intentaron durante años aprovechar el movimiento jornalero.

El exdirigente sindical y hoy presidente de la fundación Savia, una organización en defensa del mundo rural, cree que es legítimo aspirar al Congreso, pero desvinculado de la organización de los trabajadores. “Se genera confusión. No se puede usar el sindicato en cuestiones de partido”, argumenta.

Un sindicato clave en la transición

Cuatro décadas después, Casero se siente orgulloso de una organización que luchó por la dignidad de los jornaleros e influyó en procesos tan claves para Andalucía como la protección social de los trabajadores del campo y del mundo rural, el plan forestal (aún vigente) o la propia construcción de la autonomía. “La razón de ser sigue existiendo, pero no la veo en los programas”, lamenta.

Somos la vanguardia del pasado

“El sindicato fue muy útil. Recuerdo que le repliqué a Joaquín Almunia cuando cuestionó nuestra oposición a la mecanización indiscriminada: ‘Quiero el progreso, pero que éste no se olvide de mí”, recuerda Gonzálo Sánchez, otro de los fundadores quien resume con acertada nostalgia la situación de la organización en la actualidad: “Somos la vanguardia del pasado”.

Este exdirigente también recela de la presencia de un sindicalista en las filas de Podemos y en el Congreso. “Tendrá que participar en la aprobación de leyes que entrarán en contradicción con los trabajadores a los que representa”, advierte. También cuestiona que se pueda ser “insumiso judicial” y sentarse en la Cámara que elabora las normas. “Es una contradicción”, afirma.

Cañamero ha estrenado su escaño defendiendo que será "insumiso" contra las leyes que considera injustas. "No es un capricho personal, fue una decisión del sindicato el que yo y otros miembros de la dirección nos declaráramos insumisos judiciales en protesta por la represión que venimos sufriendo desde hace años este sindicato, que es el más represaliado de toda Europa", argumenta.

Defensa de una agresión

A la insumisión judicial se suma la defensa de su antecesor como candidato por Jaén y también dirigente del SAT, Andrés Bódalo, encarcelado por agresión a un edil socialista. “Esa actuación y los asaltos a supermercados alejaron a muchos simpatizantes moderados del movimiento”, afirma un representante del sector crítico que prefiere mantenerse en el anonimato para evitar las reacciones de sus compañeros.

Y a la lista de incongruencias hay que añadir que mientras el líder nacional de Podemos, Pablo Iglesias, se reunía con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, los miembros del SAT protagonizaban actos contra la presencia de este en España. El propio Cañamero, exalcalde de El Coronil, limítrofe con la base de Morón de la Frontera (Sevilla) y donde trabajan muchos de sus vecinos, ha criticado de forma constante el mantenimiento de las instalaciones militares.

Antonio Sánchez, otro de los históricos representantes del SOC, recuerda ahora las interminables reuniones en casa de Diamantino García en Los Corrales, en Aguadulce y en cualquier sitio donde pudieran eludir la persecución franquista para preparar el congreso fundacional. Recuerda que desde el comienzo quedó claro que eran un sindicato jornalero, independiente, unitario y nacionalista. “Es difícil defender eso como miembro de un partido que es una organización estatal”, advierte.

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