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Unidos Podemos deja atrás al PSOE y se afianza en segunda posición

El Partido Popular se mantiene como fuerza más votada favorecido por la abstención

El 26-J será una lucha entre extremos y el PSOE, situado en el medio, saldrá muy dañado si no consigue activar a un electorado indeciso que no encuentra hoy razones para ir a las urnas. La coalición Unidos Podemos coincide con el PP en su estrategia de polarizar la precampaña e ignorar a los socialistas. Eso, y una participación que puede ser hasta cinco puntos más baja que en diciembre, hace que los populares se consoliden en primera posición, que Unidos Podemos se aleje por arriba del PSOE y que la candidatura de Pedro Sánchez se desdibuje, según el sondeo de Metroscopia elaborado para EL PAÍS.

Encuestas para las elecciones de junio de 2016 en España pulsa en la foto
Metroscopia 

Mariano Rajoy ha aplicado a rajatabla durante todos estos meses de bloqueo político e institucional la máxima de “el que resiste, gana”. El PP mantiene su primera posición, según el sondeo de Metroscopia, y apenas pierde dos décimas testimoniales del resultado que obtuvo el 20-D. De celebrarse hoy elecciones, obtendría un 28,5% de los votos. A un punto y medio del 30% que permitiría respirar tranquilos a los estrategas del PP, pero con unos votantes que mantienen una fidelidad muy alta (un 78% por ciento asegura que piensa volver a respaldar a los populares) y que se mantienen muy movilizados.

Y lo mismo ocurre con el electorado de Unidos Podemos. A pesar de la imagen de obstruccionismo proyectada durante el tiempo de las negociaciones para formar Gobierno, los electores de Iglesias y de Garzón siguen mostrándoles su apoyo en un alto grado (la fidelidad en su caso es del 79%). Con un respaldo del 25,6% (5,4 puntos porcentuales por delante del PSOE), el sorpasso comienza a ser más una realidad que una amenaza.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos, durante un mitin. ATLAS

Estrategia de polarización

Ambas formaciones, PP y Unidos Podemos, han constatado que la memoria es frágil y que, tras la decepción y el hartazgo instalados en la opinión pública tras casi medio año de bloqueo, nada mejor que tensar la cuerda y polarizar la batalla electoral para poner en pie a los suyos. Hasta lo reconocen de un modo más o menos abierto. Si la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, no tiene problemas en admitir que es bueno explicar los riegos que supondría la llegada al poder de Iglesias, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, duda ya en voz alta que su verdadero Rival sea Pedro Sánchez, el líder de Podemos proclama a su formación como la verdadera alternativa de Gobierno (lo hacía ayer mismo, en una tribuna publicada por este diario) y emplaza a la “vieja socialdemocracia” a decidir a quién apoyará después del 26-J.

El PSOE se enfrenta a la situación más delicada en décadas de democracia. La posibilidad de perder la hegemonía de la izquierda es cada vez más real, y le toca la difícil tarea de combatir a dos poderosos rivales. Su principal virtud, ocupar el espacio de centro izquierda (aquél en el que siempre se ha situado la mayoría del electorado español) es ahora su principal debilidad en un escenario de blancos y negros. El sondeo de Metroscopia otorga a los socialistas un respaldo del 20,2%, casi dos puntos menos que su resultado de diciembre, y les coloca en una tercera posición: determinantes, si se confirma este resultado, para la formación de Gobierno, pero sin la autoridad para ser ellos quienes tomen la iniciativa.

La imagen de Iglesias

Cuentan con una baza a su favor. Pablo Iglesias sigue siendo, con un saldo evaluativo de 40 puntos negativos (la diferencia entre quienes aprueban y quienes desaprueban su gestión), el líder peor valorado junto a Rajoy (-43). El candidato de Unidos Podemos, creen los socialistas, ha sufrido un gran desgaste de imagen durante estos meses, y el modo de explotar esa debilidad pasa por confrontar la "imagen presidencialista" de Sánchez frente a la de Iglesias. Está por ver que les funcione la estrategia, porque el candidato del PSOE no sale mucho mejor parado en la valoración que le otorga Metroscopia (-38).

Solo Albert Rivera sale beneficiado de su voluntad negociadora, y de que su imagen todavía sea buena entre gran parte del electorado. De hecho, aún puede rebañar algo más de la base electoral del PP y del PSOE. Un 8% respectivamente de esos electores no tendrían inconveniente en darle su apoyo el 26-J. El sondeo le da un apoyo del 16,6%, casi tres puntos más que en diciembre. Ciudadanos, sin embargo, es la formación más consciente de que a veces las encuestas tienen algo de espejismo. Sus potenciales votantes son los más dudosos. Solo un 60% de los que le respaldaron en diciembre están completamente convencidos de que volverán a hacerlo (un 15% menos que los del PP o los de Unidos Podemos).

Solo una certeza se desprende del sondeo de Metroscopia: el partido se juega a cuatro. El 90% de los electores concentran sus apoyos, de un modo muy equilibrado, en el Partido Popular, Unidos Podemos, el PSOE y Ciudadanos. Y una mayoría tiene claro que, a partir del 26-J, el que quiera gobernar deberá hacerlo con el apoyo de otros. Más allá de cuál sea la coalición preferida por los españoles (la del PSOE y Unidos Podemos supera por unos puntos a la del PP y Ciudadanos), 7 de cada 10 creen que sumar fuerzas es positivo.

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